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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Jeroglífico de signos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 30 de julio de 2006, 22:13 h (CET)
A diario, por todas partes, los signos nos muestran señales o indicios de lo que se está cociendo en nuestro entorno, realidades naturales o artificiales. Conseguirán mostrarnos algo, provocarán equívocos en la manera de interpretarlos, o de forma directa nos inducirán a valoraciones erróneas.

A modo de ilustración, el presidente Zapatero se colocó la bufanda típica de los palestinos -kefiya- en pleno conflicto bélico árabe-israelí. Un signo reciente difundido generosamente. ¿Cómo cabe interpretarlo? ¿Informa de una postura reflexiva del gobernante? ¿Demuestra talante integrador? No perdamos de vista su manifestada, que no manifiesta, voluntad de mediador en el desastre. ¿Nos quiere inducir a equívoco? Con estos gestos podremos apreciar las ingentes posibilidades de un signo sencillo, cábalas, discusiones, y quizá, hasta muestre de forma demasiado evidente la personalidad del protagonista. ¿Frivolidad, mientras se sucede un conflicto incesante? El signo se abre como un abanico.

Los tiempos actuales no son los más propicios para el lenguaje de signos, tanto da una palabra, un gesto o una decoración. Blanchot, Derrida, y más en el plano poético José Ángel Valente, con muchos otros, nos han introducido en una tarea apasionante, despojar a los signos de sus añadidos artificiosos y poco auténticos. Visto así, el signo deja de ser un oráculo inalterable, es un fenómeno que nunca comprenderemos del todo e incluso deja de ofrecernos un contenido formal. Exageremos, ¡No dice nada!

Pudiéramos adherirnos a los signos como PROVOCACIÓN saludable, quizá como estímulo. A partir de esa decisión, la creatividad personal y libre se agranda, como un sendero dirigido al "engendramiento", en palabras de Valente. Por lo tanto, su parte buena, desprenderse del lastre para dejarnos abiertas las mejores posibilidades; y una posible carencia, ¿Dónde apoyaremos nuestras insuficiencias si negamos cualquier significado previo?

Si utilizamos los adjetivos o definiciones con respecto a las personas, se nos van disolviendo con el simple contacto; según lo comentado en el párrafo anterior, tropezamos con la dificultad de poner signos fijos. Ya no hablo de simples calificativos, santo o diablo; buen político, buen padre, hombre cabal, han pasado a engrosar el muestrario de conceptos en la nada. Esos signos se nos desvirtúan por entre las prisas actuales. ¿A quién se puede calibrar con estos epítetos? Ya ni se sueña con ellos, las directrices en funcionamiento no se detienen en pequeñeces, son otros los protagonismos.

No es cuestión de juzgar esta realidad, como tal ejerce su presencia plena. Hay que considerar también otros criterios. Insistiremos en el carácter anacrónico de la colocación en un catálogo de las personas; estas siempre serían algo más que meros signos. Su autenticidad y completud no se abarcan tan fácilmente. Por lo tanto, eso de no poder concretar demasiado las definiciones nos aproxima a la verdad.

Si en esto de los signos, entramos en sus tratamientos públicos a través de los medios, aquí ya podemos encontrarnos de todo, y pocas veces bueno, silencios o manipulaciones interesados; son fáciles de observar. Pasan por expresiones notorias, sin ningún fundamento. Hacen pasar a simples vividores de tres al cuarto por intelectuales, o se limitan a ejercer un poderío, que por evidente, no justificará los despropósitos.

Disfruté con la lectura de un extenso artículo de Julia Uceda, "Fingiendo no ver nada", en el último número de la Revista de Occidente. Refiere alguna de las carencias en la orientación y la tergiversación de quienes pretenden colocarse en unos lideratos inmerecidos. Además, hace hincapié en la necesidad de una reacción ante las tropelías. No se trataría de inventarse nuevos calificativos, sino de que las personas respondieran como tales, con sus inmensas cualidades.

Una confusión habitual equipara a los famosos con moralistas, grandes literatos u otras ramas. Como una expresión más de desvirtuación de los signos y definiciones. El citado artículo refleja situaciones con este talante. Así, ideologías políticas poco éticas, disfrazadas de premio nobel y pontificando; escritores hablando como referente moral, cuando meses después se esconden trás el nombre de tribunal -de un sólo componente, él mismo-. Y todo eso en uno de los grandes de la prensa nacional. El haber escrito una obra literaria se mezcla con una pretensión y unas carencias impresentables. Somos complejos, y esa dificultad pone en evidencia a los signos a los signos demasiado concretos.

Sin embargo, nos movemos entre tendencias equívocas. Pretendemos ser positivistas al máximo, conociendo todo objetivamente y así nos engañamos. Cuando en realidad existen muchos MOVIMIENTOS FANTASMAGÓRICOS entre las bambalinas y los decorados perceptibles. Se nos muestra una foto, una persona o una frase, para encandilarnos; mientras tanto, por detrás circulan los fantasmas, son otras realidades que sólo acertamos a vislumbrar. Los intereses económicos entre las principales, pero las hay ideológicas, religiosas, y en el fondo todas buscan algo similar, el simple poder.

Aparentes sutilezas que circulan entre las señales manifiestas. Provocan al personal con muy poco éxito, en vez de combatir a los fantasmas, la tendencia es más bien la inversa; como si todos pretendieran introducirse entre ellos. Se trata de un jeroglífico con atractivo. Mucho mayor, sin duda, que los esfuerzos personales y trabajosos para comprender los hechos. Estos nos demuestran cada día lo que ocurre con los signos y sus aplicaciones.

Ni con signos, ni sin ellos, los remedios o bondades nunca serán completos. Las reacciones personales sinceras no se distinguen entre el piélago. No obstante, si estamos en un infierno, podremos aplicarnos las palabras de José Luis Pinillos, "La esperanza no se pierde por entrar en el infierno, se entra en el infierno por haber perdido la esperanza".

Habrá que afrontar los signos con una ilusión renovada... por la cuenta que nos alcanza.

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