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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

El túnel del tiempo

Andrés Aberasturi
Redacción
sábado, 5 de agosto de 2006, 15:51 h (CET)
Perdida en la inmensidad de los canales vía satélite, al final de todo, cuando ya parece que no vas a encontrar nada de nada, se topa uno con "Cuba Visión", la emisora que el régimen de Fidel lanza al mundo para mayor honra y gloria de su nombre. Y la verdad es que "Cuba Visión" engancha hasta el punto que la tengo puesta entre mis favoritas. Salvo algún culebrón inevitable, se puede ver a la gente de lo que entonces fue la Nueva Trova, ballet clásico de magnífica escuela, lo mejor de la salsa... y, naturalmente, a "nuestro comandante en jefe" por activa y por pasiva.

"Lo que el yanqui necesita es una dosis más grande de jarabe vietnamita" decía el estribillo -pegadizo por cierto- de una clip musical que colocan entre un programa y otro y que casi siempre está dedicado al hermano Bush.

Imagino que con la enfermedad declarada por el mismo Fidel como "secreto de estado", la audiencia de "Cuba Visión" se habrá disparado. Y la sensación de los españoles de mi quinta es, seguramente, la que misma que la mía: esto ya lo he visto yo. Los informativos, y no pocos programas, se dedicaban una y otra vez a insistir en la "absoluta tranquilidad" con la que había asumido la enfermedad de "nuestro comandante en jefe" la sociedad cubana: las fábricas seguían produciendo, los comercios no habían cerrado y los transportes funcionaban con toda normalidad; lo cual no quería decir más de lo que quería decir, pues junto a esa "absoluta normalidad" quedaba patente en encuestas populares la preocupación de todos por la salud del "Compañero Fidel", lo cual no quería decir más de lo que quería decir porque también el pueblo cubano estaba al lado de Raúl y del Partido para seguir haciendo la ya viejísima y nunca terminada revolución.

Esos tres elementos combinados, la tranquilidad/normalidad, la pena por el padre enfermo y a la vez la confianza en que todo está atado y bien atado, es recordar lo que oficialmente ocurría en España todos sabemos cuándo. El problema es que en Cuba Raúl Castro no es Suárez, ni hay un príncipe llamado Juan Carlos ni la descomposición del régimen castrista es comparable a la que se daba en España con una prensa, por ejemplo, claramente partidaria de la democracia. Lo que pase en Cuba a partir de ahora, no creo que ni siquiera lo sepan ni los cubanos ni sus dirigentes. Pero da cierta tristeza cuando oyes en esas "encuestas populares" que ofrece "Cuba Visión" cosas como "ellos sabrán dirigirnos..." o "Fidel nunca se morirá"; me suena tanto esa resignación y ese sueño imposible de inmortalidad del líder, que casi tengo que pellizcarme para comprender que no he entrado en el túnel del tiempo.

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