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Conflicto en el desfiladore de Kodori: causas y consecuencias

Alexei Makarkin
Redacción
viernes, 4 de agosto de 2006, 15:56 h (CET)
La semana pasada las fuerzas armadas georgianas entraron en el desfiladero de Kodori, en Abjasia, territorio cerrado para éstas conforme al acuerdo de 1994 que establece las condiciones de realización de la operación pacificadora. Tbilisi ha anunciado ya la posibilidad de emplazar en la región el Gobierno abjasio en exilio. Este “gabinete de sombra” sui generis representa a los georgianos étnicos que se vieron obligados a abandonar Abjasia como resultado de la sangrienta guerra de principios de los años 90, provocada por Eduard Shevardnadze, presidente de Georgia en aquel entonces, y desastrosa para las autoridades centrales del país. Según la parte abjasia, en el desfiladero de Kodori se encuentran ya más de dos mil efectivos, material de guerra y helicópteros de Greorgia. Los dirigentes de Abjasia han dirigido con este motivo un llamamiento a la ONU, Rusia y la OSCE, señalando que la parte georgiana está violando el Convenio de Moscú del Cese del Fuego y la Separación de las Partes en Conflicto, del 14 de mayo de 1994, y sigue acrecentando su presencia militar en la parte alta de Kodori.

Ante todo, hay que recordar el motivo que suscitó ese desarrollo del acontecer. Emzar Kvitsiani, típico jefe de campaña, investido por el régimen tambaleante de Eduard Shevardnadze de las funciones administrativas en el desfiladero de Kodori, se negó a subordinarse al poder central en Georgia. Ahora Tbilisi lo acusa de que al controlar Svanetia, región habitada por los svanes (etnias que pueblan el desfiladero), ese jefe militar entró en colusión con los líderes abjasios tachados de separatistas por la dirección georgiana. Posiblemente eso sea lógico a su manera. Cuando durante muchos años la gente está en situación de enfrentamiento, mientras que el control sobre los defensores de la zona fronteriza no es suficiente, poco a poco la aspereza del conflicto se suaviza, aparecen puntos de contacto que no saben utilizar los funcionarios que viven lejos de la frontera y, por consiguiente, predominan en ellos los ánimos belicosos. Sin embargo, es más evidente que la colisión de intereses entre el presidente Mijaíl Saakashvili y el ex funcionario georgiano Kvitsiani acusa el marcado carácter de política interior.

Las razones de Kvitsiani están a la vista. Está acostumbrado a llevar una vida libre en su región donde hasta hace poco su influencia era inamovible. En lo fundamental, los svanes viven conforme a las reglas de sociedad tradicional, reconociendo la autoridad tanto de sus ancianos como de los “jefes militares”. Pero cabe señalar que si la autoridad del anciano es bastante estable, la del “jefe militar” depende de sus éxitos. Por esta razón precisamente, la población del desfiladero de Kodori apoyaba a Kvitsiani mientras era capaz de mantener relaciones compromisorias con las autoridades centrales, pero se ha distanciado de éste una vez surgido el conflicto directo con Tbilisi.

En el contexto de las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales el presidente georgiano Saakashvili optó por recurrir al uso de fuerza en la solución del problema de Kodori para demostrar a los electores los éxitos en materia de poner orden en el país y restablecer su integridad territorial. Saakashvili ha de demostrar su capacidad de obrar tanto a sus conciudadanos como a Occidente. Además, Svanetia podrá ser utilizada como polígono apropiado para realizar la táctica de Saakashvili, que no surtió efecto en Osetia del Sur: amplios programas sociales y ayuda humanitaria a la población. Si los osetios interpretaron tales medidas como intento banal de soborno, los habitantes de Svanetia asumen una actitud menos negativa respecto a Tbilisi y podrán acoger positivamente las promesas del Gobierno georgiano.

Además, desde el punto de vista estratégico, para el presidente georgiano es importante afianzarse siquiera en una pequeña parcela del territorio abjasio. Se podría utilizar tanto con fines publicitarios, como para crear una cabeza de puente para emprender una posible invasión armada en Abjasia. No es casual que la parte abjasia percibió en serio ese peligro y, a su vez, declaró que se reserva el derecho a impedir al “Gobierno títere” tener su sede en el desfiladero de Kodori.

¿Qué resultado podrá tener el enfrentamiento en Kodori? Ante todo, no sólo Abjasia y Rusia, sino también los delegados de la ONU, encargados de cumplir la función de observadores de la marcha de la operación pacificadora, califican de improcedente la presencia militar de Georgia en el desfiladero. Si Tbilisi considera a Rusia como patrocinadora de Abjasia (y, por consiguiente, parte interesada), pues la ONU cumple la misión de “broker honrado” equidistante con respecto a todas las partes, que observa al pie de la letra el cumplimiento de los acuerdos logrados, con los que están en pugna las recientes acciones de las autoridades georgianas.

En vista de ello, es probable que Saakashvili tenga que moderar su ímpetu en ese asunto concreto, si, naturalmente, no quiere tener problemas serios con la comunidad internacional. Otra cosa será que si después de establecido el control sobre el desfiladero de Kodori, las autoridades georgianas (sobre todo, el “partido de guerra” liderado por el ministro de Defensa Irakli Okruashvili) intensifiquen sus esfuerzos por cambiar el formato de las operaciones de paz en Abjasia y Osetia del Sur.

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Alexei Makarkin es subdirector general del Centro de Tecnologías Políticas, para RIA Novosti.

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