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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Como Campos y Bordiu

Francisco Muro de Iscar
Redacción
viernes, 11 de agosto de 2006, 09:07 h (CET)
Lo último, lo que más se lleva, especialmente en Cantabria, es ser "como Campos y Bordiú" y los lugares donde la pareja formada por Carmen Martínez Bordiú y José Campos celebraron su fiesta de compromiso en Santander -que no sé, ni me interesa, si fue o no boda y si tuvo repetición para cobrar dos veces la exclusiva- y donde celebraron su "noche de bodas" tienen 'overbooking', es decir, son el santuario al que quieren ir todos los cazadores de los despojos de la prensa rosa. Dicen los dueños que algunos piden el mismo menú, la misma habitación y hasta un recorrido completo por los rincones del enlace. Y seguro que hacen comentarios sobre del tipo de "pues no es para tanto" o "fíjate, cariño, estamos en la misma cama que ellos". Eso debe tener un morbo indescriptible y le debe dejar a uno marcado de por cida. Ya lo decía "el Guerra": "hay gente pa tó".

Tiene que haber "gente pa tó" porque si en la boda, o lo que fuera, de la Bordiú, hubo recena con fideuá, marmita y cocido montañés, todo es posible. Ahora se celebran los bautizos con comida o cena, las primera comuniones "civiles" con desfile de modelos y trajes largos y las bodas gay se convierten en un espectáculo que presiden hasta los alcaldes del PP. Todos los que criticaban los excesos de las celebraciones religiosas o las de los famosos, ahora caen también en ello y "el no va más" es celebrar la primera noche -que casi nunca es primera- donde "ellos". Somos pura apariencia y nos importa más el qué dirán -¡mira donde se casan Pepeita y Antonio! Y nosotros que los hicimos en Casa Pepe..."- que lo que representa. Muchos esconden una copia hortera en su disco duro.

Lo que les falta a las parejas de imitadores -que se saben todos los detalles por la prensa del corazón y los programas de salsa mostaza de la tele- es vender la exclusiva a alguien. El marido de la Bordiú, que es un tipo simpático y encantado no sólo de haberse conocido, sino de haberla conocido a ella- dice que el trabajo de su mujer es vender exclusivas y que lo hace divinamente. Y tiene razón. No sólo cobra lo que quiere sino que elige quién se lo paga. Si todos pudiéramos elegir el trabajo y el patrón, como ella, no nos importaría ser autónomos. Campos y Bordiú se han convertido en un "modelo a seguir". ¡Manda carallo!

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