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Etiquetas:   En cinco minutos   -   Sección:   Opinión

Los malos también existen

Hagamos que los niños crezcan sabiendo que en el mundo que les ha tocado vivir existe tanto la bondad como la maldad
Manuel Mariscal Zabala
@MariscalZabala
jueves, 20 de junio de 2013, 07:27 h (CET)
Se cometen maldades a diario, todos lo sabemos, aunque no siempre nos detenemos para analizar las causas que las provocan ni tampoco hacemos lo suficiente para evitarlas.

Hace unos días un joven canadiense vio que uno de sus compañeros de pupitre estaba siendo agredido con un arma blanca por otros alumnos de su colegio. Lo primero que se le vino a la cabeza fue socorrer a la víctima pensando, según relató después, “creer hacer lo correcto”. Pues bien, el pobre chaval, llamado Briar Maclean, fue castigado. El subdirector del centro llamó a la madre para explicarle que su hijo se había intentado comportar como un héroe. “No toleramos actos heroicos en esta escuela", le comunicaron.

La madre, supongo, seguirá confusa y el chaval estará aún en un debate interno entre sentirse orgulloso por ayudar y posiblemente salvar la vida de su compañero o creerse el villano de esta historia por detener al mal. Y es de esto de lo que os quiero hablar: la maldad existe a pesar de que algunos se empeñan en querer ocultarla.

Muchos son los partidarios de que los niños solo vean dibujos animados o películas donde todos los personajes son buenos, o si hay malos que sean poco malos, o malos a medias o malos buenos o simplemente personajes menos buenos. Y me pregunto si cuando estos niños se tengan que someter a situaciones como las de Briar Maclean, deberán actuar como él o si por lo contrario deberán pensar que el chaval que amenaza a otro con un arma en el fondo no es tan malo y que su intención tampoco, y que el final siempre será como en los cuentos de ahora: ante todo contentos y tan amigos.

Pues no, deberíamos enseñarles que en la vida real, por desgracia, existen violadores, maltratadores, asesinos, secuestradores, pederastas, terroristas, corruptos. Gente egoísta, mentirosa, envidiosa. Personas que se aprovecharán como sanguijuelas. Advertirlos que, cuando sean mayores, en algún momento tendrán que lidiar con ellos. Hay que prepararles para diferenciar entre éstos y los buenos. Enseñarles que también existen personas que dedican su vida a los demás. Que existen pacifistas que creen en un mundo donde la guerra sea un mal recuerdo. Hacerles ver que existen víctimas que se deben sentir orgullosas del sistema en el que viven al ver al causante de su mal entre rejas y si no se arrepiente de verdad verle así de por vida, porque la maldad no se quita solo por estar en la cárcel. Ni desaparece así sin más, como en los cuentos de ahora.

Hagamos que los niños crezcan sabiendo que en el mundo que les ha tocado vivir existe tanto la bondad como la maldad, que tendrán que combatir. No olvidemos que no por el hecho de ocultar la existencia de la segunda se hace más fuerte a la primera, pues como dijo Edmund Burke: “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”. Algo que parece que la dirección del centro de Briar Maclean no sabe o no entiende.
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