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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

'Castell'. Imprudencias temerarias

José Luis Palomera
Redacción
martes, 8 de agosto de 2006, 03:19 h (CET)
Muere una niña de 12 años que cayó de un “castell” en las Fiestas de Mataró. La fallecida, miembro de una 'colla' de Mataró, estuvo dos semanas hospitalizada.

¿Cuantos más tendrán que caer de la majadería humana para que se prohíba por ley la participación del menor, lo quieran sus padres o no? Los padres no tienen ninguna potestad sobre las vidas de sus engendros...

En todos mis artículos es difícil no encontrar critica hacia mi forma verbal a la hora de comentar los mismos.

Yo comprendo que las palabras no son la más elegantes, sin embargo, yo no escribo para vestir el verbo de gala, escribo para despertar la conciencia atrofiada de confort de los seres humanos. Además de escribir desde la óptica neutral en cuanto a mi condición humana, ya que, aunque humano, no me siento identificado con la mayoría de estos.

¡Borregos! sería la palabra que menor fuerza tendría si los demás seres vivos pudieran hablar. Estos seres, a los que denominamos animales, recriminarían las actitudes “salvajadas mentales” que en salvaguardas de las tradiciones se continúan produciendo por este mundo de adrenalina linfática.

Ninguna, absolutamente ninguna tradición merece la recién vida de la inocente niña... Ninguna tradición que comporte riesgo o menosprecio hacia los demás seres vivos. Hacer un castillo humano, no sirve absolutamente de nada que no sea lo anteriormente dicho, no sirve ni a la ciencia ni a ningún ser vivo, únicamente sirve para rellenar las mentes de emociones propias, diversión y relax.

Yo soy un menesteroso diablo, pero les aseguro que nadie en su sano juicio, ningún ser vivo, ya sean borregos, cabras, hormigas, caballos, perros, etc., ninguno, expondría a sus hijos a semejante idiotez. Solamente hay que ver como los progenitores de estos dan la vida si fuera neceser en defensas de sus cachorros, incluso las ratas, si intentas hacer daño a su camada, se vuelven y con rabia y te hacen frente.

No dudo que muchos progenitores -no confundir con padres- darían mil veces la vida por sus hijos, pero es tal el nivel de confort que nos envuelve que no se dan cuenta que más que defenderles de los demás se les “asesina de estúpidas y mortales tradiciones.”

Cantidad de jóvenes muertos o en sillas de ruedas por un excesivo calentón de adrenalina, cual sandez extrema: ponerse delante de un toro, entre otras estupideces peligrosas, pululan por nuestra España, festejos donde si no producen riesgos, no son fiestas. Y que me dicen de “La Tomatina” cientos de kilos de tomates derramados entre vino, arcadas y regodeo mientras en otros continentes se comen hasta los mocos para poder sobrevivir un día más, una hora o tal vez un segundo de los padres -no progenitores- que a los ocho años ya le compran a sus hijos, esas motos infernales que luego traen muertos y más muertos.

La falta de valores es un clamor hoy día en el mundo de la súper prosperidad, comodidades que predisponen a buscar nuevos desafíos donde saciar hasta la muerte el propio ocio.

Años atrás se pensaba en como comer, vivir, amar, trabajar, fundar un hogar y ser responsables con la casa de todos, la Tierra.

Hoy no se piensan en comer, se piensan en emborracharse, no se piensa en coger el atajo más cercano para llegar a casa andando, se piensa en montarse en parafernales máquinas de acero hasta estrujar del “cuenta kilómetros” su último halito de su sangre.

Hoy no se labra la tierra, ni se busca cobijo en las sombras de los pinos, hoy se la contamina mientras se desangra de injusticia social, ávidos de vivir unos con las muertes de otros. Quienes vengan detrás, si llegan a venir, que se mueran según nazca podrido entre los neutrinos de una Tierra asfixiante que agoniza entre pueriles seres infames con orejas y ojos que años atrás se proclamaban “Homo Sapiens”

Que el Dios Cosmos bendiga a la niña que se fue víctima de una diversión donde jamás debió de participar, ya que no es prudente, ni mucho menos inteligente, elevarse al cielo sin antes tener los pies bien asentados en la lógica terrena.

La vida que se fue víctima de un fallo innecesario, no era de sus padres ni tan siquiera de la propia niña, la vida es del Cosmos al cual debemos respeto y salvaguarda de la misma.

Yo me pregunto: ¿Qué dice el defensor del menor, del trágico asunto? ¿Cómo es posible que se permita poner en peligro las vidas de los menores sin tomar medidas urgentes en su defensa?.
¿Dónde estaba el defensor del menor? ¿Quizás haciendo de base en el “Castell”?
¿O tal vez fueran los propios padres de la niña quienes hacían de base en el castillo humano, donde desgraciadamente moriría su hija?

Yo conozco personalmente varios lesionados de por vida a causa de caídas en estas formaciones humanas que al parecer no tienen techo...
¿Cuantos más tendrán que caer de la majadería humana para que se prohíba por ley la participación del menor, lo quieran sus padres o no? Los padres no tienen ninguna potestad sobre las vidas de sus engendros...

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