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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Galicia y la despechada Narbona

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
sábado, 12 de agosto de 2006, 03:26 h (CET)
Galicia necesita la ayuda de todos, incluida la de quienes no saben hablar gallego. También “Nunca Máis” puede desempolvar sus megáfonos, juntar a los mandados del resentimiento, saltimbanquis de la insolidaridad, defraudadores del sentido común y catedráticos de la estupidez, para empezar a exigir responsabilidades. El incendio forestal, casi siempre provocado, es una nueva forma de terrorismo que, en esta ocasión, ha puesto al descubierto la falta de reacción de la Xunta ante sucesos de esta envergadura. Mucho tiempo dedicado al pulso entre Touriño y Quintana y muy poca operatividad. No hay duda de que las coaliciones --en palabras de Castelar– son siempre muy pujantes para derribar, pero inútiles para crear.

La imagen del Gobierno autonómico ha sido tan desastrosa como la del Gobierno central, despropósitos incluidos. Las que sí han sabido reaccionar, sin embargo, han sido las comunidades autónomas, dando una auténtica lección de solidaridad y eficacia a la despechada y desbordada ministra Narbona que, dicho sea de paso, desconocía la existencia de ayudas de la Unión Europea para catástrofes como la que nos ocupa. Este es el momento de hablar de dimisiones. Una ministra así es un peligro público.

Galicia permanece sedada por la enfrentada coalición y adormecida en su propia injusticia. Hasta el presidente Rodríguez Zapatero ha defraudado por su tardanza en reaccionar. ¿Será que instalado en el poder no necesita defender su credibilidad, dignidad y talante? Con razón, ayer mismo, un buen amigo, socialista de corazón y ajeno al resentimiento, decía que “si pudieran volar los incompetentes de mi partido, no nos daría el sol en mucho tiempo”.

Hoy sigue ardiendo Galicia y muchos municipios luchan solo con sus medios. Sin ayuda de la Xunta, ahogada y desbordada en su propia vergüenza y en su manifiesta incompetencia. Y es que muchas de las competencias traspasadas a las autonomías han caído en manos de incompetentes. Los despropósitos se suceden y, solo cuando la situación se convierte en desastre, se recurre a la veteranía de quienes habían sido olvidados y despreciados, en muchos casos por carecer de la acreditación del conocimiento del idioma gallego, como han denunciado los afectados. ¡Qué políticos! Algunos es verdad que son como los libros de una biblioteca, cuanto más alto están, menos sirven.

Y Como no podía faltar el arlequín de turno, aparece la ministra Narbona aventando su reiterada incompetencia a los ciudadanos y “ve la mano incendiaria” de despechados pro Partido Popular. Solo le ha faltado culpar de los incendios a Núñez Feijoo, a Mariano Rajoy o al apóstol Santiago. Su corta reacción y su incontrolado nerviosismo no le han permitido ver lo mucho que se ha reído Antxo Quintana – el mejor “topo” de Galicia, capaz de cambiar de caballo a mitad de carrera -- de sus desafortunadas declaraciones. ¡Pobre ministra, un fracaso más y ya van…!

Narbona sigue sin enterarse de que carecemos de un Plan Hidrológico realista, moderno y complaciente, olvida su gran fracaso en la reforma de la Ley de Montes, el descontrol de su Ministerio de Medio Ambiente, la inexistencia de partidas para intervención preventiva en montes privados, falta un centro nacional de coordinación dedicado a la investigación y dependiente del Ministerio del Interior, se carece de un fondo fijo de compensación para desastres de este tipo,… Menos mal que Rodríguez Zapatero ha comprometido en Santiago de Compostela importantes ayudas económicas para los afectados y medidas apropiadas a este tipo de catástrofes. Lo más llamativo es que se ha comprometido a que las ayudas del “Prestige” se queden en calderilla, en comparación con las que está dispuesto a hacer llegar a Galicia.

Tristemente seguirá ardiendo Galicia. La desidia y cobardía de “Nunca Máis” será difícil de entender si no reacciona a tiempo, salvo que se trate de mentes retorcidas y calenturientas. Han aprendido del avestruz. Callan. ‘Rumian’ la mala conciencia. La demagogia, entonces alentada por Pepiño Blanco, hoy se muestra miserable. Y por si no era suficiente, Rodríguez Zapatero aplaza las decisiones importantes para el próximo Consejo de Ministros. Para entonces, a Galicia no la conocerá ni la madre que la parió.

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