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Opinión
Etiquetas:   Disyuntivas  

Gritos totalitarios

A cualquiera que le pregunten, tendrá pocos reparos en la respuesta; al totalitarismo lo consideramos como una de las peores lacras
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 19 de julio de 2013, 07:24 h (CET)
Queda patente la CRÍTICA enhiesta e intransigente ante semejantes desventuras sociales. Pero, ¡Oh, paradoja!, los procedimientos abusivos de esa orientación muestran su calaña en variadas facetas de la convivencia, surgen donden menos pudiéramos pensar. Los disimulos tramposos de sus practicantes facilitan el que pasen desapercibidos. Aunque tampoco faltan las excesivas tolerancias, como una suerte necia de mirar hacia otro lado; sea por negligencia, por estupidez o quizá persiguiendo la obtención de algún interés colateral.

Una de las figuras usadas como pretexto o como disfraz para la puesta en práctica de imposiciones enérgicas, con objeto de que esta pasen desapercibidas, tiene que ver con los modismos empleados en la denominación de actitudes o hechos concretos. El EUFEMISMO entró con todas sus mañas en los diversos campos de la maniobra social. Lo que eran frases para disimular la vejez con eso de la tercera edad u otras fórmulas que pretendían ser corteses, buscaban la blandura de las expresiones. Después sobrevinieron los avances en esa línea, de peores intenciones y consecuencias.

Comenzaron a minimizar la importancia de ciertas actuaciones, limitándose a calificarlas sólo de tendencias, características del mercado, estudios serios (Establecidos con un fondo frívolo, riéndose de la gente), decisiones de la comunidad (Constituída por los pocos que participaron en el plan); cuando en realidad establecían burdos ENGAÑOS y a gran escala. Con el achuchón final de la imposición de dichos razonamientos  turbios a la generalidad de los ciudadanos.

De información franca, participación, deliberaciones accesibles o adaptación hacia los de abajo, nada de nada. En vez de una gran teoría, bien elaborada, con una aplicación concienzuda pensando en el bien común, aterrizó en lo cotidiano el siroco de la MEDIOCRIDAD conceptual, dominante e independiente, de cara a las diversas prácticas. Sin visos de cambios favorables, ese progreso intratable acentúa sus puyazos.

Poco será necesario insistir sobre el abuso coercitivo de la BANCA, dado que abarca con carácter plenipotenciario casi la totalidad  de las esferas. Ha superado con creces la tarea organizativa en la administración de los capitales. El comedimiento desapareció hace tiempo de sus andanzas; con el beneplácito general de las sucesivas legislaciones acomodaticias. Los beneficios con una ristra de ceros inabarcable, sufrieron un deslizamiento ladino, escaparon de los propietarios y siempre fueron acaparados por los prebostes. No contentos, invaden otras áreas de dominio con un estilo mafioso; las viviendas, empresas, proyectos y las mismas gestiones políticas, asumen con una naturalidad impropia esa desviación y su predominio en las decisiones a tomar. El monstruo dejó de ser servidor de la sociedad. Si lo fue alguna vez, constará en los anales de la historia antigua.

Habrán escuchado eso de que la vida de los libros encuadernados toca a su fin; la técnica transmitirá de otra manera los textos. Ni tan mal, cuando detectamos la progresiva incapacidad del ciudadano medio para la interpretación de las expresiones y razonamientos de mediana complejidad contenidos en los textos. Hemos pasado a la experimentación indirecta de la CULTURA, a través de los dictados u opiniones ajenas. Es el secundarismo mentado por Steiner, seguimos directrices venidas de fuera. En directo, pocas veces interpretamos un texto de Calderón o un cuadro moderno. Con estos mimbres, no extrañarán las imposiciones interesadas…en otras cosas; turismo, manejos dinerarios, titulitis, sectarismos políticos; como los detentadores actuales del sentido cultural. Las vivencias originarias son relegadas con poco respeto.

Este fenómeno en el que están invertidos los papeles, deja de ser una rareza; adquiere un papel preponderante, basado en la renuncia, ya son muchas renuncias, de los particulares, que ceden el protagonismo a unos pocos, ¿Elegidos? ¿Encontrados? ¿Tropezamos con ellos? Estos, una vez situados, toman el mando de los procedimientos y ya no permiten salidas de tono espontáneas por parte de cada sujeto. Es una movida habitual, con la DELEGACIÓN injustificada de sensibilidades, decisiones e incluso experiencias, que sólo tendrían significado vividas de cerca, sin intermediarios.

Si bien admitimos un cierto grado de conveniencia en la delegación en otras personas, es imposible abarcarlo todo; los EXCESOS tan frecuentes devienen en un totalitarismo castrante para el conjunto de los sufridores. La política y la educación son dos de los campos propicios en los cuales son más nefastos. Con abrir los ojos, lo vemos enseguida. Los que recibieron el encargo por delegación, cargos políticos y educadores, detentan los criterios y el poder. Poco a poco desdeñan la consulta con el resto del público; después, no admiten sugerencias ni aprendizajes fuera de las reglas. Una vez agarrados a las respectivas poltronas, son los oráculos y los manipuladores de las diversas cuestiones, que perdieron la mayor parte de su pluralismo.

El pasado y el recuerdo no son lo mismo. El primero es inasible en su completud y en cuanto al recuerdo, queda muy maleable en la mente de cada quien. Son interminables las CIRCUNSTANCIAS confluyentes en ambos. En todo caso, los acercamientos personales representan siempre una novedad, en cada uno aportan nuevos matices. Decía Butler, no hay pasado ni recuerdo, sino solamente olvido y novedad. La memoria es una selección sometida a la elección individual o sometida a las imposiciones colectivas.

En este sentido, con las novedades incesantes de cada sujeto activo; surgen sorprendentes intentos totalitarios en forma de MEMORIAS colectivas, homogéneas e intolerantes. Crean un magma uniforme para personajes fosilizados, no les importan las divergencias interiores. Por absurdo que parezca, esos agrupamientos pretenden la condensación del pasado y de los recuerdos. Como todos no caben ni son compatibles con sus juegos, por eso crearon un supuesto denominador común a su servicio. ¿Recuerdan alguno relativamente próximo?

En su inicio, es natural que los diversos giros de las actuaciones individuales o colectivas, disputen con sus variados enfoques de la vida. Aunque, por esa misma naturalidad, todas y cada una de las personas viven instaladas en esa diversidad. Es la TENDENCIA DOMINADORA la que ejerce de contaminante, la que anula los matices. Y como las tendencias aún no piensan por sí mismas, suele haber mandarines en la recámara, para elaborar el plan de operaciones y los estatutos uniformistas que fueran menester. Dilapidan su carácter general al servicio de dichos mangoneadores.

Es decir, el dominio uniformista campea a sus anchas, tolerado y no muy discutido.
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