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La verdad de Gurpegui
Antonio Álvarez Rodrigo
Hay situaciones en las que discernir la verdad de la mentira es tan difícil como terminar un gran sudoku. A mi esto me sucede cada vez que me enfrento al caso del presunto dopaje de Carlos Gurpuegui. Cada capítulo que sucede me produce un estupor sin igual.
Lo que sí parece claro es que a este jugador vasco le están amargando la mejor época de su vida: la de futbolista. Lo que tenía que ser unos años de felicidad y disfrute por estar jugando en la Primera División del fútbol español, se está convirtiendo en una pesadilla que no tiene fin.
Gurpegui parece un chico sincero y discreto. Tiene el aspecto y el comportamiento de un chaval que no ha roto un plato en su vida. Sin embargo, está pagando los platos que han roto otros que le rodean. Frente al sosegado y resignado Gurpegui está su presidente, Fernando Lamikiz.
El máximo mandatario rojiblanco cayó en la bajeza de culpar a todo el mundo. Acusó a todos los estamentos deportivos e incluso a la administración pública de estar persiguiendo a Carlos Gurpegui. Lamikiz no es un presidente digno del Athletic de Bilbao. Un señor club, que cuenta con una gran historia no puede estar dirigido por un personaje que en un calentón acusa a diestro y siniestro de querer lo peor para Gurpegui.
No sé donde está la verdad. En lo más profundo de mí quiero pensar que Gurpegui tomó algo de manera inconsciente, que fue engañado y utilizado como un ratón de laboratorio. De lo que estoy seguro es que las pruebas de dopaje son demasiado eficaces como para dudar de ellas.
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