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Etiquetas:   Rugby / Twickenham  

RUGBY DESDE TWICKENHAM - El oval pide paso

En Londres, desde la Catedral, analizamos la variada oferta de un deporte en continua progresión
Roberto Carrera Hernández
@r0bert0carrera
jueves, 27 de junio de 2013, 15:28 h (CET)

Twickenham
 
El mito desde arriba (RFU)
Roberto Carrera / Londres

De repente un jugador se ha quedado aislado. Ningún compañero lo suficientemente cerca. Demasiados rivales alrededor. Él agarra con fuerza la pelota ovalada, aprieta los dientes, y aunque es consciente de que su aventura tendrá poco recorrido, se abalanza con pasión contra la fila de adversarios, que lo tumban de inmediato.

Esta jugada, que se repite una y otra vez en un partido de rugby, es un excelente ejemplo para comprender el aura mística de rudeza noble que rodea a este deporte. Una disciplina que ha conseguido combinar exigencia máxima con respeto absoluto, para crear un cóctel envidiable que poco a poco está logrando romper sus fronteras históricas.

Así como el fútbol ha invadido el planeta entero (abusaremos de la comparativa por razones evidentes), y a pesar de compartir cuna británica, el rugby ha mantenido su flema inglesa acusando una incapacidad grave a la hora de exportar sus virtudes. La lucha entre la pureza de lo amateur y los beneficios del profesionalismo llegó prácticamente hasta el siglo XXI. Un récord inédito para un deporte con una enorme proyección.

Mandela Rugby
Salto al profesionalismo el mismo año de la
mítica victoria de los Springboks.

Cuando la International Rugby Board dio paso al rugby profesional en 1995 (después del famoso Mundial ganado por la Sudáfrica de Mandela), lo que era inevitable comenzó a crecer de manera exponencial. Los cambios son innumerables. Del Cinco Naciones al Seis Naciones (bienvenida a Italia), aparece la Heineken Cup para clubes europeos, se recupera la modalidad de a siete para torneos internacionales y, sobre todo, se comienza a abrir mercados en países con poca o ninguna tradición.

La guinda a este sprint de menos de dos décadas ha sido la inclusión en el programa olímpico para Río 2016, casi un siglo después de su última aparición en París 1924. Un triunfo histórico que ratifica la progresión imparable de una disciplina que, a pesar de su gigantesco pasado, ha esperado al cambio de siglo para comenzar su conquista mundial.

Nosotros hemos querido traeros el sabor del rugby más auténtico desde Twickenham (Londres), uno de sus templos sagrados. Desde el respeto del neófito, contemplamos de cerca los tres pilares que han de sostener la expansión de este deporte. Un trío de ases que aúnan tradición, novedad e integración para que el oval siga girando en todo el planeta.



FINAL AVIVA PREMIERSHIP

LEICESTER TIGERS- 37     NORTHAMPTON SAINTS- 17


Colas en Twickenham
Expectación máxima (DSXXI)
Sólo en Londres pasan estas cosas. Cuando medio mundo (especialmente el planeta Merkel) está pendiente de la final de la Champions League, la capital inglesa se da el lujo de acoger cinco horas antes el desenlace del campeonato nacional de rugby. Para alguien no acostumbrado a estos excesos y habitante de ‘Futbaña’ (donde más allá del fútbol sólo cuentan las grandes victorias) el peregrinaje al estadio fue una sensación muy especial. Como la señora que aparece delante del mogollón en las rebajas pero en versión deportiva.

Decenas de miles de aficionados tenían marcado en rojo ese día, y lejos del glamour global del balompié, se preparaban para disfrutar con un auténtico partidazo de rugby. Respirar dentro de las gradas de un Twickenham a rebosar es una experiencia inolvidable. Ochenta mil gargantas alimentadas con cerveza (this is England) dando ambiente en una final más que entretenida.

En lo que al puro juego se refiere, no hubo sorpresas en el resultado, y los Tigers se apuntaron su cuarto título tras nueve años sin faltar a la cita del último partido. Resultado contundente que no desmerece la lucha incansable de los Saints, lastrados durante cuarenta minutos por la estupidez repentina de Dylan Hartley. El neozelandés compró la tarjeta roja insistiendo en su enfrentamiento con el árbitro a pesar de las advertencias previas. Si con quince la cosa pintaba dura, con uno menos sólo cabía el milagro.

Una gozada la introducción del vídeo para las jugadas polémicas. Mientros las momias de la FIFA se regodean por implantar un cuarto árbitro inerte o el detector de goles fantasma (sin comentarios), en rugby ya saben qué es una tele y cómo usarla. Otro guiño a los nuevos tiempos y un regalo para la salud mental del aficionado.

Lleno en Twickenham
Lleno absoluto en la fiesta del rugby inglés (DSXXI)

Aunque sin expulsados, los Tigers también tuvieron bajas. Su capitán, Toby Flood, acabó en vestuarios tras el doble placaje de Courtney Lowes. El primero (rodilla en cabeza) lo dejó noqueado, y el segundo (legal) acabó por rematarlo. En una final no hay abrazos sobre el césped.

Pero el derbi de las East Midlands consiguió mantener la emoción en el marcador más allá de la hora de partido. Los Saints evitaron las sacudidas de su rival transformándose en una especia de chicle molesto que siempre acababa por acercarse de nuevo, ratificando que su victoria ante Saracens en semifinales no fue la inspiración de un día.

Leicester Tigers consiguieron su décima Premiership e hicieron buenos los pronósticos. Pero si alguien ganó ese sábado fue el rugby, con un estadio entregado el mismo día que a pocos kilómetros se jugaba la final del torneo de fútbol más prestigioso a nivel de clubes. No se trata de hacer un cara a cara, pero oye, ¿a ver si resulta que sí hay espacio para más de uno?



IRB SEVENS WORLD SERIES
 
Última prueba del campeonato anual de rugby a 7


All Blacks celebrando
Los All Blacks celebrando a su manera (IRB)
Uno de los grandes objetivos para cualquier deporte que quiera ampliar su proyección internacional es hacerse con un hueco dentro de los Juegos Olímpicos. Los requisitos son feroces y las decisiones no siempre son amigas de la coherencia, pero el rugby tenía medio camino hecho con sus más de dos siglos de historia y la buena imagen que siempre ha dejado en medios y aficionados.

Pero de poco vale la leyenda si no consigues evolucionar para adaptarla a los nuevos tiempos. El rugby a XV sigue siendo parcela exclusiva de un número demasiado reducido de países, y el crecimiento de las nuevas selecciones es progresivo pero lento. ¿Cómo entramos en los cinco aros entonces?

La fórmula ya estaba escrita desde hacía tiempo. Primero eliminamos jugadores, de quince a siete, dando la oportunidad a equipos de menor potencial de conseguir un conjunto más potente con menos recursos. Los espacios aumentan, la capacidad física y la velocidad prevalecen (adiós a las barrigas prominentes de primera línea) y, aunque los de siempre se mantienen entre los favoritos, comienzan a optar a la victoria nombres que en la versión tradicional serían impensables.

El juego es raudo, sin descanso, apenas catorce minutos divididos en dos partes con un descanso efímero. A pesar de ello, los resultados abultan tanto como en la versión a XV gracias a la sucesión de jugadas de ataque facilitadas por un marcaje mucho menos extremo.

España en el Sevens
El año que viene repetimos en el Sevens (IRB)

En Londres vivimos el último capítulo de las IRB Sevens World Series de la temporada, y la sensaciones que transmite están a la altura de lo esperado. En dos días se puede terminar el torneo. La diversión aumenta, se mantiene la belleza del hermano mayor pero es mucho más digerible para el ojo inexperto o el aficionado circunstancial. Una fiesta sin pausa de la que es imposible no contagiarse al instante.

Ganó Nueva Zelanda (¡oh!, ¡sorpresa!), pero más allá del título final, es fantástico ver en la lucha a países como Kenia,   Estados Unidos o Canadá. Incluso España, Portugal o Rusia se pueden permitir el lujo de competir cara a cara en estos torneos. Aunque se vean obligados a remendar las alineaciones con jugadores del XV (impensable crear un equipo dedicado en exclusiva al Sevens), es fantástico que puedan compartir gira con los más grandes, una idea brillante para fomentar el rugby en países con una pobre tradición.

Nosotros nos salvamos de caer del grupo de arriba gracias a un ensayo de Carlos Blanco en el último suspiro en el partido por la supervivencia ante Portugal. El gallego-australiano dejará Vigo para retornar a las antípodas, pero no ha querido abandonar el barco sin dejar su último regalo. España estará el año que viene en las IRB Sevens. Un torneo imprescindible para seguir inyectando rugby de alto nivel a jugadores y aficionados de la Península.

No te pierdas el Mundial Sevens este fin de semana. Web oficial: http://www.rwcsevens.com


SEIS NACIONES FEMENINO
INGLATERRA- 20  FRANCIA- 30


Inglaterra - Francia Seis Naciones femenino
La mayor diferencia está en las gradas (DSXXI)

Hoy en día es impensable que un deporte de alto nivel no cuente con una modalidad para mujeres. Además, es imposible ser olímpico sin contar con una sólida estructura femenina, razón de más para voltear un estereotipo que en rugby llega a sus niveles más altos.

Siendo un deporte de contacto, noble pero agresivo en sus tiempos de respuesta y requerimientos físicos, las diferencias visuales entre géneros son evidentes. Al jugar en el mismo terreno de juego, con las mismas normas, y teniendo en cuenta que apenas supera las tres décadas de existencia (el primer partido internacional fue en 1982) es comprensible que la cantidad de imprecisiones aumente. Pero más allá de obviedades, las chicas demuestran una capacidad más que sobrada para deleitar con buen rugby a cualquier aficionado que aprecie esta disciplina.

Dos de las mejores selecciones del planeta (actual subcampeona y cuarta clasificada del último Mundial, solo cayendo ante el empuje oceánico)  se reunieron en Twickenham en febrero de 2013 para jugar un partido del Seis Naciones femenino.  

De manera acertada por parte de la organización, y aunque no sucede de manera regular, las chicas saltaron al césped justo después del mismo partido del torneo masculino. Evidentemente, el estigma conservador británico vació el estadio en apenas unos minutos, y cuando comenzó el choque de mujeres apenas un lateral de la grada inferior era suficiente para reunir a todos los aficionados.

En prensa tampoco había agobios. La BBC dando el choque y nosotros temiendo por la hipotermia en una tribuna vacía. Esperable y significativo.

Rugby femenino
No te gustaría estar en medio (IRB)

Las chicas son duras, rápidas, y proponen un juego en ocasiones más creativo y con muchas posibilidades. A medida que existan mejores competiciones, y también que el propio rugby masculino tenga más reconocimiento en un mayor número de países, seguramente el salto de nivel será inevitable. Llegarán nuevas generaciones de mujeres mejor preparadas socialmente para ver en el rugby una opción real de practicar deporte.

Venció Francia por un marcador de 20-30, aunque curiosamente este año fue la segunda vez en las dieciocho ediciones disputadas (y la primera en el formato de seis equipos) que ninguno de los dos países se llevó el título final. Irlanda, Grand Slam incluido, se ha presentado como alternativa.

Ojo también a nuestra selección. Las chicas están dos o tres pasos por delante de los hombres, y ya han alcanzado resultados internacionales que las sitúan dentro de los diez mejores equipos del planeta. Más que prometedor.


El rugby pide paso

Profetizar un crecimiento radical del rugby no es arriesgar demasiado. Ahora sí, la estructura tiene lógica y todo está pensado para romper el muro de la exclusividad y llevar a todo el mundo un deporte fantástico.

Otra cosa es esperar que algo como lo visto en Londres pueda repetirse por nuestras tierras. Faltan demasiados recursos y la cultura del "me gusta algo nuevo si gana alguien de los míos" no ayuda en absoluto a acelerar los tiempos. Además, así como el fútbol crece hasta en los pedregales, el rugby necesita un mínimo acondicionamiento con el fin de evitar lesiones y resultar más atractivo para las nuevas generaciones. Las universidades (con una actitud más multidisciplinar) están poniendo su granito de arena, la presencia de equipos como el Atletico de Madrid o el Barça (a pesar de los recortes) consiguen atraer a más aficionados y una vez el campeonato nacional consiga subir de nivel, es de esperar que el rugby español consiga expandirse.

Mientras tanto nos queda disfrutar con ese ambiente pseudo-amateur que tanto engancha, todas esas concentraciones playeras inextinguibles y la posibilidad de seguir viendo a los más grandes desde lejos vía televisión.

Tras lo visto en Twickenham este año, parece evidente que el rugby se encuentra en una de sus etapas más trascendentales. El peligroso salto a la fama sin perder el espíritu de siempre. Si continúa el pasillo de ambos equipos al finalizar un encuentro y las cervezas no faltan en el tercer tiempo, todo irá bien.


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