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Etiquetas:   Pensatientos de un hombre o medio   -   Sección:   Opinión

El camino

Sandra García

miércoles, 2 de agosto de 2006, 23:47 h (CET)
Yo siempre he sido muy religioso. Pero, ojo, católico, no se confundan, que religiones hay muchas y muy variadas. Porque la gente en nombre de la religión se engancha a cada secta que… y acaba creyendo cosas como que Dios sólo hay uno, grande y libre…un momento, este eslogan no es de aquí., ¿o sí? Da igual, el caso es que las religiones fraudulentas, como yo las llamo, hablan de temas tan ridículos como el “mesías”, o sea el que nos iba a salvar a todos (ya ves), o sea un tipo que mataron porque era demasiado bueno (ya ves), que nació del vientre de una que no conocía barón ni sabía que estaba embarazada, (ya ves), y que para más coña al tercer día resucitó (ya ves), y ahora está sentado a la derecha del padre, (¿del padre de quién?), pero…¿quién se va a creer esto, por favor?...Un momento…ejem…me dicen que esto está en la Biblia. ¡Bueno, vale! ¿Les he dicho que era católico, pero no muy practicante

Al menos antes, porque el caso es que de un tiempo a esta parte me he reconvertido .Y gracias a la religión he conseguido encontrar “el camino”. Un día me dije: “se acabó ya esta vida, a partir de ahora empezarás de cero”. Fue una decisión propia, meditada, en nada tuvo que ver el hecho de que perdiera las dos piernas por aquél accidente de coche en el que iba como una cuba con aquella fulana. No. Aquello simplemente me enseñó “el camino”. Dios me envió una señal. Aunque no dejo de pensar que si quería decirme algo podía haber sido un poco más sutil. No sé, una palmadita en la espalda o algo así. Pero en fin, los caminos de Dios son inescrutables (aunque desconozco el significado de esta palabra, la verdad) Y mi familia también ha cambiado. Sobre todo a mi mujer, que esa misma noche tenía las maletas preparadas y una nota de despedida que decía: “ Me voy con el frutero. A partir de ahora que te aguante tu madre”. Sin embargo se quedó a mi lado o más bien detrás, es decir tirando de la silla de ruedas. Y por mucho que digan algunos no fue por lástima. Aunque la verdad es que dejó de hablar. No me explico bien por qué. Seguramente necesitaba una prueba más para en encontrar “el camino”.

Por eso nos hicimos de una congregación religiosa cristiana marista católica apostólica romana papista y algo más que ahora no recuerdo bien. Y nos fuimos toda la familia a ver al Papa. Fue muy divertido. Con nuestras mochilas, las camisetas del Papa, los banderines… todo gratis. Bueno, menos el viaje, la estancia, la comida… es que por sólo el diezmo de tu sueldo tampoco se puede pedir más. ¡Como disfrutamos: cantando, esperando a su santidad horas y horas bajo un sol abrasador.! Familias enteras, familias como Dios manda. Como la nuestra. Hasta mi hija, mi Yoli, parecía disfrutar, después de ese pequeño percance que tuvo al quedarse preñada de aquél indeseable. Afortunadamente tomé cartas en el asunto e hice lo que cualquier padre de ley haría: abortó. Por eso me alegré mucho cuando desapareció a media tarde con ese seminarista que no hacía más que mirarla durante todo el viaje, religiosamente hablando, claro. Aquí somos todos personas de Dios. Seguramente él le enseñará “el camino”. O mi chavalín. Mi Fede. Recuerdo que cuando llegó el apa recibió una llamada por teléfono de uno de sus amigos, esos “perdidos”, diciéndole que estaban de botellón en el concierto de “Estopa”. Yo le dije: “Mira, Fede, el Papa nos está saludando. Agita tu banderín.” Y entonces Fede lloró, de ilusión, claro. Mi mujer también se lo pasó de lo lindo para arriba y para abajo tirando de mi silla de ruedas mientras seguíamos a Su Santidad que iba confortablemente en su papamóvil. Aunque la verdad es que tampoco habló mucho.

El clímax de la jornada fue cuando el Papa dio aquél discurso tan bonito que hablaba de las familias, de Dios, de las familias, de lo malos que son los homosexuales, de las familias, de lo malo que es el gobierno español, sí, el que pagaba los gastos de todo, que apoya a los homosexuales, de las familias, de lo malo que es el gobierno español, sí, el que se ha gastado una porrá de millones, que está en contra de la religión, de las familias, del uso del preservativo, de las familias, la procreación y la abstinencia…en definitiva, de las familia. ¡Qué homilía tan bonita.! Y qué razón tiene el Papa. Yo esto de la abstinencia lo sigo a rajatabla: primero porque ya no quiero procrear más y segundo, porque aquella fulana me pegó una enfermedad que me dejó impotente. Ah, bueno y porque lo dice la iglesia, claro.

Y después otra vez para arriba y para abajo detrás del Papamóvil. A mi mujer le sangraban las ampollas de los pies. Mi hija había desaparecido definitivamente y mi hijo tiró el móvil a la papelera harto de recibir fotos de sus amigos en el concierto. Yo era feliz. Una monja se le acercó a mi mujer sonriendo y haciendo referencia a sus pies dijo: “Muy bien hija mía. Esa sangre es el espíritu y el esfuerzo del peregrino” Mi mujer rompió el silencio de meses para contestarle: “Pues no veo yo que el Papa sangre”. Si hubiera tenido piernas la hubiera dado una patada bien fuerte, donde ella sabe como las que le daba antes. Pero me contuve, claro, primero porque no las tenía y segundo porque ya encontré “el camino”. Y en el fondo incluso me alegré de que volviera a hablar.

Porque desde entonces no ha dejado de hacerlo. Parece que en ese viaje vio la luz. Y al volver me dijo: “He aprendido la lección. A partir de ahora voy a ser tan religiosa como tú”. Y lo ha hecho. Incluso se ha apuntado a unas ayudas nocturnas para gente sin hogar. Y se pasa las noches fuera colaborando con la iglesia. Llega al amanecer sonriendo. ¿No es increíble? Por eso me molesta la portera cuando me malmete diciendo que llega siempre oliendo a Varon Dandy y con fruta en la mano a esas horas tan tempranas. ¡Qué mala es la gente! Aunque lo de la fruta es verdad. ¡Pero lo del olor…! Bueno, la verdad que yo desde que me quitaron el tabique nasal debido a mi adicción a la cocaína como que no tengo mucho olfato. Aún así, que la gente es muy malpensada y le da envidia los que como yo, o como mi mujer, hemos encontrado “el camino”. Pues que se fastidien.

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