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Qué República

Todavía, aunque cada día son menos, quedan nostálgicos de la dictadura y de aquella República, la segunda, pues la primera duró menos de dos años
José García Pérez
lunes, 10 de junio de 2013, 10:21 h (CET)
Más o menos suenan tambores de República; esos redobles siempre me han gustado. Tal vez sea, no lo sé con exactitud, porque nací un día de enero de 1936, justamente el mismo, me refiero al día y al mes, que vino a este mundo Mozart.

Quiero decir que nací republicano, pero a los seis meses, aún con el pezón de la madre entre mis labios, un general se sublevó en armas contra la República constituida en las elecciones municipales de 1931, extraña forma, y más raro que el Rey, Borbón en cuestión, se largara de España; aquello, lo del general, que en un principio parecía un intento de golpe de Estado más, de los muchos que esta nación ha padecido y soportado, se convirtió en una guerra civil, incivil dicen los más finolis, que duró tres años y en la que murieron en batallas, cunetas, fusilamientos, juicios sumarísimos y venganzas, ay la venganza, cientos de miles de ciudadanos; miles de ellos, de uno u otro bando, no llegaron a saber jamás la causa. Desde entonces y hasta hoy llevo la friolera de setenta y siete años escuchando peste de rojos y nacionales, según quién hable, claro.

Todavía, aunque cada día son menos, quedan nostálgicos de la dictadura y de aquella República, la segunda, pues la primera duró menos de dos años.

En la II República hubo alternancia en el poder. En primer lugar ganaron las izquierdas, después lo hicieron las derechas con Lerroux cambiándose de chaqueta, algo así como Rosa Díez, y, finalmente, el llamado Frente Popular se hizo con la moqueta del poder cuando el anarquismo, traicionándose el solito, votó, algo que un buen anarquista no debe hacer jamás.

Poco a poco, ya saben, la “cosa” fue a peor y, ¡toma castaña!, llegó el “salvador por la gracia de Dios, de alemanes, italianos, moros y españoles”. A mí, seguro que igual que a usted, no me importaría pertenecer a una República como la alemana, francesa, italiana, canadiense, estadounidense, etc., pero resulta que por aquí, por España quiero decir, el sector más radical de las izquierdas se ha apoderado del concepto republicano, y éste parece negado a la derecha; pues no es así, puñeta.

Y que conste que, si soy algo, soy anarquista; vamos, que allá ustedes.
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