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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Esperanza Aguirre

Antonio Jiménez
Redacción
jueves, 10 de agosto de 2006, 11:10 h (CET)
Confundida entre los veraneantes con aspecto saludable que procura el sol del estío junto al mar y aficionados al arte de Cúchares llegados de todos los lugares que jalonan la bahía de Cádiz, Jerez y Sevilla, descubro en medio del tendido a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, siguiendo con atención exquisita el devenir de la lidia en el coso de El Puerto de Santa María.

Esperanza Aguirre siempre estuvo ligada al mundo de los toros a través de sus tíos Ignacio, gran aficionado y conocedor del Planeta de Cañabate, y Gabriel Aguirre, éste último ganadero. Su afición, además, es plena y sincera desde el instante en que me comenta que no sólo asistió al festejo de esa tarde de domingo, sino también al que se celebró la noche del sábado y concluyó pasadas las dos y media de la madrugada, cosa que tiene un acreditado y reconocido mérito por tratarse de una plaza de toros como la portuense, de asientos extremadamente incómodos. Uno de los varios espectadores que la reconocieron y saludaron no desdeñó la posibilidad de recordarle, con el habitual gracejo del sur, las cuitas políticas con su compañero Alberto Ruiz Gallardón al espetarle que "para toros malos, los que le embisten desde el Ayuntamiento de Madrid".

Ya es significativo que hasta a 600 kilómetros de distancia de la Puerta del Sol exista el convencimiento o la impresión ciudadana, de que los "morlacos avisados", por el peligro evidente que desarrollan en el ruedo, a los que se enfrenta Esperanza Aguirre, no los simbolizan los socialistas y Rafael Simancas, sino Alberto y su equipo en el Ayuntamiento madrileño. Pareciera a ojos de quienes así perciben la complicada cohabitación de la presidenta y el alcalde, que la oposición a Esperanza no la ejerce el PSOE sino el primer regidor madrileño. Y no les faltan argumentos si escrutamos el futuro inmediato y advertimos el interés de Alberto Ruiz Gallardón por formar parte de la candidatura de Mariano Rajoy en las generales de 2008. El alcalde, que intentará revalidar su mayoría en la Casa de la Villa en las municipales de mayo-junio próximos, no quiere quedarse en fuera de juego, un año después, ante el hipotético caso de que Rajoy arrojara la toalla si no le ganara a Zapatero y el PP planteara su sucesión. Nadie que no tenga escaño en el Congreso podrá aspirar a ella. El primer partido de la oposición no puede permanecer descabezado en el Parlamento, sin su líder, durante una legislatura entera. El error Hernández Mancha no es repetible. Ruiz Gallardón lo sabe y Esperanza Aguirre también. Uno y otra, por si acaso, acompañarán a Rajoy en la lista de Madrid. Ya verán.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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