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Opinión
Etiquetas:   Columna de opinión  

La fascinacion por el castrismo

Andrés Aberasturi
Redacción
sábado, 12 de agosto de 2006, 15:04 h (CET)
El pasado sábado reflexionaba el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, sobre el futuro de Cuba. El título del artículo, publicado en "EL Mundo", era "El pueblo cubano, dueño de su Historia" y la tesis, resumida, es que deben ser los propios cubanos y no las sucias maniobras de EEUU ni la tibieza de Europa, quienes decidan desde su propia soberanía el modelo "que incardine Cuba en la América Latina del Siglo XXI".

Yo ya me he perdido. Desde un pensamiento libre y de izquierdas, no es fácil entender casi nada de la "izquierda oficial" y menos la fascinación que, al parecer, aún ejerce el castrismo. Hace unos días me refería al proceso tan llamativamente paralelo entre el régimen cubano y el franquismo: solo se trata de sustituir nombres y conceptos: "su excelencia" por "el compañero", "Cuadillo" por "comandante en jefe", el culto a la personalidad por el culto a la personalidad, la concepción del líder como "padre y guía" por el del "guía y padre" y los indudables avances logrados por la revolución, y que tanto llaman la atención de Llamazares, por la Seguridad Social y todo el desarrollismo de la década de los 60 en pleno franquismo. Hablamos de ahora del exilio español tras triunfo del dictador de la misma forma que podríamos -y deberíamos- hablar del exilio cubano tras la revolución que tantos apoyamos en su momento ilusionadamente y que el luego nos traicionó.

Y es que las dictaduras son todas igual de perversas y defenderlas o justificarlas carece de sentido desde un pensamiento de izquierdas. Bastante tuvimos ya con la trágica historia del la vieja URS (recuérdese a Stalin, la invasión de Hungría, la primavera de Praga, el muro de Berlín etc.) como para que a estas alturas se intenten salvar los muebles de una revolución que encarcela por ideas políticas o por tendencias sexuales, que tiene zonas solo accesibles a los turistas pero prohibidas a los propios cubanos y que hace de la olla exprés una conquista revolucionaria.

Pero Llamazares insiste en el miedo que Occidente tiene a las izquierdas emergentes en Latinoamérica y mete en el mismo saco a Chávez, Lula, Evo Morales, Kirchner, Ollanta Humala o López Obrador. No es serio ni aunque lo diga Llamazares. Entre Kirchner y Chávez hay mucha mas distancia que entre Chávez y Fidel. Pero si la izquierda española cree que Hugo Chávez es un ejemplo a seguir... pues nada, viva el populismo más barato y más trasnochado, pero no me imagino una conversación entre Anguita (un suponer) y el golpista Chávez.

Y todo esto, amigo Llamazares, no es estar ni con Bush ni con la eterna ambigüedad de Europa; todo esto es reconocer sencillamente la verdad, una verdad que no nos gusta nada, como tampoco nos gusta el bloqueo ni la guerra preventiva ni la política del FMI. Todavía hay gente que se atreve a decir esto no, pero eso tampoco. No es políticamente muy correcto pero cada vez resulta más necesario.

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