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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

La exigencia del idioma

José Cavero
Redacción
miércoles, 9 de agosto de 2006, 09:25 h (CET)
No hay duda, en el Estatuto catalán, como en las normas que a cerca de la utilización del catalán ha venido elaborando el Gobierno catalán de la última década, residen muy buena parte de las quejas y reticencias de muchos. El hecho de que esté siendo obligatorio rotular los nombres de los comercios en catalán, y sancionados severamente los propietarios de establecimientos que no se someten a esta norma, por ejemplo, o el hecho de que diputados catalanes hayan merecido muy severas críticas, o lo que es igual, un silencio atronador por emplear el castellano en sus intervenciones, ha hecho bien poco en la "construcción de Cataluña". Los profesores, los jueces, los funcionarios, han de saber catalán para obtener empleo en una parte de España llamada Cataluña. Y las familias llegadas de otros puntos de España han de dar por bueno que la enseñanza y la educación se impartan excluidamente en catalán. La pregunta se ha hecho en multitud de ocasiones: ¿Es eso justo en una nación, España, en la que el idioma preferente es el español o castellano? Claro que también son españolas las otras lenguas nacionales.

Pues bien, más de lo mismo empezamos a tener en Galicia, donde el uso exclusivo del castellano cierra puertas o dificulta la obtención de un puesto de trabajo. El caso que se nos pone como emblemático, en estas fechas en las que Galicia parece estar ardiendo por sus cuatro costados, con medio centenar de focos de fuego abiertos, es el de un profesional de la lucha contra incendios forestales: Ha de saber gallego para ser contratado por la Xunta para trabajar en la lucha contra incendios, según regula la Consejería de Presidencia, Administraciones Públicas y Justicia de la Xunta Gallega. Una norma, se asegura, que ha impedido la contratación de muchos trabajadores especializados y con amplia experiencia en esa tarea. Y así las cosas, con tales exigencias, resulta que "arde Galicia", o que está en llamas "a nazón de Breogán", como pretende denominarse esta región en el futuro Estatuto.

Nadie se puede sorprender, a estas alturas, porque uno de los propósitos de los gobiernos autonómicos sea el de potenciar y alentar el idioma local. Es una riqueza que no conviene dilapidar ni despreciar, sino todo lo contrario. Pero parecería más lógico el planteamiento contrario: primero atendamos lo urgente y ya llegará el tiempo de prestar atención a lo conveniente. Apaguemos los fuegos que arruinan el país y ya se impartirán nociones sobre cómo entenderse en la lengua del lugar...

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