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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El maltrato infantil

Francisco Arias Solis
Redacción
sábado, 5 de agosto de 2006, 16:29 h (CET)
“Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.


Miguel Hernández.

Un fenómeno de gran interés, al mismo tiempo que terriblemente dramático, en el que se pone muy claramente de manifiesto cómo se conculcan los derechos de los niños, es el del maltrato infantil. Las acciones que se consideran bajo esta denominación incluyen cuatro categorías: la violencia física, el abandono físico y emocional, el maltrato emocional y la explotación sexual.

Este problema resulta cada día más preocupante y es particularmente agudo y llamativo en los países adelantados. El maltrato supone ejercer la violencia física o psíquica, de forma no accidental. Se podría decir que en otras épocas el trato dispensado a los niños era mucho más duro que en la actualidad y, por ejemplo, los castigos físicos eran muy frecuentes en la casa y en la escuela. Las conductas infantiles consideradas inadecuadas se reprimían con enorme dureza. Pero sin que puedan justificarse, esas prácticas diferían del maltrato que actualmente se produce en los países desarrollados.

El maltrato que supone hace sufrir a los niños innecesariamente, es un tipo de conducta que no tiene ningún adaptativo, que no contribuye a la supervivencia de la especie y que, por tanto, es una conducta que no ha podido ser seleccionada a lo largo de la evolución del hombre. Sólo pueden ser producto de las alteraciones que la cultura ha producido en las formas de vida tradicionales.

En los estudios sobre el maltrato infantil en los países occidentales se suele considerar que el maltrato proviene de tres tipos de factores: las características de los padres, su historia, el haber sido ellos mismos sometidos a malos tratos, sus rasgos psicológico; rasgos del niño de que se trate, el que no haya satisfecho las expectativas de sus padres, que no sea del sexo deseado, esté enfermo, llore mucho, sea feo, no haya sido deseado, etc.; factores ambientales y sobre todo alteraciones en el medio y desajustes de los padres, bajo nivel socio-económico, alcoholismo, drogadicción, marginación, etc.

Los estudios transculturales ponen de manifiesto que la violencia social, que se ha utilizado para explicar el maltrato de los niños entre nosotros, no está necesariamente ligada con la violencia ejercida sobre los niños, de tal manera que es posible encontrar sociedades muy violentas en las que el maltrato no tiene incidencia. Lo mismo sucede con las dificultades económicas y la escasez de la comida que tampoco conducen al maltrato.

El maltrato de los niños es una conducta aberrante pues no tiene ningún valor adaptativo: los animales se pueden comer a sus crías si son muy numerosas o no tienen con qué alimentarlas, pero no la maltratan inútilmente. El que esa práctica se extienda en los países desarrollados muestra el grado de deterioro de nuestra sociedad.

El desarrollo social que se ha producido en los últimos dos siglos está alterando pues, de una manera muy profunda las condiciones de vida de los hombres, con efectos cuyo alcance desconocemos. Se habla mucho de la destrucción del ambiente natural, de los atentados ecológicos que los hombres cometen, de la destrucción de la naturaleza, pero se es mucho menos consciente de cómo los cambios en las condiciones de vida social pueden estar afectando al desarrollo de los hombres con la aparición de trastornos y de enfermedades de tipo psicológico y de otro tipo. Vivimos en unas condiciones muy distintas de las que han tenido nuestros antepasados durante cientos de miles de años. Se ha pasado de una familia extensa, viviendo dentro de un grupo social que desbordaba la familia y donde los sujetos estaban en contacto con una pequeña comunidad dentro de la que mantenían lazos intensos, estrechos y continuos, a unidades familiares cada vez más reducidas y más aisladas, y donde el contacto con otros individuos está más regulados por factores externos que por las necesidades del individuo. Me refiero a que los niños viven en unas familias que cada vez tienen un solo progenitor y únicamente tienen contacto con otros niños en el colegio durante el horario escolar, en tanto que pasan largas horas viendo la televisión solos o con adultos con los que no mantienen intercambio.

Muchos de los cambios que el hombre ha introducido en las formas de vida sociales son probablemente muy beneficiosos, pero otros no lo son tanto y no están destinados a satisfacer necesidades humanas sino más bien la ambición de unos pocos. Y todavía nos seguimos preguntando, como el poeta: “¿Quién salvará a este chiquillo / menor que un grano de avena? / ¿De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena?”.

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