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Reformas políticas

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 2 de agosto de 2006, 23:47 h (CET)
La reforma de los Estatutos de autonomía a la que se han lanzado con entusiasmo digno de mejor causa los partidos políticos, cuando los ciudadanos no echábamos en falta tales reformas, pone de manifiesto que lo que realmente se busca no es el bien común sino el disfrute del poder, cuanto más grande mejor, y si es posible sin alternancia. Si para satisfacer estos deseos se descoyunta el Estado y la solidaridad nacional queda sin contenido, no es cosa que por el momento les preocupe. ¡Ya cambiaremos el régimen, ya lo estamos cambiando! Cada región se considera más histórica que las demás aunque haya de recurrir a nebulosas leyendas celtas como la de Breogan, la batalla de Padura, los agravios infligidos a Cataluña por Felipe V, el califato de Córdoba o las hazañas de Viriato. Trasnochados nacionalismos que tratan de vestir con extraños disfraces el ansia infinita de poder de los partidos o más exactamente de sus cúpulas dirigentes.

España necesita reformas, sin duda alguna, pues de no hacerlas, nuestra democracia será, otra vez, un bello sueño que se desvanece en la zaragata de impresentables provincianismos. Estamos asistiendo a un movimiento centrífugo en el que nuestro viejo país puede resultar balcanizado.

Una reforma necesaria es la de nuestro sistema electoral. No existe relación alguna entre electores y elegidos. No conocemos siquiera los nombres de los diputados que representan a nuestra provincia. Hagan la prueba y lo comprobarán. Nuestra democracia representativa no es más que una votación cada cuatro años para elegir a unos partidos y no a unas personas y estos partidos administran luego sus resultados a espaldas de los electores mediante pactos y componendas que no fueron anunciadas de antemano.

Votamos a partidos, digo, y no a personas ya que las listas son cerradas y bloqueadas y los muñidores de estas listas son los que forman la cúpula de cada partido y éstos exigen ante todo ciega obediencia. Si levantas la voz te puedes quedar fuera de la próxima lista. Por lo visto es duro dejar un cargo político, especialmente si esa persona no tiene una profesión en la que poder ganarse la vida. La aprobación de una especie de indemnización cuando termina una legislatura, votada favorablemente hace unos días por todos los partidos, es una auténtica vergüenza, al menos en mi opinión.

Hasta ahora sabemos cuantos electores votaron a cada partido, sería necesario saber el número de los que eligieron a cada candidato, su peso político real como representante, lo que exige un procedimiento distinto de votación. Establecer una relación de confianza entre electores y elegidos mediante un conocimiento lo más amplio posible de los candidatos es también una tarea pendiente. Que no se nos diga que cualquiera puede enterarse. Sus biografías muchas veces son unas cuantas líneas hinchadas. El representante al que votemos debe ser alguien cercano, conocido, a quien se pueda abordar y preguntar. Alguien a quien se pueda pedir cuentas de lo que hizo con nuestro voto. A la elección siguiente puede que ya no esté en la lista o que esté y no podamos tacharlo aunque nos gustaría hacerlo. No es posible. Unos poderosos inapelables confeccionan las listas y el lugar de cada uno para salir o para completar. El elector volverá a picar el anzuelo de su simpatía partidista o decidirá quedarse en casa y dejar de votar. El sistema tenderá a perpetuarse y los políticos defenderán su poder con todos los medios de que puedan disponer.

Esta reforma electoral no es fácil que la asuman los partidos, mermaría su poder. Sólo las Cortes franquistas fueron capaces de votar una ley de reforma política que los dejaba fuera de juego. No obstante hay que ir creando conciencia de la necesidad de una reforma electoral que sanee nuestra democracia. Ha nacido una Coordinadora Estatal para la Reforma de la Ley Electoral en España (www.cerle.org ) que está elaborando atrevidas propuestas que merece la pena conocer. Pienso que esta Coordinadora está abierta a todas las sugerencias que personas preocupadas por el problema quieran hacerle.

Es inútil que nos pasemos la vida quejándonos de las cosas que nos disgustan en lugar de aportar nuestro pequeño grano de arena para cambiarlas. Hagámoslo.

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