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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Raúl en la hora de la institucionalidad

Carlos Carnicero
Redacción
sábado, 5 de agosto de 2006, 10:49 h (CET)
Cuba asiste al ejercicio casi imposible de la institucionalización de un poder colectivo en un universo en donde la figura omnímoda de Fidel Castro ha ocupado todo el escenario durante los últimos cuarenta y siete años. Ahora, su hermano Raúl, ungido como sucesor, es consciente del peso histórico de la figura de Fidel y blinda el sistema con los viejos cuadros del partido y con los jóvenes tecnócratas que pretenden continuar con el socialismo en un mundo que no comprende las excepciones.

Las próximas semanas serán del reino del rumor porque la salud del Comandante será el secreto mejor guardado por quienes saben que tan solo a noventa millas, Estados Unidos, ha esperado durante el mandato de nueve presidentes, el momento de su revancha histórica para domeñar a la pequeña isla del Caribe que no se sometió a los designios de un imperio al que nadie más se ha resistido.

Hay doscientos periodistas pendientes de visado para asistir, tarde lo que tarde, al último episodio de la revolución cubana de Fidel Castro. Lo que venga después, sea lo que sea, no será lo mismo, porque las condiciones personales del líder caribeño hacen de su obra algo irrepetible, independientemente del juicio de sus enemigos y de las glosas de sus incondicionales.

En España, Cuba es un asunto de consumo interno con pasiones desatadas. No es fácil la frialdad de un ejercicio de análisis dominado por los parámetros del cariño entre los pueblos y de la responsabilidad histórica con los cientos de miles de cubanos que riegan sus sangres con una mixtura de sangres españolas y cubanas.

Es hora de cooperar para que el futuro sea pacífico y acorde a la voluntad de los cubanos manifestada en libertad y sin injerencias de quien siempre ha querido decidir, desde la explosión del acorazado Maine, el futuro de los cubanos como si fueran figurantes de una parroquia propia.

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