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Cine
Etiquetas:   Crítica de cine  

'Piratas del Caribe', el cofre del hombre muerto

Gonzalo G. Velasco
Gonzalo G. Velasco
jueves, 2 de noviembre de 2006, 06:49 h (CET)
Hace unos años la primera parte de Piratas del Caribe se convertía en la película revelación de la temporada gracias a un éxito de taquilla colosal que nadie se esperaba. El secreto por el que Gore Verbinski consiguió seducir al público constaba de tres piezas: piratas, humor, y fantasía ultraterrena. Todas ellas articuladas alrededor de un eje llamado Johnny Depp, quien mediante una actuación entre estrambótica y genial, logró construir a uno de los personajes más carismáticos del cine palomitero reciente.

Piratas del Caribe 2: El Cofre del Hombre Muerto surge como una consecuencia inevitable del triunfo indiscriminado de su primera parte. Repiten el director, los actores, el productor y gran parte del equipo técnico, pero también el sentido del humor, de la aventura y de la fantasía. La razón es bien sencilla: si una cosa funciona… ¿para qué cambiarla?. Y por supuesto, la cosa sigue funcionando bastante bien. Johnny Depp y su histrionismo, Jerry Bruckheimer y sus apabullantes diseños de producción, Hans Zimmer y su pegadiza banda sonora, Verbinski y su seductora manera de orquestar los planos y así hasta el último crédito. Tan sólo Orlando Bloom y su cara de pan, coherentemente escoltado por la cada vez más amuermada Keira Knightley, me proporcionan argumentos para atacar el conjunto.

Si no fuera por esos dos gazmoños que no cumplen otro cometido más que satisfacer las apetencias mitificadotas de adolescentes con las hormonas descontroladas, la película habría alcanzado una dignidad mucho mayor de la que ya tiene pese (¿o gracias?) a su confesa vocación comercial. Y no se trata de que este humilde comentarista sienta una especial aversión por el Légolas de El Señor de Los Anillos o por la Ginebra de El Rey Arturo, que la siente, sino de un hecho empíricamente constantable para cualquier persona con una sensibilidad artística superior al empedrado del casco antiguo de Dubrovnik: actúan fatal y son unos soseras.

En resumen, que Bloom, Knightley, y algún que otro exceso mal planteado de efectos especiales son, más allá de su deuda con el capitán Davey Jones, los principales peligros a los que Jack Sparrow se enfrenta en esta segunda entrega, un film, por otro lado vibrante y divertido, que obra el milagro de dejar un buen sabor de boca en el espectador aunque su trama quede literalmente inconclusa.

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