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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Humanismo regresivo

Persiste la imagen demacrada en amplios sectores sometidos todavía a fuertes hambrunas
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 7 de junio de 2013, 07:03 h (CET)
El mismo concepto de humanismo es muy cuestionado en los ámbitos populistas actuales; sobre todo, por el carácter inaprensible de sus elementos constituyentes. Los afectos, intuiciones, pensamientos, emociones y percepciones, disponen de sus mundos propios, circulan por vías que no llegamos a entrever, aunque también transitamos por ellas. El siguiente paso suele consistir en el DESDÉN manifiesto hacia esas cualidades; como no las dominamos, procedemos a dejarlas de lado e incluso a negarlas. Un reflejo fehaciente lo observamos en la progresiva desaparición de dichos contenidos en los planes de enseñanza, en los cuales promueven la sustitución por estadísticas y datos numéricos. Tampoco les favorecen las actitudes pretenciosas, iluministas, de quienes proclaman su conocimiento a fondo de las realidades inefables.

Hace poco trajeron a Vitoria un auténtico emblema del pensamiento humano, la famosa estatua de un hombre que parece estar pensando; en la exposición ambulante sobre Auguste Rodin, “El pensador”, era la estrella de mayor realce. Por el título y por la actitud de la figura, la cavilación es la actitud plasmada en la obra.Toda una ALEGORÍA de una de las funciones superiores del hombre. Pero no crean, los ambientes modernos dan para muchas otras interpretaciones.

Quizá recuerden la anécdota del alumno que contestó que era el monumento dedicado al dolor de cabeza; debió de pensar, que la pesadez de la cabeza no podía deberse a otra causa. También llaman la atención los diversos comentarios sobre las esculturas de Rodin, por su tamaño, peso y dificultades del transporte de las piezas. Escasean los comentarios vertidos en relación con las diferentes cualidades humanas reflejadas en la obra. Tampoco detecté mayores argumentos ilustrativos por parte de la crítica. ¿Desinterés? ¿Desconocimiento? Es frecuente, en las exposiciones organizadas, sí que acudió gente; por el revuelo o por las inquietudes, eso está por analizar.

Primo Levi puso énfasis en la figura del hombre contemporáneo SIN PENSAMIENTO, en cuya cara y en cuyos ojos no puede uno encontrar ni una huella del acto de pensar. El describía esa figura como la de un hombre demacrado, con la cabeza inclinada y la espalda encorvada; siempre desde su cercanía a los campos de concentración y los desdichados “musulmanes” deshumanizados. Es evidente que el dibujo actual ofrecerá diferencias.

Por desgracia, persiste la imagen demacrada en amplios sectores sometidos todavía a fuertes hambrunas, si bien en los ambientes occidentales la proporción de gente obesa es elevada. La desnutrición es un factor determinante de cara a la escasez de pensamiento. ¿La obesidad cómo influye? Lo de la cabeza gacha y la espalda doblada perdió fuerza; no es una imagen habitual de cara al exterior fatuo y presuntuoso, será de ver como andan las cosas por los INTERIORES. Sigue en pie lo de la escasez de huellas de pensamientos consistentes. Y con esa ausencia desaparecen las posiciones críticas razonadas. ¿Excusas por la exigente situación general?.

Los pormenores de la convivencia, en los momentos menos oportunos están atascados; empañan con pesimismo las miradas hacia el futuro. La cultura acumula sin pausa los más diversos logros y las velocidades de transmisión de conocimientos son de superconductores. Pero, otra vez olvidamos lo fundamental; los estudios, los esquemas y las teorías, no son el hombre. “¿Qué individuo ha coincidido jamás con su esquema?” (M. Stirner). En la personalidad de un sujeto influyen los más variados componentes, procedentes desde el exterior y desde lo más íntimo.

El AISLAMIENTO es un imposible, por lo que asombra la constatación diaria de sus forzadas acciones en las relaciones sociales. A su vera, adquieren resonancia las interrogaciones talmúdicas. Si yo no respondo de mí, ¿Quién responderá de mí? Pero si sólo respondo de mí, ¿Aún soy yo? Las motivaciones, la responsabilidad anhelada y el respeto por todos los seres vivos, derivan muy estrechamente de las consideraciones anteriores. Sin ellas, o llevandoles la contraria, la abulia aplastante, las actuaciones irresponsables o los abusos escandalosos, imponen su rango. Todo un calco del desmadre cotidiano en activo.

El descentramiento lo comprobamos con facilidad. En una supuesta difusión multitudinaria de la cultura, preguntemos por cualquier conepto de fuste a gentes con diferentes grados de formación o a uno mismo, ¿Porqué no? O mucho me equivoco, o las respuestas flaquearán estrepitosamente. La VORÁGINE de los ambiente crispados y acelerados mostrará entonces toda su capacidad de anulación personal. Aprendemos casi todo, o lo simulamos, pero hemos desdeñado las bases del sentido de la vida, del ensamblaje de cada persona con el universo y con las demás personas, del carácter irrepetible de cada ser humano; así como dejamos aparcados los planteamientos racionales de ideales orientativos. No parece que dispongamos de tiempo ni de ganas para entrar en la valoración de las principales cuestiones que nos incumben. Nos arrastra la corriente en la que colaboramos de manera necia.

A diario observamos el progresivo intento encaminado a la dilución de las personas en la complejidad de las ENTIDADES públicas, de los grandes emporios económicos, o de los grupos escudados en perfiles ideológicos. De nada vale preguntarnos por el valor del grupo, si no lo constituyen personas íntegras y consistentes. La seducción sibilina procura la atracción de afiliados acérrimos, firmas, cuotas o votos; pero no se ve por ninguna parte la intención de sumar las diferentes formas de pensar, para una elaboración final participada.

Las presiones y las ataduras predominan sobre los posibles entusiasmos colaboradores; sin duda, por que priva el afán de dominio y no el bien de todos. La INSATISFACCIÓN viaja en la realidad de la sociedad. Jamás serán la manipulación ni los engaños quienes conduzcan a la dicha de cada núcleo personal, a los que menosprecia. Las muchas leyes o proclamas no incrementan la autoridad y el respeto. Nada podrán si no revertimos la tendencia hacia un horizonte de mayor sinceridad, enraizado en la cualidades humanas. Algo así, como el nuevo invento de los Derechos Humanos, tan degradados por la práctica del progreso ambiental en curso.

El orgullo y la prepotencia erosionan la condición humana, restringen las potencialidades intrínsecas de las personas. ¿A cambio de qué? De una pretendida sabiduría racional engreída, que elude el tratamiento con las cualidades que no están sometidas al imperio de la razón. De tanto abrumar con la razón, ni razonamos bien, perdemos las perspectivas; utilizamos a la razón como un factor excluyente. Una razón cabal, bien puesta en su sitio, debería asumir que no es la única riqueza de la Humanidad. Cuando olvida otras formas de conocimiento y las diferentes sensibilidades de las personas, pasa a ser una RAZÓN MONSTRUOSA, deformante y aniquiladora. Tampoco podemos prescindir de la razón, si no hilvanamos las ideas, los disparates dispondrán del protagonismo. La degradación sobreviene con las exclusivas. El retroceso pivota sobre un trípode; la indiferencia de una mayoría estúpida, los intereses bastardos y las dificultades inherentes a la existencia en sí.
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