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Etiquetas:   Ni éstos ni aquéllos  

El chocolate, el loro y otros desfalcos

Juan Pablo Mañueco
Juan Pablo Mañueco
jueves, 3 de agosto de 2006, 21:03 h (CET)
A RAÍZ DE UN VIAJE privado en avión público y de unas vacaciones de aquella misma índole en palacio de este mismo género, se han disparado algunas alarmas, entre las que yo no voy a ulular. Porque ese chocolate lleva estando muy espeso, desde hace muchos gobiernos, y los bienes que patrimonializa el Estado (o sea, los estadistas), pero que paga la Nación (es decir, usted y yo: nada que ver con aquéllos pájaros) son múltiples, innumerables y cruzan la frontera de todos los Gobiernos, acompañantes, prebendas y excesos.

Tampoco hablaré de los verdaderos desfalcos de los bienes públicos que patrimonializan los mismos de antes, porque cada concesión, licitación, concurso, subasta, carretera, servicio, plan parcial, PAU, POM, POT y demás botes diversos, ocupan muchos más kilómetros que el término municipal de Marbella. Aunque sólo trinquen a estos pardillos que querían arramblar privadamente con lo público, pero por libre: es decir, sin arrimarse a una buena mafia partidaria, que es lo que otorga impunidad invulnerable.

Concretamente, tales desfalcos inviolables, se extienden por cada milímetro de costa española o de casco urbano que se precie. Y por cada hectárea del campo restante, hasta conformar el universo todo del "solar patrio".

No. No ululo alarmantemente por todo ello. Porque sé que es condición indispensable de todo verticalismo (Régimen donde deciden unos cuantos: unipartidariamente o desde diversos partidos). Para ello están montados y tal cosa se persigue desde su diseño.

Escribo más bien hoy sobre el loro de los sueldos, dietas, gastos de representación y otros muchos etcéteras de "nuestros" políticos, cargos de confianza y paniaguados diversos de todos y cada uno de los niveles diversos. Que es otro pastón continuo, en el que nunca pensamos.

Y digo que, también, a este loro hay que acallarlo. Y que a ver si de una vez a alguien se lo ocurre poner una casilla en nuestro impreso de declaración de la Renta, para que decidamos el importe de la subida salarial que queremos ofertar anualmente a nuestros empleados públicos: los políticos y los asalariados.

Con una medida así, ya podríamos sentirnos verdaderamente progresistas durante una temporada.

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