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La luz del malecón se apaga

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 3 de agosto de 2006, 21:02 h (CET)
El final de este caluroso Julio nos traía la noticia de la enfermedad de Fidel Castro. El mundo entero se enteraba por medio de un comunicado firmado por el mandatario cubano a las seis de la tarde P.M. del día 31 de Julio que las vicisitudes y el estrés de su último viaje a Argentina le habían producido una crisis intestinal con derrames de sangre. Su última aparición pública había tenido lugar el día 26 del pasado mes en los actos conmemorativos del asalto al cuartel de Moncada. Después de 47 años en el poder la “lucecita” del malecón cubano parece que comienza a extinguirse. Inmediatamente las calles de Miami comenzaron a llenarse de coches llenos de cubanos del exilio que con banderas de su país comenzaban a celebrar el comienzo de la desaparición del viejo líder cubano.

Inmediatamente vinieron a mi mente las imágenes ya lejanas de un noviembre de 1975 cuando otro anciano dictador comenzaba a agonizar rodeado de médicos y enchufado a infinidad de cables que intentaron, afortunadamente sin éxito, alargar su vida. Como entonces hicimos muchos de nosotros ahora miles de cubanos estarán haciendo acopio de bebidas para celebrar el día en que Castro, igual que Franco, desaparezca de la escena. Aquí el 20-N los taponazos del cava al destapar las botellas fueran nuestra explosión de alegría, en tierras caribeñas me imagino que celebraran con buen ron el óbito de Fidel, que, después de más de seiscientos atentados según la versión oficial, finalmente morirá en la cama.

En este caso los cubanos no van a poder seguir día a día la evolución de la enfermedad de Castro como aquí hacíamos cada noche escuchando aquellos partes médicos habituales que nos familiarizaron con términos médicos hasta entonces desconocidos como aquellas “heces en forma de melena” que atormentaban al viejo dictador gallego. A las veinticuatro horas del primer parte la televisión cubana dio lectura a otro escrito de Fidel en el que decía encontrarse estable pero que a partir de esa fecha su salud pasaba a ser secreto de estado para que su eterno enemigo yanqui no sacara partido de la situación. Sus palabras fueron “Yo no puedo inventar noticias buenas porque no sería ético, y si las noticias son malas, el único que va a sacar provecho es el enemigo”. Estas palabras indican que su situación no es la más óptima. Al mismo tiempo y para que Cuba pueda seguir funcionando ha delegado provisionalmente todos sus cargos. Los principales en su hermano Raúl Castro y el resto en colaboradores del Buró Político. Así mismo ha solicitado de los cubanos todo el apoyo para la Cumbre de Países No Alineados que tendrá lugar en Cuba a mediados de Septiembre y ha pospuesto la celebración de su ochenta cumpleaños que tenía que celebrarse el 13 de este mes al próximo 4 de Diciembre, fecha conmemorativa del 50 aniversario del desembarco del Granma en la playa de Las Coloradas. Todo esto hace pensar que su salud más que estable es precaria.

Pero los festejos de los exiliados de Miami quizás tengan que esperar un cierto tiempo. El hombre que ahora ha tomado el timón de la Revolución, Raúl Castro, ha sido desde los tiempos del asalto al cuartel de Moncada la persona que desde la sombra ha manejado las riendas de la revolución cubana. Callado, se le conocen muy pocas entrevistas y apariciones en prensa, ha sabido rodearse de excelentes colaboradores a los que ha ido formando para que llegado el momento puedan ser el relevo de los viejos dirigentes que lucharon contra Batista en Sierra Maestra y que un primero de Enero de 1959 entraron triunfantes en La Habana. Quizás en Cuba, después de Fidel, todo siga “atado y bien atado” y los nuevos dirigentes del Partido Comunista Cubano abran la mano, recordemos que fue Raúl Castro quien, en contra de los ortodoxos, estableció la autogestión en algunos sectores de la economía cubana y quien autorizó a los campesinos la venta de sus productos. Tal vez es hora que en Cuba se produzca una transición hacia la democracia, se autoricen los partidos políticos y un régimen de libertades que haga la vida más fácil a los cubanos. Sin olvidar los logros de la Revolución que consiguió erradicar el analfabetismo y unas asistencias sociales, pese al embargo americano, excepcionales para niños y ancianos. El pueblo de Cuba lo merece.

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