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Opinión
Etiquetas:   Columna de opinión  

Lo que queda del prestigio de Israel

Carlos Carnicero
Redacción
domingo, 6 de agosto de 2006, 09:07 h (CET)
Los partes en la guerra de Líbano señalan bombardeos sistemáticos sobre la población civil y destrucción meticulosa de infraestructuras básicas. Mil muertos y un país desolado, trasladado cincuenta años atrás en el tiempo, que tiene su desarrollo trucado para décadas. Nada que ver con el objetivo anunciado por el primer ministro Ehud Olmert de desarticular Hezbolá; lo que se está desvencijando es Líbano.

Israel basa la relación con sus enemigos en la disuasión que pretende su crueldad. Todavía no percibe que sus acciones inmisericordes cargan la munición más poderosa de sus contrarios: el odio para generaciones. Todo el universo musulmán se siente agraviado por la brutalidad de Israel. El tiempo solo puede determinar mayores crisis y peores guerras. Peligros añadidos para todos, pero también para Israel, que no incrementa la seguridad de sus ciudadanos con su actitud, sino todo lo contrario.

Nadie pretende retroceder a un universo anterior a la proclamación, en 1.948, del estado de Israel. Se trataría solo de definir fronteras seguras que establecieran la garantía de la existencia de estados vecinos sin agresividad. Pero Israel tiene por norma el incumplimiento sistemático del derecho internacional y ni siquiera las convenciones establecidas para las guerras les atañen. La barbarie de Israel nos compromete a todos en la misma medida que su persecución nos involucró siempre. Si Europa fue pasiva ante el genocidio, al menos en sus inicios, Europa es insensible al sufrimiento de libaneses y palestinos.

El prestigio de Israel ha quedado seriamente dañado en la vertiente de su crueldad pero también de su incompetencia. Uno de los ejércitos más sofisticados del mundo es derrotado en el plano militar -no consigue los objetivos por ellos mismos enunciados- y recurre a las masacres sobre la población civil como forma de terror. Utiliza el terrorismo sofisticado de aniquilar con el ejército objetivos llenos de civiles.

Israel sin prestigio, odiado por el inmenso universo musulmán, no tiene otro futuro que la progresión en la destrucción de sus enemigos. Ese horizonte es otro genocidio. No hacía falta constituir un estado para que las víctimas terminaran en constituirse en verdugos.

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