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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Corto Maltés, otro desaparecido de la Guerra Civil (I)

Herme Cerezo
Herme Cerezo
domingo, 31 de diciembre de 2006, 01:55 h (CET)
Las páginas de la revista genovesa de cómics ‘Sgt. Kirk’ alumbraron la aparición de uno de los personajes más singulares de la historia del cómic: Corto Maltés, el marino del pendiente. A pesar de que su autor, Hugo Pratt, no era un desconocido pues había publicado ya ‘As de Picas’, ‘Ernie Pike’, ‘Sargento Kirk’ y ‘Ana de la jungla’, el dibujante italiano no gozaba todavía del reconocimiento universal que alcanzaría a partir de la publicación de ‘La batalla del Mar Salado’ (1970), una larga saga para la que creó un universo de personajes, todos de óptimo nivel, entre ellos nuestro marino Maltés, romántico, individualista y libertario, que se convertirá en el protagonista de la serie de aventuras realizadas por Pratt para el semanario francés “Pif”, a partir de aquel mismo año.

Pero… ¿quién es Corto Maltés?
La primera visión que poseemos de Corto no puede ser más enigmática: descalzo y con el torso desnudo, atado en aspa sobre una balsa de maderos, abandonado a su suerte en alta mar. De allí lo rescatará Rasputín, desertor de la armada zarista, cuya aparición en las historietas de la colección será más que frecuente.

Parece comprobado que Corto Maltés “nació” en La Valeta (Malta), en el año 1887, hijo de un marino de Cornualles y de “la niña de Gibraltar”, una gitana de Sevilla. Desde la primera viñeta, Corto se moverá en el terreno del individualismo, siempre dispuesto a participar en la lucha contra el racismo, el imperialismo, el colonialismo, el fascismo y cualesquiera otros “ismos” opresivos.

El mundo será su patria y por ende sus escenarios muy variados. A lo largo de sus aventuras lo encontraremos en China, Manchuria, Patagonia, Italia, Marsella, Túnez. Las Antillas, Nueva Orleans, India, Brasil, Venezuela, Honduras, Dublín, Inglaterra, Francia, Yemen, Hong Kong, Siberia, Shangai, Venecia, Afganistán, Suiza, Etiopía y ... España.

Nuestro país es la última referencia que se tiene de él. Al parecer, según revelará Cush, un personaje de ‘Los escorpiones del desierto’, otra de las obras maestras de Hugo Pratt, Corto Maltés desapareció en la Guerra Civil española, a donde había acudido para combatir en el bando republicano, encuadrado en las Brigadas Internacionales. Sabemos que desapareció, pero no que murió. El propio dibujante italiano, ya fallecido, negó siempre su muerte en numerosas entrevistas. Fue su voluntad la de mantenerlo con vida, pero ‘missing’.

Y ¿cómo es Corto Maltés?
Para definir el perfil del personaje resulta indispensable acudir a sus álbumes y leer en ellos, especialmente en ‘La batalla del Mar Salado’, lo que el propio marino opina de sí mismo.

Corto Maltés se siente completamente seguro de su buena fortuna: “Lo mejor que podéis hacer Caín y tú es estar cerca de mí. ¡Traigo suerte!”. Y de las causas que motivan esa buena suerte: “cuando era niño me di cuenta de que me faltaba en la mano la línea de la fortuna. Entonces cogí una navaja de afeitar de mi padre, y ¡zas!... me hice una a mi gusto”.

Es poseedor, además, de una considerable autoestima: “escucha Caín ..¡acéptame como soy o vete al Diablo!”, que le incita a no “cortarse” a la hora de dar consejos a los demás: “Le dejo, señor Slutter. Y escuche a un perro viejo: trate de llegar entero al final de esta aventura”.

También se muestra propenso a conseguir sus fines sin que importen demasiado los medios. Así, tras pelearse con uno de los personajes de ‘La batalla ...’, al que derrota aplicándole una patada en sus partes nobles, aquél le espetará: “¡Usted no pelea lealmente, Corto Maltés!” A lo que nuestro héroe responderá sin inmutarse demasiado: “No, pero ¿quién está en el suelo?”

Otros personajes de la serie también ofrecen su visión sobre él. Así El Monje, misterioso dirigente de una sociedad secreta, tiene claro quién es Corto: “Muy astuto. La respuesta es sutil, Maltés, pero el resultado es que no vales para el mando. Demasiado individualista e indisciplinado”.

Y no podía faltar la opinión de Hugo Pratt sobre su propia criatura: “Corto ve los problemas desde su condición de aventurero. Antes que nada es un individuo y vive en consecuencia dentro de una cierta ética ... que es la suya y no la mía”.

Corto Maltés: su imagen
Analizar la imagen de Corto Maltés no es fácil. Es indispensable desprendernos de los estereotipos realistas a los que estamos acostumbrados: ‘El capitan Trueno’, ‘Tintín’, ‘Astérix’ (aunque en este caso el matiz caricaturesco desempeña un papel importante), ‘El guerrero del antifaz’, ‘Príncipe Valiente’ o ‘Flash Gordon’. Pratt, más que un buen dibujante, que también, lo es, es un extraordinario narrador. No tiene mucho que envidiar a Conrad o Stevenson. Y por ello subordina el dibujo al desarrollo de la historia o mejor todavía, lo utiliza, como otro elemento narrativo más.

Si se compara su pluma con la de Hal Foster, el contraste es claro. Mientras en Pratt cada viñeta es un paso para la siguiente, las escenas de Foster son un objeto artístico en sí mismo, un cuadro ajeno a los demás que no aporta nuevos matices a la historia. Ante la minuciosidad y el detalle de su colega, Pratt se maneja con trazos rápidos, más bien imprecisos, que tratan de mostrar al lector los sentimientos o los ambientes donde se mueven los personajes, en este caso de Corto y de quienes le rodean. El Príncipe Valiente siempre presenta la misma cara. Corto Maltés no. En ocasiones parecería que, manteniendo los rasgos básicos inconfundibles, hay más de un “retrato oficial” del marino maltés.

Por otro lado, el dibujo original de Corto fue concebido en blanco y negro y, por lo tanto, las posteriores iluminaciones han distorsionado un tanto su concepción inicial y parecen justificarse sólo desde un punto de vista meramente comercial. Pratt domina de modo espléndido las manchas. Me atrevería a decir que más que un dibujante al uso es un manchista. Y eso es Corto, manchas en negro sobre blanco, sabiamente distribuidas por su autor, quien además utiliza frecuentemente el silencio, representado por viñetas mudas que no necesitan explicación y que avanzan convenientemente la acción hasta el momento oportuno.

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