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Opinión
Etiquetas:   Política   Reflexión   Puigdemont  

¿Se largará Torra con Puigdemont si empeora el tema separatista?

“El odio es la venganza de un cobarde intimidado” George Bernard Shaw
Miguel Massanet
jueves, 3 de octubre de 2019, 10:37 h (CET)

Bien, señores, puede que estemos ante el último round de este nuevo intento de poner a los catalanes contra el resto de españoles; pugilato independentista que tuvo su primer episodio con el exabrupto del señor Artur Mas, fruto de la necesidad de revalorizarse y reivindicarse ante unos votantes que no respondieron a sus expectativas electorales, en aquellas elecciones municipales del 2012 en las que su partido perdió 12 escaños cuando tenía previsto dar un gran salto cuantitativo que lo pusiera al frente de la política catalana. En un arrebato de despecho, herido en su amor propio y sin calcular los efectos de su exacerbado nacionalismo y con el apoyo de Oriol Junqueras, de ERC, desafió al Estado español firmando, el 19 de diciembre de 2012, un Acord per a la transició nacional (o Pacte per la Llibertat) por el que se comprometían a convocar una consulta para que el «pueblo de Cataluña» pueda decidir si quería constituirse en un «nuevo Estado en Europa». Seguramente allí fue donde, el gobierno de turno, se equivocó en no cortar, por lo sano y sin más contemplaciones, aquella primera llamarada del independentismo catalán.

Lo cierto es que hemos entrado en lo que pudiera justamente calificarse como una especie de totum revolutum de la política española, en el que varios partidos (demasiados a nuestro juicio) al que se les añadirá el del señor Errejón, han decidido sacarse las vergüenzas los unos a los otros en una campaña en la que podemos predecir que valdrá todo para descalificar al adversario y en la que los que salen con ventaja, los socialistas, no van a desaprovechar ninguna de las ventajas de seguir mandando desde su situación de “gobierno en funciones” ( a la señora Celaá, de la que ya hablamos en otro comentario, la Junta Nacional Electoral ya le ha tenido que llamarle la atención para que no use sus comparecencias para informar de los acuerdos del Consejo de Ministros, para dar opiniones personales que puedan servir de propaganda a su partido el PSOE).

Es cierto que, el narcisismo del señor Albert Rivera, parece que le ha impedido hacer caso de las ofertas del señor Casado de participar juntos, en algunas localidades en las que hubieran salido beneficiados, en la aplicación de la ley D´Hont, en cuanto a los escaños conseguidos; algo que, con toda seguridad, no les va a suceder presentándose por separado. Si nos fijamos en el PP es evidente que, Pablo Casado, ha sabido rectificar a tiempo y se puede decir que ha sido capaz de recuperar la confianza de los electores del PP, y esperamos que, muchos de los que se fueron a otros partidos disgustados por la política blanda que ejercitaba Rajoy con los separatistas catalanes, ahora tengan ocasión de meditar y retornar al redil de los populares. Casado ha sabido mantenerse en su lugar, sin estridencias y dejando que el PSOE, Ciudadanos y Podemos se desgastaran en polémicas inútiles de las que está por ver las consecuencias electorales que los puedan afectar en cuanto, no sólo al número de votos que cada una de dichas formaciones pudieran recoger, sino a otro factor que, en esta ocasión, puede ser determinante: el absentismo que, el descrédito acumulado por los políticos durante los últimos tiempos, pudiera llegar a que una parte importante de la ciudadanía decida castigar a quienes votaban con anterioridad, absteniéndose de acudir a las urnas.

Es evidente que, el cambio de orientación que Pedro Sánchez le ha dado al PSOE desde su fallida investidura respecto, no solamente a Podemos, sino en relación a aquella luna de miel que mantenía con los líderes del independentismo catalán que, al parecer, ha terminado con una separación que, a día de hoy, parece muy difícil de arreglar aunque, como es sabido, es muy difícil pronosticar lo que, en definitiva, vaya a hacer esta especie de camaleón político que es el líder de los socialistas. Y aquí estamos ante uno de los factores que han influido en este enrabietamiento que les ha cogido a los independentistas, que confiaban en la investidura de Sánchez para tener más oportunidades de conseguir ventajas (como las que vienen consiguiendo los del PNV, mercadeando en cada ocasión en la que sus votos pueden ser decisivos)de un PSOE cuya franquicia el PSC, liderado por el señor ICETA, les hubiera garantizado ir avanzando hasta un momento en el que su sueño dorado, la independencia, se les hubiera puesto a tiro.

Ahora el panorama ha cambiado. Sánchez ha decidido que sus coqueteos con la izquierda de Podemos y sus amoríos con los soberanistas catalanes no le han servido para nada más que para retrasar una serie de meses el conseguir formar un gobierno y, entre tanto, se les ha ido a hacer puñetas las posibilidades para confeccionar unos nuevos PGE para el año próximo, lo que supone tener que volver a prorrogar los del señor Montoro, que no permiten llevar a término (creo que por suerte para nuestro país) muchos de los gastos públicos, para satisfacer a aquellos a los que prometió ventajas para cuando ellos ascendieran al poder. El señor Torra, el Empecinado, parece que ha entrado en un proceso de desesperación viendo cómo, poco a poco, aquellos en los que venía confiando para su revolución en contra del Estado, se le van rajando como se ha visto en esta descafeinada manifestación del 1 de Octubre, que ha dejado en ridículo a quienes confiaban que, con una asistencia masiva, sería un serio aviso para el Estado español. Apenas 18.000 manifestantes, según la Guardia Urbana de Barcelona, no se puede considerar más que como un verdadero fracaso, si se tiene en cuenta que apenas llegan al 10% de la gente que acudió a dicho evento el pasado año.

Este último cartucho (descontando la bala de “la dimisión” que le quedará en la recámara) es el que le queda al señor Torra y a su jefe inmediato el “bon vivant” señor Puigdemont, alojado en su palacete belga de Waterloo, dándose la gran vida con su grupo de guardaespaldas ( que pagamos entre todos) y sus más fieles seguidores que son los que le ayudan en su tarea de poner hecha unos zorros a España en cada ocasión en la que se le permite hacerlo; algo que, por otra parte, cada vez son más las puertas que se le cierran lo que, con toda seguridad, le debe causar una gran inquietud si piensa que, en lugar de ser un refugiado que les interesa tener a los belgas por sus endémicas antipatías hacia España, se llegara a convertir en un brasa, una carga, un personaje incómodo, rehusado en todo el resto de naciones de la UE al que, además, deberían de seguir aguantando, con sus continuos intentos de mezclar al gobierno belga en sus disparatadas ocurrencias.

¿Han pensado ustedes lo que puede ocurrirle al señor Quim Torra si, la gran boutade que tiene preparada con la intención de levantar al pueblo de Cataluña de sus asientos y convertirlo en un arma arrojadiza en contra del Gobierno español y el Estado que lo respalda?, ¿le fallara o quedara reducida a un cohete con la pólvora mojada? Ha creado a su alrededor demasiados enemigos, la propia policía de los mossos está dividida entre independentistas y otros que no lo son; sus salidas de tono y sus desafíos al Estado y a las leyes por las que nos regimos, lo han indispuesto con aquellos catalanistas que no ven con buenos ojos el impacto económico que ya se empieza a notar en Cataluña, como consecuencia de la inestabilidad política generada, en una parte importante, por esta continuada, persistente y enconada rebelión independentista que impide que, los catalanes, puedan vivir tranquilamente en paz y que, como es evidente, mantiene en ascuas a la mitad de ellos que quieren seguir siendo catalanes y españoles.

Y si, en esta ocasión, el grado de contestación, la furia de los nacionalistas o la rebelión de las muchedumbres adoctrinada por los encargado de sembrar confusión, odio o, incluso, ganas de pelea, encaminados a crear graves problemas de orden en un intento de provocar caos en las ciudades catalanas, llegara al punto que le gustaría al señor Torra, que nadie dude un momento que no va a suceder como en la ocasión del 1.O del 2017, la retirada vergonzosa de nuestras fuerzas del orden a causa de la debilidad de nuestro gobierno. No creemos que, salvo un renuncio de última hora de Sánchez que pudiera abortarlo, en esta ocasión las fuerzas de la guardia Civil, la Policía Nacional y si fuera preciso, el Ejército, permitieran que, una vez más, estos pocos revolucionarios consiguieran humillar al resto de la nación española. Si esto sucediera, deberíamos pensar que los que nos gobiernan no merecen seguir en sus puestos y que, este impeachment que algunos americanos piden para Trump, debería ser poco o nada en cuanto al castigo que debieran recibir los culpables del gobierno que permitiera que algo semejante pudiera suceder en la nación española.

Sí, no nos extrañaría en absoluto el que, don Quim Torra, presidente por elección de los separatistas catalanes de la Generalitat de Cataluña, acabara, si las cosas se le complican y existe la amenaza de que vaya a compartir las celdas que ocupan aquellos que, quizá con menos méritos que él, están aguardando la sentencia del TS, viéndose en peligro de ser detenido, utilizara el mismo método de su predecesor en el cargo, señor Puigdemónt, y despareciera de España para ir a formar parte del staff de este presidente de la república, sin nación ni república a la que gobernar que, no obstante, ha sabido agenciárselas para vivir a cuerpo de rey en su palacete de Waterloo. Claro que esto sucedería si, el CIS y sus informadores, siguieran en Babia como les sucedió en el caso de Puigdemont.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos el convencimiento de que va a haber un antes y un después a que el TS publique la sentencia respecto al juicio de estos políticos catalanes acusados de atentar contra la soberanía y unidad de la nación española. ¿En qué va a cambiar el clima que viene precediendo a este esperado acontecimiento? Pues no lo sabemos, pero no tardaremos en poderlo comprobar in situ. ¡Dios nos ampare!

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