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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El separatismo golpea una vez más, ante un Rajoy impasible

“Ante el miedo e inseguridad de un enemigo poderoso, sólo aparentemente, podemos sobreponernos y superar nuestro propio miedo e inseguridad”, Gúnter Wallraff
Miguel Massanet
lunes, 3 de junio de 2013, 08:44 h (CET)
No he de negar que, en algunas circunstancias o ante determinados problemas, el hecho de saber mantener la sangre fría, mostrarse firme y permanecer inalterable, puede resultar conveniente y, si me apuran, saludable; no obstante, el excederse en esto que bien podríamos definir como “tancredismo”, el permanecer impasible mientras el adversario te hincha el rostro a bofetadas y el ir cediendo, retrocediendo y humillándote para que aquel que te está ofendiendo no se irrite más, aparte de denotar cobardía, no hace más que darle confianza a quien te ataca e infundirle deseos de aprovecharse de la situación ventajosa en la que está con la intención de explotar al máximo tu debilidad para sacar partido de su temeridad y arrojo. En esta postura parece estar instalado nuestro presidente, don Mariano Rajoy, que da la impresión de que, ante las bravatas, las acometidas, los desafíos, el incumplimiento de las sentencias y de las leyes nacionales de los secesionistas catalanes, encabezados por el señor Mas, no es capaz de adoptar una actitud firme a favor del cumplimiento de las leyes y poner en funcionamiento las medidas que la Constitución de 1978 le otorga para poner freno a aquellos que han decidido independizarse de España, después haber sacado todo el provecho posible de sus chantajes con los que han amenazado a España y su gobierno.

No soy, precisamente, monárquico, pero mucho menos me considero de izquierdas ni separatista, por lo que el hecho de que, a unos representante de la Familia Real, concretamente al príncipe Felipe y a la princesa Leticia, en lo que ha venido siendo el centro de la burguesía catalana, el teatro del Liceo, se les faltara al respeto silbándoles e insultándoles sólo por ser los representantes de la máxima institución del Estado, que no olvidemos está definido como una “Monarquía Parlamentaria”, olvidándose de la proverbial cortesía catalana; aparte de ser una falta de educación imperdonable, demuestra hasta qué punto el furor nacionalista ha calado, no sólo en las clases trabajadores o campesinas sino en la propia clase privilegiada, que se supone es la que mayor presencia tienen en el magnífico teatro catalán. Soy de derechas y desearía que, como en Francia o Alemania, nuestra máxima institución fuera una presidencia de la nación republicana. Sin embargo, no todo vale ni la democracia así lo permite. Si algún día debemos tener una república, deberá ser porque la mayoría de los españoles y no sólo los extremistas de izquierdas o los nacionalistas excluyentes así lo hayan decidido por medios legales y consenso mayoritario.

Entre tanto, la Monarquía, sigue siendo la institución que escogieron libremente los españoles y la que ostenta la máxima representación de España en las relaciones internacionales. Se puede hacer política, se puede escribir en contra y hasta se puede criticar abiertamente algunos defectos, en ocasiones graves, de esta institución; pero nunca ofenderla o minusvalorarla porque, nos guste o no, es la forma de gobierno que está recogida en nuestra Constitución y, como ocurre con los símbolos nacionales, tales como la bandera, o con nuestro idioma, el castellano, todos aquellos que los insultan o desprecian están cometiendo, a la vez, una falta de respeto y un ataque contra todos los españoles que nos sentimos representados por ellos. No es de recibo que se permita, sin que se produzca una reacción oficial contundente, que se menosprecie una vez más, en Catalunya, a la Monarquía; tanto da que sea en el Liceo o en un estadio. El simple hecho que la familia real sean abucheada, escarnecida o silbada sin que se produzca una reacción proporcionada al delito nos da muestra de hasta que punto de cobardía e insensatez hemos llegado en esta nación.

La autoridad, en estos casos, debiera de proceder a clausurar aquellos estadios, teatros o cualquiera otro lugar en el que se cometieran semejantes desafuero; de modo que, quienes permitieran tales manifestaciones, las instigaren o se complacieran en ellas, supieran que no les saldría gratis y que quien la hace la paga. Todo ello con independencia de identificar a sus cabecillas y hacer caer sobre ellos todo el peso de la Ley. Por el contrario la política del Gobierno parece no ser ésta, prefieren hacerse el despistado aparentando que no se enteran o que no le dan importancia. Pues, siento tener que decírselo, aunque sé que sólo soy un ciudadano de a pie, pero usted, señor Rajoy y todo su gobierno, están equivocados si se creen que el sentimiento catalanista es minoritario; que cediendo y negociando con el Gobern, dándoles lo que piden, untándolos con subvenciones o regalándoles apoyos que no se comparten con las otras autonomías, van a variar este sentimiento catalanista que, desde hace años, tanto los gobiernos socialistas como los del PP, han ido consintiendo; dando lugar a que el cáncer del independentismo entrara en metástasis. Puede que ya sea tarde para remediarlo.

La permisividad en la inmersión del catalán sin que se respectaran los derechos de aquellos españoles que deseaban hablar y que sus hijos hablaran en castellano; el incumplimiento de las sentencias de los tribunales, incluidos el TS y el TC, en cuanto a la obligación de respetar los derechos de los padres, establecidos en la Constitución; el trato discriminatorio en las escuelas públicas catalanas de aquellos que desean ser escolarizados en castellano; las campañas y las multas aplicadas a los que rotularan en castellano y las repetidas ocasiones en que, el señor Mas o el propio Parlamento catalán, han dicho, expresamente, que van a ignorar las leyes españolas y van a seguir con el desafío a España y a su Constitución, organizando una consulta sobre lo que ellos llaman “el derecho a decidir”, aunque todos sabemos que se refieren a “derecho” a independizarse de España pese a que, el resto de los españoles, opine lo contrario.

Parece que don Mariano no valora en su justa dimensión, el tema catalán. Un problema que va adquiriendo mayor virulencia a medida que los políticos independentistas se aperciben de que, cada paso que dan en dirección a su objetivo no recibe la apropiada respuesta del Estado, a pesar de los medios de que dispone para cortar de raíz tales utopías. Error tras error, se sigue claudicando ante los sucesivos desafíos del catalanismo como si, con palabras altisonantes, que tanto usan, tanto el propio Rajoy como la Vicepresidente, señora Saenz de Santa María, que tanto se escucha a sí misma cuando habla, se evitara lo que es evidente para todos los españoles y que, sin embargo, da ala sensación de que no cala en la mente de nuestros gobernantes: ¡es preciso actuar ya! Hay que concluir con este inmovilismo suicida del Gobierno, respondiendo con la Ley y los medios precisos ante el desafío independentista catalán.

Por primera vez hemos podido percibir claros signos de división en el seno del PP. En la reunión del señor Rajoy con la CC.AA gobernadas por el PP, ha quedado evidenciado que hay dos sensibilidades en cuanto a la filosofía del Ejecutivo decidido a premiar con mayor flexibilidad en su déficit a aquellas comunidades que no cumplieron con su déficit y, sin embargo, obligando aquellas que se esforzaron en cumplirlo y lo consiguieron, a cumplir con un tope inferior. Por muchas vueltas que se le pueda dar al tema, la posición del señor Rajoy y sus adláteres de intentar imponer un sistema asimétrico favorable a Catalunya, en un momento en el que sus amenazas de secesionismo se van haciendo más insistentes, no puede interpretarse más que como una claudicación del gobierno español ante el chantaje de Mas y sus acólitos. O así es, señores, como lo veo yo.

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