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Etiquetas:   Copo   -   Sección:   Opinión

50 años: la edad peligrosa

Se habla cantidad de emprendedores y muy poco de empresarios autónomos que llevan una vida con la soga al cuello
José García Pérez
jueves, 13 de junio de 2013, 08:31 h (CET)
Más o menos, años arriba o abajo, el llegar al medio siglo de existencia se ha convertido en uno de los hechos más peligrosos que pueda ocurrirle a cualquier persona corriente en los momentos actuales de crisis económica y ansiedad creciente.

Claro es que lo primero que habría que preguntarse es qué se entiende por “una persona corriente”. Bien, vamos al toro: personas corrientes no son diputados, senadores y alcaldes de grandes o medianas ciudades en activo, banqueros de mayor o menor prestigio, grandes empresarios, líderes sindicales, funcionarios (que conste que lo fui), pensionistas de 1.000 euros hacia arriba (que conste que lo soy), monarcas y familiares, elite deportista, una docena de buenos narradores (no creo que hayan más), un par de poetas que vivan de lo que escriben y no, como la gran mayoría, que lo hacen de ser jurados y repartirse bolos y prebendas de las instituciones y algún que otro periodista que va de oca en oca, de tertulia en tertulia, obteniendo algunos pingües beneficios.

Personas corrientes, mocit@s o casad@s, son aquell@s que viven del sueldo privado de un pequeño comercio, el dueño del mismo, el currante de una empresa solvente, aquel o aquella que cualquier día puede verse sometido a un ERE, el pequeño agricultor, no hablemos ya de la estirpe jornalera y de todo aquel que, cuando menos se lo pensaba, lo ponen de patitas en la calle y si te veo al otro día no sé quién eres.

Se habla cantidad de emprendedores y poco, muy poco, de empresarios autónomos que llevan toda una vida con la soga al cuello, no digamos ya del trágico desempleo juvenil y de la emigración de nuestros mejores jóvenes, pero poco, muy poco, se habla del adulto o adulta que roza o sobrepasa el medio siglo de edad y que ya, se puede casi afirmar o jurar, se encuentra abocado a meterse las manos en los bolsillos, silbar, mirar escaparates y, si los tiene, ir comiéndose los pocos ahorrillos que tenía.

Hombre o mujer, este ejemplar de ciudadano, es el que realmente la está pasando canutas y puebla los comedores sociales. Medio siglo, oh Dios, la edad maldita en este páramo de indignidad. .
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