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Etiquetas:   Tiempos modernos   -   Sección:   Opinión

Lujo y arrebato

Mar Berenguer
Redacción
martes, 1 de agosto de 2006, 23:09 h (CET)
Marbella tuvo una época dorada cuando se convirtió en reserva natural de la mítica jet-set; eran los tiempos de Gunilla, el Rey Fadh, Sean Connery y todos sus accesorios de esencial lujo setentero.

Posteriormente, la ciudad devino en un Gil que le hablaba a su caballo desde un jacuzzi lleno de “jamonas”. Marbella se convirtió entonces en una caricatura de si misma y nido de nuevos ricos, con sus rubias de bote siliconadas, sus mansiones de cartón piedra imitando a las fetén y, en general, con su sintomatología de quiero y no puedo. La Marbella de los últimos años, ha sido como una vieja gloria terminal, que se niega a apearse las plumas y las lentejuelas.

Pero Gil se había instalado en el ayuntamiento con un entramado de amiguetes, que poco a poco han hecho de la localidad el último reducto zarista. Más allá de la patente horterada, el verdadero peligro para Marbella han sido los pelagatos alucinados que en su día llegaron sin dos dedos de frente, con los bolsillos vacíos y demasiadas pretensiones. Fueron literalmente, “a por todas”, a cumplir el sueño americano: “de camarero a alcalde”. El tiempo, sólo a veces, pone a todo el mundo en su sitio y hoy, el tal ex alcalde, vuelve a ejercer de camarero en su nuevo medio natural: la cárcel.

Marbella es hoy tierra de nadie, salvo del consistorio de emergencia que Madrid ha tenido que organizar para mantener a flote los deplorables frutos de una oligarquía de maleantes que se iban turnando desde la delincuencia a base de mociones de censura y/o pequeños golpes de Estado. Las peleas del ayuntamiento de Marbella, siempre tuvieron otros pretextos ajenos a la política que todos sospechábamos. Las constantes amenazas de “a que tiro de la manta…” De mano de quienes cavaron su propia fosa, destaparon lo evidente, así como las broncas televisadas – gran labor ciudadana, la de Salsa Rosa, estoy a punto de revocar mi “Manifiesto Antitelebasura”- y mucho nervio a flor de piel. Mucho chorizo mononeuronal. Pero también mucha pereza por parte de la Justicia para comenzar la “Operación Malaya” que a día de hoy, dicen que se convertirá en una trilogía, como las de “Torrente” o “El Padrino” (¡Nunca mejor dicho!) aunque posiblemente se prolongue como un culebrón sudamericano.

Pero la imagen siniestra de aquel Zoo disecado entre palmeras de plástico, el Miró en la bañera, casas ostentosas de pésimo gusto y las historias de bolsas de dinero que van y vienen, más propias de cuatreros del Western que de personas medianamente civilizadas, definitivamente, han desbordado nuestra imaginación. Y todo este surrealismo adquisitivo, a modo de extraño homenaje a jeques desaparecidos o huidos ante lo vulgar que se volvió la ciudad que un día fue su Sancta Sanctorum es, además de la prueba del robo del siglo, una gran infamia para un país y, en especial, para los ciudadanos respetables - que también los hay - de un ayuntamiento arruinado que, a día de hoy, no tiene ni para cambiar una bombilla en el aula de la escuela.

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