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Etiquetas:   Presos de la libertad   -   Sección:   Opinión

Los por qués de la piratería

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
martes, 15 de agosto de 2006, 23:47 h (CET)
Ya son demasiados achaques en poco tiempo. Los Rolling Stone anularon ayer el concierto a pocas horas de celebrarse. La afonía de Mick Jagger –probablemente debida a algo más que su edad- le llevo a cancelar en Valladolid su tercer concierto en España tras Barcelona y Madrid.

En los alrededores del estadio José Zorrilla se mascaba la tragedia; gente de diferentes ciudades –e incluso países- llegaron a la ciudad expresamente para asistir al evento. La indignación era evidente, aunque la organización ha asegurado que podrán recuperar su dinero –qué menos-, nadie va a pagarles los gastos de desplazamiento y estancia en una ciudad que no hubieran visitado de no ser por la mítica banda.

Me pongo en el lugar de todos los fans de los Rolling y entiendo su enfado, tanto o más que la repentina enfermedad de Jagger y los motivos que se le han ocasionado. Pero a él, que podría bañarse en piscinas llenas de billetes, no le va a costar nada la cancelación ya que un seguro cubre todas las pérdidas. A él que, sin descartar la opción de que su afonía sea producto de la mala suerte, probablemente sea el responsable de no saber –o no querer- cuidar su voz antes de un concierto. Sin embargo, a los fans que han viajado nadie les va a pagar más que las entradas, no hay un seguro que se haga cargo de sus pérdidas, ni que cubra la tristeza por ver a sus ídolos tras haber pasado horas de espera en la puerta del estadio para conseguir el mejor sitio. Algunos incluso han perdido parte de sus vacaciones pero sin duda todos han perdido el tiempo. Como aseguraba uno de esos fans ante las cámaras de la televisión “es más seguro invertir en la bolsa que comprar una entrada de los Rolling”.

Cuando alguien habla de los motivos de la piratería y de la caída de la industria discográfica –que aumentó en 2005 sus beneficios en un 6%, hasta los 320 millones de euros- me entra la risa. Cuando entran en vigor ordenanzas municipales como las de Barcelona o Madrid, que persiguen a los vendedores del “top manta”, me entra la risa al saber que algunos policías compran ahí sus discos, cuando no están de servicio por supuesto.

Me río porque siguen saliendo al mercado discos que sobran; un “grandes éxitos” tras otro, recopilaciones de verano que contienen las mismas canciones, pero con diferentes versiones o el éxito explotado hasta la saciedad de algunos artistas que alargan demasiado el tiempo entre un disco y otro. Por no hablar de la solidaridad… No puedo dejar de reírme cuando en los medios de comunicación aparece de vez en cuando algún artista reclama solidaridad con la indústria -el mismo fajo de billetes que antaño-, y sentado en el amplío salón de su mansión asegura que su trabajo ya no es rentable simplemente porque no puede mantener el mismo nivel de vida.

Y hablando de solidaridad, hay que reconocer que en el fondo la SGAE es solidaria. En lugar de destinar un porcentaje de sus ventas anuales a proyectos solidarios, organiza esporádicamente conciertos solidarios mientras se embolsa dinero en concepto de canon en otros conciertos solidarios que no organiza, como es el caso del concierto “Entresures” organizado por la fundación Paz y Solidaridad Andalucía, en el que la SGAE se embolsó más de 3.000 € en concepto de canon.

Después de leer noticias así., ¿a quién le puede importar piratear a una compañía así? Incluso iré más allá, ¿Quién piratea a quién? ¿No será que la industria discográfica se piratean a sí misma con su afán recaudatorio encareciendo los discos, la nula inversión en los nuevos artistas y la falta de soluciones a los consumidores ante problemas como el de los Rolling Stone?

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