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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un acuerdo oportuno en un momento adecuado

No hay que quitar mérito al consenso entre Rubalcaba y Rajoy
Miguel Massanet
viernes, 14 de junio de 2013, 08:16 h (CET)
Es posible que, a algunos, les parezca un episodio de tono menor el hecho de que, por fin, y en el tema europeo, Rubalcaba y Rajoy, hayan llegado a un punto de consenso, que le va a permitir, al segundo, acudir a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE de los días 27 y 28 contando con el apoyo del PSOE y, es posible, que también con el de algún otro partido del arco parlamentario. Ya hemos tenido ocasión, como no, de escuchar, en algunos medios audiovisuales, opiniones sobre lo que para determinados periodistas es un acuerdo de tono menor, que no va a influir en nada en que Europa tome en cuenta nuestras opiniones y que, en todo caso, sólo se trata de un consenso de circunstancias, que no va a extenderse al resto de la actividad política española.

Es obvio que, en este país, hay muchos que viven a la caza de la oportunidad, aprovechando de donde viene el viento informativo para dogmatizar sobre lo que debe o no hacer el Gobierno, como, por ejemplo, ir reclamando insistentemente que el señor Rubalcaba y el señor Rajoy se pusieran de acuerdo en bien de los españoles y, no obstante, cuando esta circunstancia se produce, deciden cambiar de opinión y empiezan a sacar defectos, poner pegas y quitarle mérito a que exista tal consenso.

Para mí, que lo llevo reclamando desde hace tiempo, me parece perfecto que, aunque sea por una sola vez, ambos políticos, en representación de sus partidos, hayan tenido la suficiente flexibilidad e inteligencia para enfocar el tema europeo desde un punto de vista consensuado; en especial, en uno de los momentos en que, la posición del Bundesbank alemán, consiste en cortarle las alas al señor presidente del BCE, señor Draghi, por estimar que se excede de sus competencias al comprar bonos a los países de Europa del sur, “con el dinero de los alemanes”, algo que, al parecer, no están dispuestos a que siga ocurriendo. Todos sabemos que este asunto está en manos del Tribunal Constitucional alemán quien tendrá, en definitiva, la última palabra.

Los habrá que pretendan ignorar la importancia capital de luchar unidos en contra de que se modifique la actual política del BCE, del señor Draghi, a favor de la ayuda a España y otros países en dificultades, proporcionándoles liquidez para evitar el colapso que volvería a suponer para nuestra nación el regresar, de nuevo, a los niveles de hace unos meses, cuando nuestra prima de riesgo rondaba los 600 puntos. Lo que, evidentemente, sucedería si la desconfianza de los inversores se volviera a instalar en las bolsas y tuviéramos que financiarnos, de nuevo, pagando los elevados intereses y primas que, por poco, nos llevaron a la necesidad de ser rescatados, con las fatales consecuencias que, en ocasiones, tal intervención ha tenido para países como Grecia que han venido padeciendo los garrafales equivocaciones de enfoque, cometidas por Bruselas y los del ECOFIN con sus famosos controladores, los de la Troika; errores que han sido denunciados por la señora Lagarde, presidenta del FMI y, ahora, aquella nación y nuestra vecina Portugal, los están pagando al encontrase abocadas a situaciones de evidente peligro involucionista.

Este acuerdo entre el PP y el PSOE, aunque sea obligado por las circunstancias y no sea de largo recorrido pudiera sentar las bases, siendo optimistas, para un cambio de las relaciones entre ambos partidos, de modo que, sin abjurar de sus programas ni de sus disensiones, algo perfectamente compatible, en aquellos puntos importantes, por ejemplo el tema catalán, pudieran llegar a acuerdos lo que, evidentemente, sería muy beneficioso para los españoles y toda España. No seamos tan inocentes que podamos pensar de que, fuera de España, no están atentos a todo lo que ocurre dentro de nuestras fronteras, de lo que se dice en nuestro Parlamento y de los problemas que, el separatismo catalán y vasco, especialmente el primero, están creando a todos los españoles. Todo cuenta y todo suma para los europeos en cuanto a su percepción de la imagen que tienen formada de España.

A veces pensamos que, una gran parte de lo que está sucediendo en nuestra nación; que quienes son responsables de la desmoralización de los ciudadanos españoles y de la retracción de nuestra economía, así como del concepto exageradamente distorsionado de lo que representa la economía española en el concierto europeo como nación integrada en la UE; se debe a la poca confianza que tenemos en nosotros mismos, en nuestras posibilidades de remontar la crisis y la imagen de debilidad que nos empeñamos en ofrecer ante quienes, en la UE, son los que deciden lo que hacer o dejar de hacer. Tengo la desagradable sensación de que, hasta ahora, siempre hemos ido en plan de víctima a las reuniones europeas; que le hemos dado demasiada importancia a las amenazas de una señora Merkel o a las opiniones de países que como Holanda, Dinamarca o Finlandia que pretenden constituirse en los “mandones” de la UE, sin que sepamos, excepto en el caso de Alemania, el por qué se han atribuido este papel.

No sé, porque las posturas de naciones como Francia e Italia no es fácil de averiguar de qué parte están y, como ya he expresado en otras ocasiones, todavía no se ha formado un frente común para defender que las naciones del sur de Europa somos, quieran o no los alemanes y su Tribunal Constitucional, una parte esencial de la CE y que, sin ellas, la aventura del euro fracasaría irremediablemente. Puede que, para los alemanes, no fuera lo peor que les pudiera ocurrir, pero es evidente que para el resto, excluido el Reino Unido, significaría una catástrofe de tan imprevisibles consecuencias que, ni a China ni a Norte América podría dejarlas indiferente. En todo caso, lo que sí es cierto es que, el hundimiento de Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, España y Chipre no podría ser asimilado por el resto de naciones europeas, tanto por las inversiones que tienen en estos países, como por las relaciones comerciales existentes entre ellas; sin que ello supusiera una grave quebranto para todas ellas, incluida la gran Alemania que, por cierto, ya está notando los efectos de sus férreos recortes en sus exportaciones, que han notado los efectos negativos del impacto de la crisis en los países con los que tiene relaciones comerciales.

No, señores, sin ninguna duda que, quienes no dan importancia a este acuerdo, por muy cogido por los hilos que esté, no saben apreciar la tranquilidad con la que se enfrentará Rajoy a quienes, como Alemania, parecen empeñados en conseguir que, una parte de la CE se someta a la otra, llevando a efecto aquel invento de la Europa a dos velocidades que, seguramente, sería la claudicación para siempre de aquellas naciones que no pertenecen al círculo de aquellos que nos miran por encima del hombro, quizá porque todavía no nos han perdonado que tuviéramos un emperador Carlos I de España, que tuvo puesta la bota sobre todos ellos.

Se trata de enseñar al resto de Europa que España, a pesar de todo, es una de las mayores economías de toda la CE; que es el puente natural hacia América, por sus relaciones especiales con la repúblicas sudamericanas y que se está convirtiendo en una potencia en muchos aspectos aunque, quizá sea por eso, por ser la segunda nación europea en la fabricación de coches y una de la que más exporta, para que, algunos, quisieran que nos descolgáramos de la UE. No lo van a conseguir porque, gracias a Dios, no somos fáciles de dominar. Que se lo pregunten si no a los que han intentado de alguna forma privarnos de nuestra libertad. O así es, señores, como valoro la situación.
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