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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Israel

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 30 de julio de 2006, 22:13 h (CET)
Mí Israel me ha jodío por el medio las vacaciones. Estaba yo tan tranquilito, al fresco del Cantábrico, huyendo de “esta intensa ola de calor” que antes llamábamos verano, intentando aislarme del mundanal ruido, procurando olvidarme de cuanto de drama supone habitar este globalizado planeta, cuando de pronto los medios se han empeñado en darme la matraca con los bombardeos del sur de Líbano. Vamos que uno no va a poder dormir la siesta ni en plena canícula de julio por culpa de los cafres del ejército de Israel. De los nervios me han puesto. No, no, conste que yo no niego el derecho de los israelitas a defenderse de las bestias brutas y asilvestradas que por allí pululan, no. Claro que Israel debe impedir que los terroristas asesinen a sus conciudadanos. Lo firmo donde me lo pongan. Y como yo lo firmaría todo el personal con dos dedos de frente.

Lo que a muchos no nos parece ni medio correcto es la brutalidad de sus acciones, que se asemejan a las de sus oponentes, con la desventaja en su caso de que no hay un Estado detrás de ellas, sólo una banda de salvajes asesinos iluminados, que pretenden salvar al mundo entero. Aunque no se deje. A fuerza de misiles Jaibar 1 y cohetes katiushas.

Porque si se quiere luchar contra el terrorismo no se pueden imitar sus métodos, aquí en España tenemos alguna experiencia en eso, claro. No vale eso de “No seas violento que te rajo”. Predicar con el contraejemplo, o sea. Porque habrá que ir dejando claro que Israel es un Estado que usa la violencia para sus propósitos, la violencia contra inocentes, quiero decir, y por lo tanto esa violencia deviene en ilegal ilegítima e improcedente.

No se puede esperar de esa manera la desaparición de la barbarie, antes al contrario se está legitimando, sacralizando incluso, demostrando que tiene razón el más fuerte, el más violento, el más armado. Purita película americana del Bronx en la que el malo arruina la vida de los que están a su alrededor. Quizá por eso, por lo de la peli, los Estados Unidos les apoyan a todo trapo. Sólo que en las películas hollywoodienses la cosa siempre acaba bien para complacer al espectador, y esto es la vida real.

Es una puñetera vida real, en la que la gente vive realmente, ama, sufre, va y viene al trabajo o a la compra de modo real, donde un ejército invasor arrasa las infraestructuras de un país entero, dejándolo sin puentes, sin estaciones, sin comunicaciones, haciendo que su vida retroceda a la edad de piedra, haciendo pagar a inocentes ciudadanos, ajenos por completo al conflicto, un precio desproporcionado, destrozando las casas de quienes nada tienen que ver, arrasando ciudades enteras, a las que el bíblico Dios al que bastaban cinco justos para perdonar ciudades enteras habría perdonado.

Supongo que las autoridades israelíes habrán considerado que siempre, a lo largo de los próximos siglos que queden de Historia, si es que nos quedan, serán superiores militarmente a los países que les rodean, que siempre van a lograr imponer su violencia a la de los demás. Supongo que han decidido que ésa y no otra será la forma de coexistir en las próximas generaciones, que la ida y venida incesante de cohetones y misiles les será eternamente favorable. Porque amigos no parece que estén muy dispuestos a hacer. Al menos conmigo que no cuenten, me han jodido las vacaciones.

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