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Opinión
Etiquetas:   Columna de opinión  

Mentes calenturientas

Curri Valenzuela
Redacción
sábado, 12 de agosto de 2006, 15:04 h (CET)
Hay gente propicia a creer en conspiraciones sobre cualquier asunto, aún a costa de rallar en la paranoia. Y hay personas que por lo general opinan que la explicación más sencilla de muchos acontecimientos suele ser la más verosímil. Lo raro es encontrar a alguien que se abona a la teoría de la conspiración cuando no tiene ninguna prueba para ello y, sin embargo, rechaza la existencia de una posible trama cuando existen numerosos indicios que conducen a ella. El titular de la cartera de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, pertenece a este último grupo de personas. Hay gente propicia a creer en conspiraciones sobre cualquier asunto, aún a costa de rallar en la paranoia. Y hay personas que por lo general opinan que la explicación más sencilla de muchos acontecimientos suele ser la más verosímil. Lo raro es encontrar a alguien que se abona a la teoría de la conspiración cuando no tiene ninguna prueba para ello y, sin embargo, rechaza la existencia de una posible trama cuando existen numerosos indicios que conducen a ella. El titular de la cartera de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, pertenece a este último grupo de personas.

El ministro declaró esta semana en el Congreso de los Diputados que los incendios que asolan Galicia son "estratégicos y planificados". No fue tan explícito como su colega de Medio Ambiente, Cristina Narbona, que culpó directamente de pirómanos a los componentes de cuadrillas de extinción de fuegos que han sido despedidos por la Xunta de Galicia porque no hablaban gallego. Luego se tuvo que retractar, porque no tiene la menor prueba de que su acusación sea cierta. Pero Rubalcaba se abonó a esa tesis al hablar repetidamente de "planificación estratégica de los incendios" a pesar de que, como ministro de Interior que es, conoce perfectamente el dato de que entre los 22 detenidos por las fuerzas de orden público por prender fuegos en los montes gallegos no existe relación alguna. Impropio del político cuya frase más recordada es aquella del 13-M "necesitamos un Gobierno que no nos mienta".

Pero lo más extraño de este caso es que el mismo responsable de las fuerzas de orden público que ve una conspiración en Galicia rechaza de plano, y sin ponerse a investigar si quiera, todas las evidencias que se están publicando y que parecen conducir a una trama para culpar a un grupo de personas (los musulmanes amigos de "El Chino" y asiduos al célebre locutorio de Lavapiés) de los asesinatos del 11-M. Que pena que Rubalcaba ponga tanto interés en un caso y tan poco en otro. Y que lástima que el ministro de Interior se olvide de que su obligación es investigar la verdad y detener a los culpables de cualquier delito, sea por incendiar montes o por hacer explotar trenes, sin pararse a pensar en lo que políticamente le puede venir bien o mal a la hora de hacer declaraciones.

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