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Israelíes en espera a ser llamados a filas

Mariana Belenkaya
Redacción
lunes, 31 de julio de 2006, 23:54 h (CET)
El encuentro para Oriente Próximo que se desarrolló el miércoles pasado en Roma tuvo un desenlace esperado: a insistencia de EEUU, la declaración adoptada dice que hace falta cesar el fuego no inmediatamente, sino con urgencia. Por lo cual muchos israelíes están esperando ahora que los vuelvan a llamar a filas.

La valoración más adecuada de lo que sucede quizás la dio en Roma el anfitrión de la reunión, el ministro de Exteriores de Italia, Massimo D´Alema. “Quisiéramos que el fuego se hubiera cesado ayer. El problema consiste en que es irreal plantearlo hoy”, dijo él.

En opinión del experto Shmuel Bar, del Centro Interdisciplinario de Herzlia, el progreso político-diplomático no puede conseguirse mientras no esté claro el desenlace de la campaña militar que se lleva a cabo en el Líbano. “Si el encuentro se desarrolla en un contexto en que no se vislumbra el fin del conflicto militar, resulta muy difícil lograr resultados concretos”, manifestó el politólogo israelí a RIA Novosti. “Ni un Estado del mundo va a asumir la responsabilidad por aquello que sucede en la zona del conflicto ni va a mandar allá sus unidades como contingente de la paz, mientras que la situación no se torne más definida en el aspecto militar. Pues en otro caso esos militares se convertirían en rehenes de Hezbolá”, subrayó.

¿Entonces cuándo se aclarará la situación? Por mucho que sueñen los israelíes y los libaneses con el cese del fuego, Tel Aviv no hará parar las operaciones de combate mientras que el Gobierno no presente a los ciudadanos unos resultados concretos de la campaña militar.

¿Y qué entiende Israel bajo el objetivo final de ésta? Casi a diario políticos israelíes hablan de distintos objetivos tácticos planteados: o de echar Hezbolá de la frontera, o de crear ahí una zona tapón o de liquidar por completo las “estructuras del terrorismo” en el Líbano. En esencia se trata de impedir los ataques contra el territorio israelí y reducir al mínimo la influencia de que Hezbolá goza en el Líbano. ¿Pero dónde va a parar el Ejército israelí? Los combates que se libran cerca de varios poblados libaneses ubicados en la frontera no pueden cambiar la correlación de las fuerzas en la región. ¿Se seguirá avanzando hacia Beirut? ¿Y después? ¿Qué acciones se emprenderían después?

El pensamiento mismo de regresar al Líbano les parece ser una pesadilla a los israelíes. Pero es obvio que sin ampliar la operación terrestre, no se le podrá infligir un daño sustancial a Hezbolá. Los israelíes que tienen experiencia combativa hacen pronósticos pesimistas: si se mantiene el ritmo actual, la operación militar puede prolongarse por meses. “El Gobierno de Israel no se atreve a obrar con decisión. Ni el primer ministro ni el ministro de Defensa tienen experiencia de hacer campañas militares. La aviación y la artillería no podrán dar resultados palpables”, dicen ellos. Muchos recuerdan hoy día a Ariel Sharon, quien no temía actuar con brusquedad y hasta en contra de la opinión de la comunidad mundial.

Según militares, la operación se alarga porque el Ejército israelí procura evitar víctimas entre la población civil. Pero el número de éstas aumenta tanto en el Líbano como en Israel, igual que el de bajas entre los soldados israelíes. Mientras tanto, en el mundo árabe crece la admiración por Hezbolá que está resistiendo durante tres semanas ya el empuje de la poderosa máquina militar de Israel, lo que hasta hoy día no ha logrado ningún ejército regular.

Un diplomático israelí con experiencia de trabajo en países árabes, que prefirió mantener el anonimato al conversar con RIA Novosti, calificó como “nebulosa” la actual situación política. Preguntado: ¿Cómo piensan los israelíes liquidar a Hezbolá, si ese movimiento forma parte de la estructura socio-política del Líbano y representa los intereses de una parte considerable de la población del país?, él dijo que Israel toma en cuenta esta circunstancia. “Lo que pretendemos es que el Gobierno del Líbano controle la situación en el país, pero no Hezbolá”, subrayó. Lo exige también la comunidad mundial, pero nadie sabe qué se debe hacer para que la situación no retorne al status quo. Existen dos vías para garantizarlo: a sostener negociaciones con Hezbolá o liquidarlo por completo, pero en esencia tanto lo primero como lo segundo es irrealizable.

Muchos israelíes creen que el Gobierno de veras no tenía otra opción. “Hace mucho ya se debía poner fin a los ataques de Hezbolá”, dice Yair, habitante de un asentamiento judío ubicado en la frontera con el Líbano. “¿Cómo Israel podía permitir que Hezbolá lanzara aunque sea un cohete contra nuestro territorio?”, preguntan unos habitantes del habla rusa de Haifa.

Pero en Israel también hay aquellos que califican de perniciosa la actual operación militar. Entre éstos últimos hay representantes de ciertos movimientos de defensa de los derechos humanos y árabes israelíes.

“EEUU quiere liquidar a Hezbolá por nuestras manos, a los estadounidenses no les duelen las muertes de nuestros jóvenes”, dice Yana Knopova. Junto con su amiga árabe Abir Kopti, ella es activista del nuevo movimiento “Las mujeres contra la guerra”.”¿Para qué librar una guerra que no va a traer paz?, pregunta Yana. Su amiga Abir explica estas palabras del modo siguiente: “Si el Ejército israelí logra liquidar a Hezbolá, en su lugar surgirán nuevos movimientos. ¿Qué diferencia hay si en vez del jeque Nazrallah aparece algún otro?”, dice la adversaria de la guerra.

Mientras que los activistas de los movimientos antibélicos piden parar la guerra, los israelíes, que hace seis años tuvieron que irse del Líbano, están esperando que los vuelvan a llamar a filas. “Sentíamos que íbamos a regresar”, dijo a RIA Novosti David, que junto con sus amigos abandonó el Líbano en 2000 entre los últimos. Si ello sucediese la última vez. Pero de momento no lo pueden prometer ni los militares ni los políticos. Nadie en el mundo sabe cuándo va a terminar la confrontación en la frontera libanesa-israelí ni en qué va a redundar.
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Mariana Belenkaya, RIA Novosti

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