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Opinión
Etiquetas:   Columna de opinión  

Landis y las porquerías

Agustín Jiménez
Redacción
martes, 8 de agosto de 2006, 12:09 h (CET)
Una comisaria europea encargada de estas cosas dio a conocer una vez los resultados de un análisis testimonial que se había hecho. Resultó que su cuerpo germánico, aparentemente sano, contenía varias docenas de sustancias prohibidas ingeridas por despiste, respirando o comiendo. Los profanos hay varias cosas que no entendemos: Primero, cuál es la diferencia entre la física y la química. Una naranja es una composición química con el mismo derecho con que una aspirina es un producto físico. Si la preferencia es por el producto natural, tal como se recoge del árbol -eso descontando los arreglos genéticos y los espolvoreos de pesticidas-, ¿por qué se recomienda el azúcar y no se recomienda ingerir sin más una aspirina?

¿La aspirina tiene efectos, incluso positivos? El azúcar, por su parte, dicen que siempre acelera el envejecimiento. Otra cosa: a los niños se les recomienda que tomen jamón, leche, fruta a destajo, que consuman pescado para hacerse tan listos como los japoneses, que mastiquen rabas de pasa y así se hagan unos memoriones. En momentos de apuro, se nos incita tragar vitaminas artificiales, que son de colores vistosos. El marketing farmacéutico ha ido poniendo de moda una dieta industrial puntuada por pastillas antioxidantes, cápsulas de betacaroteno y organismos misteriosos gracias a los cuales se vuelven a valorar alimentos tradicionalmente en desuso, que ahora resulta que contienen, por ejemplo, omega 3, lo que también suena a composición química. Las consignas consumistas se transmiten con ayuda de medios de vulgarización científica y haciendo caso omiso de estudios más sesudos. Sin ir más lejos, el último número de 'New Scientist' declara nula y sin efecto la acción de las pastillas antioxidantes y apunta a los efectos negativos e incluso cancerígenos de otros pretendidos remedios.

Sea como sea, nunca ha sido tan general la creencia que de lo que se come se cría. La gente pública y los deportistas, las modelos anoréxicas y los deportistas de energía inagotable, toman buena nota. ¿Se les puede censurar? Contra las agujetas, la gente normal se defiende tomando azúcar. Es legal. Los ciclistas, por ejemplo, se defienden inyectándose esas cosas que han venido estos días en los periódicos. Esto no es legal porque les hace daño. Pero también quedamos en que el azúcar envejece. Tampoco es legal que un deportista se haga transfusiones de su propia sangre (Si no se compite, el asunto carece de importancia). Pero una técnica oriental muy socorrida es beberse en ayunas la propia orina. Claro que los fakires no corren en bicicleta; si corrieran, a lo mejor sería una práctica prohibida. Alguien, un secretario de estado para el deporte, un director del 'Tour', debería explicar todo esto.

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