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Ventolera mexicana

Pascual Falces
Pascual Falces
lunes, 14 de agosto de 2006, 21:54 h (CET)
No es, precisamente, el dios de la lluvia quien llora sobre México como cuando Cortés llevó a cabo la conquista de los vastos territorios del Nuevo Mundo. Ni, tampoco, la tierra ha vuelto a temblar con los catastróficos resultados del gran sismo de 1985; el subsuelo del Valle de México es propenso a trepidaciones y es un hecho posible que la población tiene asumido. Se trata de una “ventolera” postelectoral, como si la Democracia estirase sus brazos un sexenio después de vencer (por “k.o”) el viciado “espectáculo” de las votaciones establecido por el PRI a lo largo de más de setenta años.

Se habla, en los medios, de que el Presidente Fox -ultimando sus días de mandato-, se ha desentendido del alboroto ocasionado por el candidato que “no ganó” las pasadas elecciones del dos de julio. Incluso, se entiende, que el Gobierno está echando la siesta mientras las autoridades electorales dirimen el conflicto esgrimido por López Obrador (L. Hablador, dicen). Lo que salta a la vista es que se está utilizando la política de que el candidato enrabietado se consuma por sí mismo, y motivos está proporcionando para ello a la “toreada” población. El “delirium tremens” en que terminan los alcohólicos, es una estación inminente tras la “cogorza” del recuento de votos.

Se puede decir que el país esta viviendo “al borde de un ataque de nervios”. También, que, está sumergido en uno de sus más profundos sótanos. Es la hora de la sabiduría, de la templanza ciudadana, y a la “gente” le sobran arrestos para ello de entre tanta experiencia acumulada como tiene. Desde antes que los aztecas fueran sometidos por los españoles, y, que, a su vez, ellos se hubieran hecho con el resto de pueblos originarios. La raza mixta, que es la mayor parte de los cien millones de habitantes, lleva consigo la tradición de permanecer impávida mientras las broncas se suceden ante ella. Un hombre solo, parlanchín, demagogo y populista, no es capaz de superar ese sabio poso. Como ellos, hay que permanecer sin perder la calma ni dejarse remover por un delirio más de los que lleva contemplados en su Historia.

Como todas las ventoleras, esta, también, tendrá su final. La legislación electoral actual se caracteriza por la amplia participación de ciudadanos corrientes, con la presencia de partidos, en el recuento de votos. Tan sólo arrastra, desde el término de la Revolución, el lastre de su “mala fama”. “Cría buena fama, y échate a dormir”, dice el dicho popular, pero también se da el caso contrario. El desprestigio acumulado con las sucesivas elecciones que tenían elegido de “antemano” al ganador, ha socavado la credibilidad actual. Han de sucederse unos cuantos sexenios, en democracia y libertad para que las impugnaciones de resultados, sean, eso, impugnaciones, y no el germen cizañero de arbitrarias revoluciones; México todavía tiene una enorme y apasionante tarea por delante, a modo de asignatura pendiente, para incorporar la mitad de su población al Desarrollo.

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