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Etiquetas:   UE   Turquía   -   Sección:   Internacional

El otoño turco

Erdogan trata de unir islamismo, nacionalismo y europeismo con su entrada en la UE
Germán Gorráiz López
@ggorraiz
viernes, 7 de junio de 2013, 10:19 h (CET)
Hasta ahora Turquía ha vivido polarizada entre un nacionalismo laico, propio de los sectores urbanos más desarrollados, y un islamismo tradicional, en el que se ha refugiado la población rural más desfavorecida con el afán de refundar la parte moderna del país. En este sentido, Erdogan, nuevo “padre de la patria” (Atatürk), trata de unir islamismo, nacionalismo y europeismo con su entrada en la UE.

El Partido de la Justicia y el Desarrollo, a menudo denominado en Turquía Ak Parti”, ya que sus seguidores emplean el vocablo en turco Ak, (que significa blanco, limpio, o intachable) para identificar a su partido; es una formación conservadora moderada, de tendencia demócrata-musulmán, a la imagen y semejanza de los partidos demócrata-cristianos europeos, a pesar de que es miembro observador del PPE desde 2005.

De esta forma, en lo que se refiere al proceso de integración en la Unión Europea, el primer ministro turco Erdogan ha impulsado múltiples medidas reformistas encaminadas especialmente a colocar el estado turco en sintonía con los parámetros que le impone la UE para acoger a Turquía como un estado de pleno derecho dentro de la Unión. 

La abolición de la pena de muerte y el paulatino progreso en el respeto de los derechos de la población de los Kurdos en el este del país son reformas que sirvieron para que la Comisión Europea aconsejara iniciar el proceso de negociaciones para el ingreso de Turquía en la UE, ya que a juicio de la OCDE la apertura de negociaciones dinamizaría la economía turca y daría impulso a la inversión extranjera debido a que el territorio otomano posee actualmente el mayor índice de crecimiento de la comunidad europea. 

Sin embargo las discusiones de adhesión, que se iniciaron en octubre de 2005, están prácticamente estancadas y algunos países del bloque, como Francia y Alemania, se oponen a darle a Turquía el estatuto de miembro de pleno derecho y prefieren la perspectiva de una asociación, puesto que el fondo de la cuestión de la oposición franco-alemana es el temor a la pérdida de poder político, pues con el nuevo Tratado de Lisboa la población pasará a ser un elemento determinante para medir la importancia de cada país en la UE.

La gran conquista de Alemania en el nuevo tratado, (el reconocimiento a su mayor peso tras la reunificación), se desvanecería a la luz de la bomba demográfica que representa Turquía, pues en la Unión Europea vivirían en la actualidad más de 3,7 millones de turcos, (cifra que corresponde casi a la población de Irlanda) y se calcula que en el momento de la adhesión definitiva la población musulmana aumentaría del 5% actual a cerca del 20% de la población total. El segundo impedimento para los turcos con vistas a la adhesión es el diferencial de renta per cápita con respecto a la UE, (renta per cápita de 19.000 doláres que sería la mitad de la media la comunidad europea), por lo que existe el temor de que el nuevo socio acapare la mayor parte de los fondos europeos.


Obama, valedor de Erdogan
Sin embargo, dicha política podría volverse en contra de la Unión Europea porque los procesos de adhesión han funcionado como un instrumento democratizador y reformista del continente y en caso de cerrarse el proceso de ampliación, sin Turquía, se corre el riesgo de que los valores democráticos que la UE ha exportado hacia los países de la la extinta URSS, sean reemplazados por los ideales expansionistas de la Nueva Gran Rusia . 

De esta forma, se alteraría notablemente el escenario geopolítico europeo para la próxima década, por lo que el presidente estadounidense Barack Obama apoyó en Praga la candidatura de Turquía a la Unión Europea (UE), al decir que "avanzar hacia la adhesión de Turquía a la UE sería una señal importante de nuestro compromiso con esta agenda y de que seguimos amarrando Turquía a Europa".

Sin embargo, las relaciones turco-estadounidenses se vieron afectadas en los últimos años por la oposición de Ankara a la intervención de EEUU en Irak, a pesar de que Obama evitó una crisis en la OTAN al conseguir que Turquía aprobase el nombramiento del primer ministro danés Rasmussen como nuevo secretario general de la Alianza Atlántica. En la actualidad, Turquía sería para Obama el paradigma de país islamista moderado y demócrata que desearía exportar al resto de países del Oriente Próximo, por lo que Erdogan contaría con el apoyo incondicional de Obama al convertirse Turquía en elemento de referencia en el laberinto geopolítico de Oriente Próximo.

Pulso laicisimo-islamismo
La revuelta de la plaza de Taksim se habría convertido en el epicentro del pulso soterrado entre los seculares (liderados por el Partido Popular Republicano (CHP) el Ejército (TSK) y los islamistas moderados, encabezados por el AKP y que ya ha sido bautizado como “ el otoño turco”. De esta manera. Erdogan proseguiría con su taimada estrategia de implementar el Estado Erdoganista, (socavando los pilares del Estado Secular que en 1923 implantó el Padre de la Turquía Moderna, Mustafa Kemal) y que se plasmarían en pinceladas como la implantación de la enseñanza del Corán en la escuela Primaria, restricciones a la libertad de expresión en forma de encarcelación de periodistas opositores o la polémica restricción de venta de alcohol. Hay que recordar que Mustafá Kemal creía que “el secularismo y la europeización de Turquía eran los medios más aptos para transformar su país en una nación industrial moderna”, pero el kemalismo dejó como herencia una crisis de identidad en la sociedad turca, europeizada pero no integrada en las instituciones europeas y musulmana pero extraña al mundo islámico.

Pulso Erdogan-TSK
El Ejército turco (TSK) desempeña un importante papel político en la sombra, puesto que se consideran los guardianes de la naturaleza secular y unitaria de la República siguiendo los postulados kemalistas y los partidos políticos juzgados como anti-seculares o separatistas por el Poder Judicial Turco (a instancias del estamento militarl), pueden ser declarados ilegales.
Ya en vísperas de la elección de Abdullah Gül como Presidente de Turquía (agosto del 2007), las Fuerzas Armadas afirmaron que "interviendrán decisivamente en la defensa del laicismo ante los esfuerzos de determinados círculos de socavar los valores fundamentales de la república que han aumentado claramente en tiempos recientes", advertencia próxima a la retórica del Golpe Militar de 1980 y que podría extrapolarse a la situación política actual.

En los últimos años, Erdogan ha asestado varios golpes a la cúpula militar turca, del que sería paradigma la decisión de Erdogan de relegar de su cargo a tres oficiales de alto rango acusados de formar parte de la trama “Ergenekon”, una agrupación ultra-nacionalista compuesta por militares y activistas de marcado carácter laicista, pero también por segmentos de la esfera política, mediática, intelectual y educativa del país, cuyo supuesto cometido habría sido deponer al actual ejecutivo islamista moderado de Erdogan.

¿Hacia el Golpe virtual?
El mandato de Erdogan como primer ministro finiquita en el 2015 sin posibilidad de reelección,por lo que es previsible que abandone el puesto de Primer Ministro para competir por la presidencia en las elecciones presidenciales de Septiembre, cargo meramente simbólico pero que podría asumir poderes ejecutivos si prospera la reforma constitucional que el propio Erdogan propone con el objetivo inequívoco de implantar la nueva República Islámica de Turquía en el horizonte del 2016.

Ante esta situación y sin el paraguas protector de la UE (al posponer “sine die” la incorporación de Turquía miembro de pleno de derecho de la UE) y con los antecedentes del polémico caso Ergenekon, en el que numerosas personas, incluyendo funcionarios y miembros del ejército han sido condenados por planear varios asesinatos y atentados selectivos con el objetivo de instigar un golpe de estado contra el gobierno del AKP), no sería descartable que el ejército turco (TSK) (con el visto bueno de la Casa Blanca), protagonice un nuevo golpe “virtual” o “posmoderno”que acabaría con el mandato del Primer Ministro Erdogan, (rememorando el ‘golpe blando’ de 1997, cuando los generales kemalistas arrebataron el poder al Gobierno del presidente Necmettin Erbakanpor, quien lideraba una coalición islamista), surgiendo posteriormente un sistema político fracturado que producirá una serie de coaliciones de gobierno inestables en el parlamento turco.
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