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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Una casa voladora como lugar de peregrinación católico

En Dios también hay lugar para el cuerpo físico
Vida Universal
martes, 25 de junio de 2013, 06:51 h (CET)
En torno a la casa donde nació María, la madre de Jesús de Nazaret, hace tiempo se originó una tradición extraña. Según la leyenda, la madre de Constantino el Grande, durante su peregrinaje a Nazaret en el año 326, al contemplar una cabaña, se sintió sobrecogida por el reconocimiento de tener ante sí la casa donde nació María. Aproximadamente 1000 años más tarde, en el año 1291, algunos ángeles transportaron esa casita a Croacia, para salvarla de los musulmanes, quienes habían conquistado Jerusalén. Tres años más tarde los ángeles la volvieron a trasladar a Recanati, en Italia, y después a la colina de Loreto donde se construyó una catedral, que hasta la actualidad sigue siendo un lugar de peregrinación. En base a esa leyenda de la casa volante, Benedicto XV en 1920, nombró a la virgen de Loreto patrona de los aviadores.

El que la Iglesia católica apoya y fomenta este tipo de leyendas se puede reconocer en las visitas que los Papas realizan a esos lugares. Josef Ratzinger visitó también la supuesta casa de nacimiento de María, a pesar de que aludía repetidamente al entendimiento. Para él no fue un problema retomar el culto a las extrañas leyendas de sus predecesores, lo que se ve claramente en una de sus declaraciones del año 2005: «María fue acogida en cuerpo y alma en los cielos. En Dios también hay lugar para el cuerpo físico». Con esta frase queda al descubierto la idolatría pagana en la que se basa el catolicismo. Pues esa declaración no tiene nada que ver con lo que enseñó de Jesús. La ascensión en cuerpo de María nunca existió. María regresó en espíritu al Hogar eterno porque ella cumplió los Mandamientos de Dios, así como su tarea divina.

Nos gustaría invitar al lector a pensar y reflexionar de una forma libre sobre lo absurdo de las muchas tradiciones paganas y la idolatría con que se ha “adornado” todo lo relacionado con Jesús de Nazaret. María llevó a cabo algo muy grande en condiciones pésimas y sin dudar de Dios. María resistió y cumplió su misión divina, por eso se merece ser rehabilitada y liberada del culto pagano inventando por los sacerdotes con el que se ha abusado de su nombre. Y sí realmente queremos ser agradecidos con ella, pongamos en práctica lo que nos enseñó Jesús, su hijo. Así con el tiempo desarrollaremos lo que ella nos mostró con su ejemplo: la mansedumbre, la humildad, la pureza de corazón, la profunda fe y la confianza en Dios. Quien cumpla los Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña de Jesús no necesita una enseñanza dogmática que idealiza y ensalza a las personas, a lo humano, sino que encontrará el camino hacia sí, hacia su prójimo y hacia una unión interna con Dios.
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