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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Delirante Narbona

Carmen Tomás
Redacción
miércoles, 9 de agosto de 2006, 15:04 h (CET)
Es sorprendente la actitud que durante estos últimos días está mostrando la ministra de Medio Ambiente. Cristina Narbona ha tomado el camino de echar la culpa a otros para intentar tapar su incapacidad, su frustración, su falta de previsión. La diligencia con que se sumó a la decisión de los socialistas de eliminar el Plan Hidrológico Nacional sin alternativa ha sido su calvario estos más de dos años en el Gobierno. España está seca, no hay agua. Y en lugar de ponerse manos a la obra, se ha dedicado a faltar a la verdad y a insultar, por ejemplo, a los murcianos de derrochar el ansiado elemento. No es la primera vez que lo hace. Pero, en esta ocasión, se ha pasado. Fue fácil cargarse un plan y además ¡qué narices! era del PP. Sin embargo, ¡qué difícil es, verdad! encontrar nuevas vías que ayuden a paliar, aunque sólo fuera en parte, la sequía de una parte importante del país.

Pero, con ser esto grave, no le ha debido parecer suficiente. Para tapar igualmente la incapacidad de no haber puesto en marcha un programa nacional contra el fuego, sabiendo como sabíamos todos, que si el año pasado fue malo, éste no se iba a quedar atrás, la ministra ha insinuado que entre los pirómanos de Galicia pueden estar las personas que este año no han sido contratadas por la Xunta para estos menesteres por no saber gallego. Esta denuncia, que aparece en el diario El Mundo de ayer martes, y que demuestra muchas cosas, entre ellas el sectarismo con que actuando los gobernantes en Galicia, ha influido con toda seguridad en lo mal que se han gestionado los trabajos de extinción. Es delirante que la ministra Narbona se atreva a realizar esas afirmaciones para salvar su cara y la del Gobierno socialista y nacionalista gallego. Y, más todavía que lo haga para ocultar su nulo aprendizaje de la experiencia del año pasado. En casos tan graves como los vividos estos días, la ministra de Medio Ambiente no puede escudarse en que las competencias están transferidas. Que media España arda o esté en peligro de hacerlo, es un asunto nacional, o sea de su incumbencia y responsabilidad.

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