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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Cincuenta años con la tele

Francisco Muro de Iscar
Redacción
miércoles, 9 de agosto de 2006, 09:25 h (CET)
Cincuenta años cumple la tele en octubre y veinticinco tiene ya el ordenador. Si nos quitaran cualquiera de esos dos instrumentos que han revolucionado la existencia, nos quedaríamos desamparados. Aunque se puede vivir sin televisión y sin ordenador -¿se puede?- nadie concibe el mundo sin ellos. Son dos de los más grandes inventos de los últimos quinientos años. Otra cosa, sin embargo, es que saquemos de ambos el mejor rendimiento o que nos sirvan para crecer, para mejorar. Hay muchas cosas interesantes, y positivas, en la historia de la televisión. Y algunas negativas, claro, pero el balance es bueno en términos generales. Gracias a la televisión hemos asistido en primera fila a todos los grandes acontecimientos mundiales. Sólo por eso habría que hacerla un monumento.

El suplemento dominical de un diario nacional ha dedicado casi un monográfico a conmemorar cincuenta años con la caja tonta en casa. Me ha llamado la atención la encuesta con veinte reconocidos críticos y profesionales sobre los mejores programas de estos cincuenta años. Han votado los mejores informativos, series de ficción, nacional e internacional, concurso, programa de divulgación, musical, espacio de humor, show, espectáculo más innovador, programa y serie infantiles, es decir, todo lo que ha dado de si la televisión en estos cincuenta años. Y hay algo curioso: salvo 'Informe Semanal', no hay ninguno de los programas actuales entre los primeros y sólo tres -'Estudio 1', recién resucitado, 'Las noticias del Guiñol' y 'Buenafuente'- entre los que subirían al podio imaginario. Es todo un síntoma de que, pese a contar con medios espectacularmente mejores que los que se tenían hace cincuenta, cuarenta, treinta, veinte o diez años atrás, con más competencia y con mucha más libertad y con mejores profesionales, muy pocos programas actuales -si exceptuamos algunas series españolas y alguna importada, los deportes y el cine- merecen la calificación de notables o sobresalientes. Claro que si hiciéramos la lista de los cien peores programas de estos cincuenta años -no sería mala idea- no tendríamos problemas para meter en la lista muchos de los que se emiten hoy.

Algunos opinan que falta calidad. Y otros que respeto y educación. Todos tienen razón. No añoro para nada los tiempos en los que sólo había una televisión, la mejor y la única, porque hoy podemos elegir, incluso elegir apagarla. Pero es lamentable que el criterio que mande sea el de las audiencias y que la basura se haya convertido en la primera marca de programas. O que nos inunden los anuncios, aunque algunos sean infinitamente mejores que muchos programas. La tele, que es la única compañía con la que hablan millones de españoles, se nos ha hecho mayor, pero no se ha hecho mejor. Es una pena.

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