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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Un mundo de enloquecidos

José Cavero
Redacción
sábado, 12 de agosto de 2006, 09:36 h (CET)
Ciertamente, a poco que se reflexione, habremos de llegar a la lamentable conclusión de que son demasiados los riesgos que padece el ciudadano corriente: si ha elegido Galicia para veranear, o es gallego de nacimiento y de residencia, tiene el severo riesgo de verse rodeado de llamas. Si eligió viajar a alguna ciudad norteamericana ha corrido el riesgo de volar en pedazos. Claro que hay muchas otras alternativas. Pero esas dos están ahora mismo entre las que atribulan y encogen el corazón a cualquiera, y por supuesto, son las dos que, en mayor medida, están mereciendo ahora mismo las atenciones nacionales e internacionales.

Son dos casos extremos, con toda probabilidad, y en los que es posible observar la capacidad de maldad y de causar tribulación y desasosiego a la ciudadanía: Hay gentes decididas a quemar los bosques que rodean a las ciudades como hay gentes decididas a hacer imposible un viaje al otro lado de la mar océana. Sin duda, los motivos de unos y de otros desequilibrados, enloquecidos o fanáticos son distintos y sólo tienen en común el deseo de causar la intranquilidad y el terror en los ciudadanos corrientes, que se ven en la necesidad de aceptar pasivamente las incomodidades planificadas por quienes han decidido hacer prosperar sus propósitos "al precio que fuera", y "caiga quien caiga".

En el caso de los incendios, nos insisten en móviles relacionables, en distintos casos, con la ordenación urbana y el negocio inmobiliario. El interés de unos pocos, de ser de este modo, pretendería imponerse sobre el interés general como demostración bien apreciable de que un buen pelotazo urbanístico todo lo justifica, incluido el riesgo y peligro de causar la muerte.

En el caso de los planes terroristas que han forzado a una alerta general en Europa y que han colapsado el tráfico internacional, parecen una nueva exhibición de fuerza de la franquicia terrorista internacional de Al Qaeda, en lucha contra el Occidente cristiano.

¿Son comparables los autores de los incendios gallegos y quienes proyectaban atentar contra las líneas aéreas que unen el Reino Unido con Estados Unidos? Hay un grado de enloquecimiento parece que indiscutible en unos y otros grupos. Son dos clases de terrorismo -de maneras de querer aterrorizar en beneficio de las propias ideas e intereses- de los que no parece fácil escapar en nuestros días. El número de descerebrados parece que tiende al infinito, como decía un viejo adagio en latín macarrónico: 'Stultorum númerus infinitum est'.

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