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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Comisiones Inútiles

José Cavero
Redacción
lunes, 7 de agosto de 2006, 10:30 h (CET)
Terminaron los trabajos de la Comisión de Investigación que fue constituid para depurar las responsabilidades, si las hubiera, del accidente del Metro valenciano, que causó la muerte en los días previos a la visita del Papa, a cuarenta y tres ciudadanos. Y terminó como había empezado sus trabajos: sin la menor aproximación de posiciones entre los dos grandes partidos del parlamento valenciano, populares y socialistas.

Los primeros reducen toda la tragedia al resultado de una triste y lamentable casualidad, a un infortunio del que nadie es responsable. Los segundos tienen igual de claro que el gobierno valenciano, y más concretamente su consellería de transportes, debió haber efectuado inversiones para modernizar esa línea del metro e incorporarle un sistema de frenado en el supuesto que se produjo: cuando el conductor se viera desbordado por una velocidad superior a la indicada por un trayecto inadecuado y con curvas peligrosas. Cada cual, en los pocos días de los trabajos de la comisión, han llegado a punto de partida, sin ceder un ápice al adversario político, y en el pleno extraordinario del próximo día 11 las Cortes Valencianas harán prevalecer la mayoría de la que dispone el PP gobernante.

No han tenido utilidad algunas de las comparecencias de técnicos, expertos sindicalistas que coincidieron en la conveniencia indiscutible de mejorar una red de metro anticuada, sencillamente porque hay doce mil kilómetros de vías ferroviarias estatales con sistemas de seguridad-inseguridad incluso peores que la accidentada. Por consiguiente, el accidente era imprevisible y resultó inevitable. No había nada que hacer ..., y nada se hizo. Si alguien sugirió o planteó abiertamente, tal y como efectivamente sucedió, la conveniencia de que había responsabilidades políticas que cargar a algún responsable -el consejero García Antón o el presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps- se esforzó en vano.

En esta cuestión como en otras en las que se ha buscado causalidad, -el efecto derivado de una causa: una incompetencia, un descuido, una negligencia, un presupuesto mal empleado- se ha respondido con la argumentación suprema de la casualidad o del providencialismo: el "Dios lo quiso", o el "Dios miraba para otro lado en ese instante", que pone broche final a cualquier debate. En el metro de Valencia, como en el incendio de Guadalajara o en los bombardeos israelíes que causan centenares de muertes en Líbano no hay más responsable que la conocida y popular frase feliz: "Estaba de Dios".

Indemnización a los familiares a costa del contribuyente, y suma y sigue....

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