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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La contaminación acústica

Francisco Arias Solis
Redacción
domingo, 6 de agosto de 2006, 22:01 h (CET)
“En mucho secreto, un amigo
me enseña el herbario de los ruidos.
(¡Chist... silencio!
¡La noche cuelga del cielo!).”


Federico García Lorca.

Si bien vivimos en un mundo de sonidos sin los que no podríamos concebir la existencia, también es cierto que la contaminación acústica es prácticamente la disfunción ambiental más sentida por los ciudadanos y contra la que protestan más activamente los andaluces.

Las principales ciudades andaluzas presentan unos niveles de ruido elevados como lo demuestra los resultados de un estudio realizado por la Administración andaluza. Este estudio subraya la especial contribución del tráfico a la contaminación acústica del entorno urbano, especialmente en las zonas cercanas a rondas de circunvalación y vías de circulación rápida en general. El tráfico se revela como la principal fuente de ruido ambiental urbano en nuestra comunidad con una contribución global del 75 por ciento.

Otras de la fuentes principales que motiva gran parte del ruido urbano es el producido en lugares de ocio como bares y discotecas, que alcanzan unos niveles de ruido muy altos, especialmente durante las noches de los fines de semana.

Según este estudio, los valores diarios más frecuentes en Andalucía se sitúan entre los 60 y 70 decibelios (A), lo que puede considerarse como un ambiente ruidoso y molesto.

Las perturbaciones sonoras pueden afectar a la salud de distintos modos, localizándose principalmente en el propio oído y en el sistema nervioso. Así, un ruido intenso puede producir un trauma acústico, llegando incluso a una sordera. En lo que se refiere al sistema nervioso, los efectos perjudiciales son diversos: alteración de la función respiratoria, cardio-vascular y digestiva, molestias, irritabilidad, cansancio, fatiga, falta de atención y concentración y, consecuentemente, también disminución del rendimiento.

Si bien el ruido no es un recién llegado a los ciudadanos, en estos últimos años se ha convertido en un huésped permanente y molesto, afectando a un alto porcentaje de la población, siendo uno de los primeros contaminantes.

La Ley de Protección Ambiental de Andalucía requiere que tanto los ayuntamientos como los agentes más directamente implicados en la lucha contra el ruido orienten su planificación urbana y mejoren sus ordenanzas municipales, limitando las instalaciones ruidosas en determinadas zonas de las ciudades y realizando planes municipales de ordenación de tráfico.

Pero no son sólo los ayuntamientos los responsables de este problema, también los ciudadanos pueden y deben contribuir a hacer su hábitat más agradable modificando sus conductas, es decir, no utilizando de forma alocada la bocina del vehículo, poniendo silenciadores a las motos y coches que carezcan de ellos, bajando el volumen de los equipos de música, televisión y radio, no vociferando por las calles o en las casas, eligiendo aparatos y electrodomésticos más silenciosos...

Entre todos podemos hacer que nuestras ciudades sean menos ruidosas y más tranquilas, en definitiva, más saludables. Y como dijo el poeta: “A gritos está mintiendo / la verdad de un corazón / que la esconde en su silencio”.

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