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Etiquetas:   Literatura por entregas   -   Sección:   Libros

El Principado de la Fortuna/Capítulo IX

Quai d’Orsay, 23 de abril de 2012
Carlos Ortiz de Zárate
miércoles, 5 de junio de 2013, 08:47 h (CET)
El Principado de la Fortuna/Capítulo VIII

Los remordimientos de Sophie

Sarkozy perdió ayer las elecciones, con 27,18% de los votos, frente al 28,63% de Hollande. Para mí, la suerte está echada y el Partido Socialista ganará la presidencia el próximo 6 de mayo. El afectado no debe pensar lo mismo y calienta motores. Por suerte, los esfuerzos se concentran en las políticas nacionales y yo gozo de tranquilidad. No pueden decir lo mismo algunos de los colegas, porque el ministro de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, para muchos el vicepresidente en la sombra, se ha volcado en la campaña electoral y pilla todo lo que puede para desmontar, la que él considera “conspiración mediática” contra la candidatura conservadora.

No entro en los movilizables, aunque tengo que escuchar, pacientemente, los amargos lamentos de éstos. Casi me lo conozco todo, puesto que se han chupado el grueso de la campaña; el ministro y alcalde de Burdeos se lanzó al ruedo desde finales de enero, en el meeting de Niza que inició, extraoficialmente, la campaña. El 26, en “Des Paroles et des Actes”, de France 2, defendió del programa de Sarkozy frente a Hollande. Grave error, porque las encuestas de Sofres anunciaron como ganador a su adversario, 56%; también se pronunciaron en el mismo sentido “Le Monde” y “Libération” y los medios próximos al partido del gobierno evitaron pronunciarse; se limitaron a anunciar que sul candidato daría la réplica el siguiente domingo.

Todo me hacía pensar, a principios de abril, que el peso caería sobre mí, especialmente el 6, cuando, al mismo tiempo que el MNLA proclamaba la independencia de Azawad, Amnistía Internacional denunciaba que el territorio estaba “al borde de un desastre humanitario”, que los alimentos y medicamentos almacenados por las ONG habían sido saqueados y que las situaciones más dramáticas se encontraban en Gao, Kidal y Tombuctú.

Supimos que los islamistas radicales dominaban, al menos, en las dos últimas ciudades y que el MNLA se desentendió del rapto, en Gao, del cónsul de Argelia y de las 6 personas que le acompañaban en la sede diplomática, en el momento de la agresión.

Finalmente, en la misma fecha, “Libération” publicó una entrevista a Amadou Haya Sanogo, el cabecilla de los golpistas. Este justificaba su acción ante la incapacidad del presidente depuesto, Amadou Toumani Touré, para mantener el orden en Mali. Me inquieté mucho con la siguiente declaración del entrevistado ante la proclamación de independencia de Azawad: "Si las grandes potencias han sido capaces de atravesar los océanos para luchar contra esas estructuras integristas en Afganistán, ¿qué les impide venir aquí?". Para él, el MNLA es tan culpable en la introducción del terrorismo como lo son sus socios del islamismo radical. Alain Juppé, que ha jugado un papel tan activo en la caída de Gadafi y que para muchos ha sido el verdadero detonante de los dramas de Mali, se ha apresurado a descartar una intervención militar en la crisis abierta por los tuaregs.

También me repercuten las presiones de la empresa pública francesa AREVA, que se encarga del procesamiento y distribución del uranio extraído en Airlit, yacimiento, explotado a cielo abierto, en el norte de Níger. Se trata de un territorio habitado, asimismo, por tuaregs. Estas minas alimentan las centrales y la producción de armas nucleares francesas. De hecho, las condiciones de explotación, con gran impacto en el medioambiente y en las poblaciones, alimentaron las revueltas tuaregs de los 90 y del 2007.

Los argumentos de los tuaregs de Níger tienen razones muy similares a las esgrimidas por los de Mali y especialmente la discriminación que sufren por los estados a los que la descolonización francesa les ha integrado.

La riqueza del subsuelo de los territorios ocupados por los tuaregs es ya inmensa; en uranio, en oro y en petróleo y hay unanimidad en reconocer que el auténtico potencial de ésta está por descubrir. Así ocurre con el petróleo de Azawad, en la cuenca de Toudeni, que comparte con Argelia y Mauritania.

Felizmente, el eurodiputado Verde François Alfonsi, del partido de la Nación Corsa, está llevando la voz del MNLA al Parlamento europeo, a la Asamblea Parlamentaria Paritaria África, Caribe, Pacífico (ACP) y a la Asamblea Parlamentaria de la UE para el Mediterráneo y el Magreb. En 2009 fundó Friendship Amazigh, grupo dedicado a la defensa de los derechos bereberes, que considera el « marcador del funcionamiento democrático de los territorios de la región.

En el Pleno del pasado 17, respondió, con toda su artillería argumental, a la intervención de la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidenta de la Comisión Europea, Catherine Ashton. El 20, el Parlamento europeo votó por amplia mayoría que descartaba las soluciones militares al conflicto y optaba por encontrar vías de negociación.

Mi gran suerte ha sido que Mediapart tiene un documento que acredita que, a finales de 2006, Gadafi dispuso 50 millones de euros para ayudar en la campaña de Sarkozy en las presidenciales de 2007. El documento está firmado por Moussa Koussa, entonces jefe de Inteligencia de Libia y desde 2009 hasta que pidiera, infructuosamente, asilo político en Reino Unido, en marzo de 2011, ministro de Asuntos Exteriores . Todos los esfuerzos se centran en impedir que una prueba tan comprometedora salga a la luz. Para mí que todo es inútil. Me consta que « Libération » está decidido a publicarlo y que lo hará pronto, pese a las presiones.

No me puedo quejar y la resplandeciente sonrisa del gran jefe me vale como recompensa. Sé relame, ante el apoyo que está recibiendo «su informe», que estoy segura no era sino el que le entregué, quizá apoyado por las emociones que le transmitió el nuevo ligue de Yves.

Más bien el de entonces, porque mi jefe se ha decidido a honrar a su anfitrión. Se trae unos rollos que, estoy segura, siquiera los comprende él mismo. Pretende que es una simple cuestión de protocolo, no tiene nada que ver con la promiscuidad y na, na, na. No he logrado sacar nada más en claro. Es un estrecho. Cantará, estoy segura de que lo hará. Le doy tregua, porque concentro mis fuerzas en sonsacarle la información que se resiste a aportarme sobre la bella Johanna. Su argumento es que está muy liado para descubrirlo. No le falta razón, no. Está muy ocupado en la preparación, con Ahmed, de la participación de éste en la próxima reunión de los representantes de las tribus tuaregs.

No me pasan información alguna sobre este tema, puesto que, nos consta, hay pinchazos en nuestras comunicaciones. Por mi parte, me limito a transmitir lo que ya es público o no tardará en serlo.

No me puedo reprimir. Llamo a mi jefe.

Por el tono ya comprendo mis escasas posibilidades. Digo lo primero que se me ocurre.

-Te echo en falta…

-¿Es una declaración?.

-En absoluto. Sabes que tengo pareja…

-¡El tonto del culo ese…!.

-¿Estás celoso? Me tiene muy a gusto, cuando llego, encuentro todo como los chorros de oro y una suculenta cena. Si no ha tenido tiempo de prepararla antes de mi llegada, me invita en un restaurante.

-Una joya.

-Un apaño. Nunca he creído en el Paraíso...

-Le considerabas un coñazo…

-Quizá lo era o estaba equivocada… ¿Qué pasa con Johanna?.

-¿Cómo quieres que lo sepa si no he tenido tiempo de meterme con el resto de documentos? Lo haré, aprovechando el viaje de Ahmed.

-¿No le has preguntado si le consta en sus archivos que sus antepasados liberaran a Johanna?.

- Lo he hecho, pero, a priori, no le consta, tendríamos que revisarlos a fondo. No está el horno para bollos….

Nada, no le he sacado nada. Ahmed se irá mañana, Yves no alargará mucho la espera de la historia de los Sevilla. Realmente me intriga la bella Johanna. Ahmed jura y perjura no haber leído unos documentos que estimaba pertenecían a los Sevilla. Por muy extraña que me parezca esta discreción, tiendo a creer su versión. Es tan puro como un niño, sin prejuicio de sus capacidades de intrigante.

En este momento es él quien lo tiene más crudo. No comprendo muy bien lo que tiene que tratar con Yves, pensaba que estaba ya suficientemente clara nuestra posición. No podemos avanzar mucho más cuando desconocemos las posiciones que tomará Hollande. Ellos tienen tan claro como yo que Sarkozy perderá las elecciones.

Me asusta mucho más la deriva de Azawad, no tanto por la excelente organización del MNLA, sino por las informaciones que están transmitiendo sus socios. El gran jefe es tajante en la cuestión: tenemos que alejar a los últimos, por todos los medios a nuestro alcance, pero, Francia no debe ser percibida. Insiste en que para él, Yves, sencillamente, no está allí. Sabemos que si las cosas se complicaran nos dejaría con el culo al aire. ¡Cuánto me arrepiento de haber participado en el juego para embarcarnos en esta aventura! No era cuestión de vacaciones, sino de vencer las reticencias de Yves para aceptar la invitación de Ahmed. Necesitábamos su presencia para dejar constancia del acercamiento de Francia a los tuaregs. Yves no corría peligro alguno, puesto que el palacete de Ahmed está bien protegido y en territorio mauritano.

Obviamente, Ahmed no estaba al corriente de la maniobra. No me parecía oportuno informarle. El legado que se disponía transmitir a su legítimo dueño era ya suficiente. Lo que yo no había previsto es la naturaleza, prácticamente angelical, de estos dos hombres. Ambos creen, firmemente, en la causa tuareg y están adentrándose en terrenos peligrosos. La Francia de Sarkozy o la de Hollande no comparten sus adhesiones. Les basta con rescates de rehenes y con la expulsión de los que estorban para la explotación de un suelo tan rico.

Estoy muy seriamente preocupada. No me cuentan todo ¿Por qué tanto misterio en la preparación de la reunión de Ahmed con los jefes de tribu tuaregs? Siquiera he podido sonsacarles quiénes están invitados, los de Mali o los de todos los territorios de la zona. El lugar y los objetivos también forman parte del secreto.

Estoy aterrada; sufro atroces presentimientos. El gran jefe, quien me convenciera con tan sólidos argumentos para que participara en el juego, no me sirve de gran ayuda. No sabe o no contesta. Se limita a insistir que, a su conocimiento, Yves no está allí.

No sé, realmente, lo que puedo hacer. ¿Quién ha pinchado nuestras comunicaciones y cuándo lograremos blindarlas?. No tengo respuestas y lo único que puedo hacer es recurrir a la santa paciencia.

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