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Asamblea constituyente en Bolivia

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 8 de agosto de 2006, 03:19 h (CET)
La evolución de este país sólo a sido noticia cuando han “temblado” las multinacionales ante el estrago que veían venir como consecuencia de las nacionalizaciones y ocupaciones de hidrocarburos con las que se inició la nueva Presidencia de la República. Sobre el pintoresco Evo Morales se ha escrito mucho, ya que no ha renegado, ni encubierto, su humilde origen de entre la etnia “aymará”, y ha llevado su exotismo a las Cumbres de gobernantes con toda naturalidad.

Ayer, en Sucre, la capital boliviana, se celebró la inauguración de la Asamblea “constituyente”, presidida por una mujer campesina y “pobre”, orgullosa también de su etnia, y ataviada con los típicos poncho y sombrero. Silvia Lasarte, se llama, lo que conduce, junto al ambiente de festejo callejero celebrado con motivo de esa inauguración, inevitablemente, a la raigambre hispana de Bolivia de todos conocida. La ciudad, fundada en 1538, no ha crecido mucho (190.000 habs.), pese a ser la capital del Estado. El estilo colonial se puso en evidencia al discurrir por el centro histórico un desfile de los pueblos originarios bolivianos (36), y, precedido por la Banda de música del Ejército, que, retrotraía, con su repetida melodía, a las fanfarrias del Siglo de Oro de España. En 1624 se estableció la Universidad de San Francisco Javier, que, entre sus escasas e iniciales cátedras contó con una de la lengua aymará. Ayer los festejos se retransmitieron en tres “idiomas” autóctonos, el quechua, guaraní, y, también, quechua, además de en español.

Evo, contempló el desfile indígena desde una balconada colonial de madera en la llamada Casa de la Libertad, donde se dieron los primeros pasos de la Independencia del cono Sur. Esa balconada, no es grande, como máximo, para dos docenas escasas de personas apretujadas; por eso, lo de “contempló”, no “presidió”, y su aspecto feliz, y emocionado al identificar conocidos entre los participantes, recordaba más –con toda distancia y respeto-, a un alcalde de pueblo que a un Presidente de República. Tal vez se puedan entender, de este modo, mejor, sus aparentes excentricidades.

La repetida melodía de la Banda, hizo desfilar, marcando un paso poco disciplinado, a los indígenas bolivianos ataviados, sin alardes, de ropas campesinas de “día de fiesta”, con una paritaria presencia femenina; portaban pancartas significativas del momento que vive hoy Bolivia. “Nunca más sin nosotros” –se refería a la ausencia indígena en los primeros casi doscientos años de Independencia; los “independientes” les tuvieron marginados-, y en la futura Constitución, para dentro de un año, su peso se ha de notar. Así mismo, la unidad boliviana se proclamaba como reivindicación social y sindical. Este último movimiento, tanto minero como campesino –donde se forjó Morales- ha sido el más fuerte aglutinador de la fuerte presencia indígena en la política actual boliviana.

En tiempos de la Independencia, los pueblos originarios bolivianos, no contaron, y, los descendientes de españoles gobernaron, y distribuyeron las riquezas, sin tenerlos presente. La conocida riqueza del subsuelo, dio lugar, primero al florecimiento de la minería destinada para el exterior en su inmensa mayoría. Más recientemente, el gas y petróleo, constituyen el gran tesoro del momento actual. La “marcha” de los pueblos originarios no era de “revolución”, sino de evolución democrática sobre la que se acrecentaba una figura que no era, precisamente, la del “Ché Guevara” -muerto en esas tierras en su intento de extender lo conseguido en Cuba-, sino la del Presidente Evo Morales, que, alborozado, aplaudía sin cesar al paso de sus compatriotas y correligionarios.

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