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No hay por qué presentar a Gazprom como un monstruo

Vasily Zubkov
Redacción
domingo, 13 de agosto de 2006, 21:37 h (CET)
El acercamiento entre la corporación rusa Gazprom y la argelina Sonatrach ha dado origen a una avalancha de comentarios antirrusos en la prensa europea.

¿Qué es lo que ha pasado?
Rusia y Argelia, a las que corresponde poco menos del 40% en las importaciones europeas del gas natural, han decidido cooperar en la distribución de ese hidrocarburo en terceros países, para lo cual van a crear un centro coordinador y grupos de trabajo permanentes.

Firmando un Memorando de comprensión mutua con Sonatrach, que es su principal rival en Europa, Gazprom ha demostrado que viene ejecutando de manera consecuente la estrategia trazada por el Kremlin.

El presidente ruso Vladímir Putin exigió hace algunos años restablecer el control del Estado sobre Gazprom – empresa superestratégica para la economía nacional – y dejó claro que no sería privatizada ni fragmentada.

Durante las privatizaciones de la década del 90, la industria del gas en Rusia escapó a la fragmentación a diferencia del sector petrolero, lo cual le valió a Kremlin una oleada de críticas por parte de Occidente que le reprocha la intención de reforzar los monopolios naturales en detrimento, incluso, de la eficiencia económica.

Precisamente Gazprom funciona como buena locomotora de la economía rusa, asegurando la gasificación total del país y sacando adelante otros sectores, como siderurgia, construcción de maquinaria o energía eléctrica.
Habiendo superado la crisis, la industria del gas rusa incrementa los niveles de producción, en particular, en las condiciones extremadamente difíciles del extremo norte; contribuye a elevar el consumo interno y el volumen de la exportación hacia Europa. Gazprom ya está trabajando en proyectos de prospección geológica y trazado de tuberías en Latinoamérica, Asia y en el continente africano. Algo normal en este siglo de la globalización.

En Europa, Gazprom procura aplicar una estrategia bastante dinámica que apunta como mínimo a preservar la actual cuota de mercado; adquirir un mayor protagonismo en las redes de distribución con acceso a los usuarios finales; diversificar los medios del transporte, incluido el comercio del gas natural licuado (GNL); y ampliar la presencia en los mercados europeos, en particular, en las infraestructuras del transporte y el almacenamiento subterráneo del gas.

En resumidas cuentas, se comporta tal y como debería actuar una empresa que es la principal productora mundial del gas. Ya no habrá ventas a precios de ganga como en el pasado: el gas es un producto en alza en el mercado internacional y es necesario ir cada vez más al norte para extraerlo.

Lo que ha asustado a la UE en el acuerdo Gazprom-Sonatrach es la asociación estratégica de dos grandes productores y proveedores que, en un futuro, no descartan la creación de una especie de OPEP en el mercado del gas. Cuanto más visible es la presencia de Gazprom en torno a la UE, más ilusorias se vuelven las expectativas europeas de hallar algunos proveedores alternativos para comprar barato. De aquí, los intentos de crear un contraveneno en forma de alianza de consumidores. En realidad, la UE lleva mucho tiempo funcionando en esta calidad en el mercado mundial del gas. Y todo parece indicar que su política coordinada en materia de las importaciones del gas no tiene previsto considerar los intereses de los productores.

¿Cuál es el contenido de esa política? Primero, se trata de legalizar la reventa de cualquier cantidad a cualquier precio. Los actuales contratos para el suministro del gas se pactaron con cada país por separado, en fechas y sobre condiciones distintas, incluida la fórmula de descuentos. Las reventas de ese hidrocarburo, practicadas desde los años 90, suponen para Rusia un daño anual de 700 millones de dólares, según los datos de Gazprom y del Ministerio ruso de Industria y Energía.

Segundo, las directivas de la UE podrán limitar las importaciones del gas en caso de que los suministros procedentes de un país determinado superen el nivel del 30%. En el pasado se aplicaba una restricción menos rígida, del 60%.

Tercero, se autorizan los contratos válidos durante siete años como máximo, mientras que antes era posible firmarlos por un período más prolongado, de hasta varias décadas, lo cual les presentaba a los proveedores la oportunidad de planear la inversión a largo plazo. La nueva restricción tiene por objetivo crear un mercado de contratos puntuales.

Los países productores del gas, entre ellos Rusia, saldrán perdiendo con este plan europeo de liberalización del mercado, porque los cambios previstos van a provocar inevitablemente una caída de los precios.

El dictado monopólico por parte de los usuarios empuja a los países productores hacia la creación de una OPEP del gas.

Europa teme que haya escasez de gas en invierno pero un 28% de lo que consume ahora va destinado a la industria: siderurgia, petroquímica, construcciones mecánicas, etc. Es un problema económico y Rusia está dispuesta a resolverlo con métodos económicos también.

Tampoco le place a Occidente que Argelia, teniendo tecnologías punteras para la producción del gas licuado, pueda convertirse en la principal socia de Rusia durante la futura explotación de las inmensas reservas disponibles en la plataforma del Océano Ártico. Es una posibilidad, que podría hacerse real algún día, así que Europa debería hacer un intento por competir con Argelia en este proyecto.

Gazprom no es un monstruo que se haya propuesto congelar a Europa. No es más que un productor y vendedor de la materia prima que ella necesita muchísimo.

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Vasily Zubkov, para RIA Novosti.


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