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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Guerra y periodismo

Piotr Nikolski
Redacción
jueves, 3 de agosto de 2006, 21:02 h (CET)
Como cualquier otra guerra, la actual en Oriente Proximo, no evoca lo mejor en el alma de quienes pelean, quienes siguen de cerca las peripecias de la guerra por la televisión, ni de los comentaristas. Pero, al mismo tiempo, entre los periodistas no predomina el encargo político. Ni mucho menos. La postura rusa oficial es bastante objetiva y no se diferencia en absoluto de la política que mantienen al respecto los países europeos. Sin embargo, un periodismo trasnochado de la propaganda soviética se percibe en algunos comentarios sobre el tema mesoriental. Es curioso señalar que, según datos de los sondeos sociológicos, el ciudadano ruso enfoca los acontecimientos mesorientales desde un punto de vista más sopesado que algunos de los comentaristas.

La objetividad demuestra que el pueblo libanés pasó a ser rehén en la guerra ajena que se libra entre Israel e Hezbolá. Esa guerra acusa cierto parecido con la trágica situación en Budénnovsk en 1995, cuando los terroristas de Basáev asaltaron un hospital y tomaron cientos de rehenes. Entonces los terroristas chechenos se parapetaban tras las espaldas de las mujeres embarazadas, la mayoría de las cuales nada tenían que ver con Chechenia. En aquel entonces la opinión pública apoyaba a las autoridades que, salvando a los rehenes pusieron en libertad a los terroristas. Más tarde, tuvieron que pagar con “Nord-Ost”, con explosiones de casas multipiso en Moscú y, por último, con la tragedia de Beslán, sin parangón en la historia moderna. Hoy, el ciudadano ruso, ya experimentado, tiene otra visión de los acontecimientos en Budénnovsk. En su lucha contra el terrorismo Rusia ya aplica métodos distintos.

No hace falta justificar a Israel. En aras de la objetividad basta con comprenderlo. La tragedia en Budénnovsk se diferencia de la tragedia en el Líbano sólo por la envergadura de la operación en que se vio obligado a participar el ejército. Ninguna unidad de tarea será capaz de enfrentarse al terrorismo dotado de excelentes pertrechos de guerra, entre ellos instalaciones lanzamisiles móviles, terrorismo que, además, pasó a ser parte del sistema político del Estado vecino. La capital de Chechenia, Grozny, fue reducida a ruinas no porque lo querían así los rusos, sino porque las fuerzas federales se enfrentaban a un enemigo excelentemente armado, cruel, cínico y hábil.
Y, además, enemigo que dominaba a perfección los metodos de guerra psicológica. Hoy en Oriente Próximo se observa lo mismo. Primero: provocación; segundo, huida a espaldas de mujeres y niños, y tercero, desafío de los telecomentaristas.

Es posible que tenga razón quien reclama un alto el fuego inmediato en Oriente Próximo, como la tenían quienes no daban la orden a las tropas especiales de asaltar el hospital en Budénnovsk. Es posible. Pero entonces esos hombres buenos tendrían que asumir la responsabilidad por todos los futuros crímenes de Hezbolá. Sin embargo, el problema es que ellos no cargan con responsabilidad alguna. Lo mismo que Yeltsin jamás asumirá responsabilidad por Beslán, los actuales pacificadores y críticos de Israel no responderán por las futuras víctimas de Hezbolá. En cambio, el actual Gobierno israelí responderá mañana por cada error suyo de hoy. En ello estriba la diferencia. Pero esa diferencia es abismal. Unos se ven obligados a elegir entre dos males; otros, ya no tienen problemas, no responden por nada y están dispuestos a aleccionar al mundo entero.

De veras, son lamentables las víctimas civiles. Lo más horrible de la situación es su carácter desesperante y que no se le vea la salida. En un futuro previsible, lamentablemente, el conflicto sólo puede tener una solución paliativa, es decir, provisional e indeseable.

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Piotr Nikolski, para RIA Novosti.


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