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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

La memoria como pedrada

Antonio Casado
Redacción
martes, 1 de agosto de 2006, 09:02 h (CET)
No es obligatorio aceptar como palabra divina la del historiador Santos Juliá, padre espiritual del reciente anteproyecto de ley sobre la llamada "memoria histórica". Sostiene Juliá que la capacidad de recordar o recrear el pasado -en este caso, la Guerra Civil y la Dictadura-, en sus hechos propiamente dichos o en sus representaciones, es un instrumento de transformación social.

La tesis es discutible en el aquí y ahora de un país políticamente crispado, aunque la crispación sea un tanto forzada, pero menos aceptable es utilizar la "memoria histórica" como pedrada. Eso es lo que están haciendo los dirigentes del PP, al convertir el mencionado proyecto del Gobierno en un arma arrojadiza contra el adversario. Y ello a pesar de los esfuerzos de Moncloa por echar agua al vino y haber permitido que lo asistencial e indemnizatorio hayan desplazado a lo político en el texto.

Si se trata es de tener la fiesta en paz, la doctrina aplicada por el Gobierno a esta futura norma es impecable. Así como ha tenido a bien ocuparse de equiparar a homosexuales y dependientes, por ejemplo, con el resto de los ciudadanos, en el disfrute de todos los derechos, ahora se dispone a hacer exactamente lo mismo con las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista. ¿Qué tiene eso de malo en términos de gestión de lo público?. Es el espíritu del anteproyecto: ampliar y extender derechos para que nadie, ni los perjudicados al paso de un determinado lance histórico, se vea discriminado en la aplicación del principio de igualdad ante la ley.

El texto ha venido a desmentir a quienes venían endosando a Rodríguez Zapatero una especie de mórbido empeño en ajustar cuentas con los asesinos de su abuelo y reabrir heridas de la guerra civil.

El desenlace de tan estrepitoso debate nada tiene que ver con ese supuesto revanchismo que, a modo de ataque preventivo, le venían atribuyendo los dirigentes del PP un día sí y otro también.

A pesar de todo, los dirigentes del PP han seguido acusando al Gobierno de querer dinamitar la Transición, de "reavivar la hostilidad de unos contra otros" o de, en palabras de Eduardo Zaplana, portavoz del PP en el Congreso, "tensar, crispar y reabrir un debate que todos nos habíamos comprometido a olvidar cuando los españoles aprobaron la Constitución de 1978".

Ahora el problema lo va a tener Zapatero con sus compañeros de viaje en esta aventura de la llamada "memoria histórica", que para unos es instrumento de transformación, para mejor, claro, y para otros, una ocasión de mantener vivo el superficial debate político que nos ahoga. Una vez más, puede volverse a dar el caso de que, a la hora de la tramitación parlamentaria de este texto, el PP y ERC acaben votando juntos contra el Gobierno, como ya ocurriese con el Estatuto de Autonomía de Cataluña.

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