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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Candidato sin querer

Victoria Lafora
Redacción
jueves, 3 de agosto de 2006, 15:10 h (CET)
La guerra de Israel contra Hezbolá, que tiene al Líbano como escenario y martirio de sus ciudadanos, ha impedido la reunión prevista entre Zapatero y Javier Solana para ofrecerle la candidatura a la Alcaldía de Madrid.

Pese a la gravedad de la situación es todo un síntoma que Solana no haya encontrado un momento para desplazarse a Madrid y escuchar la oferta que, según fuentes socialistas, le quiere hacer el presidente. Así como hace tres años, cuando se barajó su nombre en las anteriores elecciones municipales, el político europeo aseguró estar disponible, ahora todo parece indicar que si lo acepta será por disciplina de partido.

Solana lleva demasiado tiempo en Bruselas, alejado de la política nacional y no digamos de la municipal, donde hizo sus pinitos cuando era una joven promesa del socialismo español que recuperaba la calle tras la dictadura. Su prestigio internacional lo ha ganado a base de trabajo, noches sin dormir, viajes extenuantes, diplomacia y habilidad, pero ese no es el equipaje más idóneo para competir con Alberto Ruiz-Gallardón. Seguramente Solana ya ha planificado cerrar su carrera profesional en la diplomacia internacional tras la decisión de Zapatero de elegir a Trinidad Jiménez como candidata y la oferta actual llega tarde.

Pretenden los socialistas crear un tándem en el que se ofrezca a los electores la juventud de Simancas (que ya ha perdido unas elecciones y eso marca) y el prestigio de Solana. Pero, para que ese cartel funcione, los candidatos no deben actuar por disciplina, sino por entusiasmo. Simancas, al que Zapatero ha mantenido contra viento y marea, tiene la desventaja de que los madrileños no olvidan el escándalo de la fuga de los dos diputados socialistas tránsfugas que dio el Gobierno a Esperanza Aguirre. Solana tiene que querer.

Un caso similar es el que ocurre con el actual ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, al que quieren enviar de candidato a su tierra Canarias. Aguilar no quiere ni oír hablar de tal posibilidad y asegura que le queda mucho por hacer en su Ministerio. Mientras tanto, la Dirección socialista sigue con ciertas listas abiertas a la espera de la capacidad de "convicción" de Zapatero. Es un error político poner de cabeza de lista a alguien a quien hay que "convencer".

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