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Espías

Los espías de hoy son algo distintos a los de ayer, cuando aquello de la guerra fría y de James Bond
José García Pérez
miércoles, 19 de junio de 2013, 07:12 h (CET)
Esto del espionaje se está convirtiendo en el pan nuestro de cada día. No se sabe a ciencia cierta quiénes son los espías y quiénes los espiados; lo único que se sabe o supone es que todos, especialmente los señores del mundo, sienten sobre ellos la lupa de Holmes o la incrustación de un pequeñísimo micro, o artefacto que escapa a nuestros pobres saberes, para que sus conversaciones, actitudes -polvos incluidos-, broten a la luz pública, luz que derrama sombras de conspiraciones y dudas.

Hasta uno mismo, infeliz hombre que escribe en la intimidad de su desordenado despacho de papeles y libros sin clasificar, no sabe si estas líneas torpemente tecleadas tras un suculento plato de alubias llegan a ser pasto de la CIA, de la antigua KGB o de los mafiosos y complicados aparatos de información del resto de países desarrollados, incluidos en ellos nuestra querida España; pero si así fuese no quepa la menor duda que a todos les hago la peineta en el buen sentido de la palabra, o sea, en ese que ustedes, amigos de la intimidad, suponen en estos momentos.

A nivel internacional, ya saben, los famosos G-20 y la élite de los mismos, el G-8, tiemblan ante la posibilidad de saber si el resto del mundo, o sea, usted y yo, vamos a enterarnos si se aprueba que los magnates mundiales de la “paz” aprueben armar a los rebeldes de Egipto o Turquía para derrocar a los regímenes actuales; por cierto, hablando de naciones, existe alguien, espía o no, que me pueda decir qué es de Libia, sí, digo bien, de Libia, aquella posible nación, y digo posible porque ignoro si lo sigue siendo, que comandaba un tal Gadafi que, de la noche a la mañana, pasó de terrorista a presidir la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, ay la ONU, la madre de la UNESCO y la FAO, que determina si una nación puede, o no, ser arrasada por bombas racimos y cosas por el estilo.

Los espías de hoy ya no son como el cínico James Mason en el film “Operación Cicero” que obtenía, como mayordomo fiel, fotos de comprometidos documentos. El espía de hoy chivatea si Obama está a favor de construir una primavera fértil de muertos en Siria o si Putin, el antiguo jefe de la KGB, cree que es mejor mantener el invierno tranquilo de un dictador.

Ay, Dios, los espías de hoy son algo distintos a los de ayer, cuando aquello de la guerra fría y de James Bond, el de las chicas como templos divinos.

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