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Etiquetas:   Columna de opinión   -   Sección:   Opinión

Estancamiento electoral

Carlos Carnicero
Redacción
domingo, 30 de julio de 2006, 11:04 h (CET)
"Los abismos no aumentan la brecha". Esa podría ser la traducción sociológica de la radiografía de intención de voto de los españoles. Las posiciones políticas no pueden estar más radicalmente enfrentadas y, sin embargo, el pelotón de cabeza apenas logra despegar de sus perseguidores. La noticia de esta encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) es que el presidente del Gobierno, aún siendo el líder más valorado por los españoles, no logra la calificación de aprobado.

Son malas noticias para todos. El Gobierno, traspasado el ecuador de su legislatura, no logra remontar una intención de voto que disipe la amenaza de un "empate técnico" si se celebrase el calentamiento político de una campaña electoral. Y la oposición, empecinada en una "guerra total" contra las iniciativas de Gobierno, siendo cierto que no pierde el sólido suelo electoral, no consigue superar en ningún momento el propósito de voto socialista.

Es una fotografía fija, en el más crudo blanco y negro, de un escenario que no ofrece matices suficientes para una rotación de intención de voto, de tal forma que la vida política discurre en dos vías paralelas y contrapuestas en las que no se vislumbra un cambio de agujas que permita el traspaso de votos del universo socialista al conservador y viceversa. El proscenio no ofrece márgenes para una obra de intriga. El presidente del Gobierno, tan satisfecho de sí mismo que encaja los varapalos como victorias, termina por entregar Endesa a los alemanes mientras el eco de sus patrióticas manifestaciones energéticas no se oye por el estruendo que barruntan cada día los seguidores de Martínez Pujalte, a los que ya nadie hace caso en sus desbordados alaridos. La exageración termina por ser insoportable, agotadora y, sobre todo, inútil.

Los hooligans del zapaterismo español han succionado al partido socialista, de tal forma que esa uniformidad es solo el espejo convexo y contrapuesto del militarismo del Partido Popular, en donde el toque de corneta sólo es más agudo que el de José Blanco, pero igualmente conminatorio. Esto refleja la encuesta del CIS: una sociedad militarizada que sigue las llamadas sostenidas de las dos facciones enfrentadas, sin tener la certeza de que las vanguardias de cada bando tengan un horizonte a donde dirigirse.

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